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miércoles, 15 de mayo de 2019

PENSAMIENTO MÍTICO

PENSAMIENTO MÍTICO
En la segunda parte del Siglo XX se observa el avance de un mito con vocación hegemónica, que se consolida en las visiones apocalípticas de finales de ese siglo, relacionados con el fin de la Historia de la Humanidad, por un cataclismo que se produciría en el paso del siglo o un poco después. Es paradójico, que esos anuncios fueron motorizados por un pensamiento que se encontraba disimulado bajo el frenesí de la tecnología informática y la popularización de antiguas religiones de altas culturas humanas, como la Maya. Cuando fue evidente que se había tratado de un engaño generalizado torciendo o arreglando datos de la realidad, para teñir los de veracidad, se pudo observar que tomaba centro en la escena algo que podríamos llamar el problema ovni o de los extraterrestres.
A partir de ese momento todo lo que no tenia, aparentemente, una explicación, desde el movimiento de piedras de varias toneladas y su pulido, hasta las deformaciones de los cráneos de linajes enteros de originarios vino a ser la prueba mas evidente de una presencia extraterrestre in contrastable. Pero la Arqueología y otras ciencias les jugaron una mala pasada y se detuvieron a demostrar la verdad de las construcciones antiguas, con un detalle metodológico adaptado a la época y a los materiales, sin descuidar las deformaciones de cráneos y sus motivos que fue un aporte de la Antropología, junto con otras ciencias, con lo cual se demostró la inconsistencia de los dichos sobre tan cercana relación de las antiguas y altas culturas con esos seres mitológicos extraterrestres. Pero bien puede tratarse de una nueva religión habida cuenta de la separación entre Ciencia y Religión.
Es mas que claro que igualmente la humanidad tendrá problemas con la anunciada extinción masiva de especies y con el cambio climático o con choques de asteroides, pero la mayoría de ellos ocurrirán con un patrocinio bien humano y en relación con los objetos estelares no se tiene una certeza sobre su concreción y sobre los daños que se podrían originar, pero servirán para tomar nota, sobre errores de los dispositivos preparados para esta contingencia.
RESEÑA DE HACIA UNA CRÍTICA DE LA RAZÓN MÍTICA. El laberinto de la modernidad. Materiales para la discusión, por Franz Hinkelammert.
Según Hinkelammert, la “sociedad moderna” no aparece en el siglo XVII ni tiene sus raíces en el Renacimiento, sino que “irrumpe” en medio del Imperio Romano.
Categoria:
Libro
Autor:
Franz Hinkelammert
Editorial:
Editorial Arlequín
Fecha:
2007
Reseña:
1Se habla usualmente de modernidad y secularización como si se tratase de sinónimos, y se tiende a dar la espalda a las complejas relaciones entre los ideales modernos —iluministas, ilustrados— y los anuncios proféticos y esperanzas mesiánicas cargadas de imágenes religiosas. Un ejemplo de este entrelazamiento lo encontramos en las raíces cristianas de nuestras modernas nociones sobre los derechos humanos. Si bien éstos se construyeron como contraposición a determinadas figuras de la Cristiandad, identificables por su parte con el absolutismo y la autocracia, no podemos ignorar sus semejanzas con el universalismo paulino, como sucede con el conocido “ya no importa el ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer” (Gá 3, 28). Tal vez haría falta oponerse a los “terribles simplificadores” que, identificando toda religión con el oscurantismo, pretenden que la modernidad se ha construido sobre una tabula rasa, en lo que respecta a creencias e imágenes, “historias” y “mitos”.
2Un esfuerzo consistente en este frente contra los discursos simplistas y planos es el que encontramos en el último libro de Franz Hinkelammert, Hacia una crítica de la razón mítica. El filósofo y economista alemán realiza una lectura de la modernidad en clave mítica —o de los mitos en clave moderna—, lo cual le lleva a una afirmación contundente: “Los mitos de la modernidad se remontan a los inicios de la sociedad moderna con la irrupción del cristianismo en el Imperio Romano y en la cultura grecorromana. Constituye un marco mítico fundamental (que es de liberación), que opera como marco categorial” (p. 87). Según Hinkelammert, la “sociedad moderna” no aparece en el siglo XVII ni tiene sus raíces en el Renacimiento, sino que “irrumpe” en medio del Imperio Romano. Por supuesto, la noción de modernidad que nos presenta es bastante sui generis, ya que se ha desplazado a los orígenes de lo que pensábamos que estaba en sus antípodas.
3Tanto o más inquietante que lo señalado arriba, en el libro encontraremos un conjunto de estudios que no tienen por qué leerse todos de una vez ni en el orden en el que aparecen. El texto se inaugura con una lectura del mito de Prometeo y su posterior reconstrucción en Goethe y Marx. Luego se suceden las historias que nutren el libro del Apocalipsis e incluso hay una referencia a los cuentos de Kafka, lúcidos como siempre, precisamente por su paranoia recurrente. Por aquí y por allá hallaremos a Hume, Nietzsche o Ernst Bloch, y hay todo un capítulo dedicado a las ideas de Walter Benjamin sobre la religión fundamental de nuestro mundo: el capitalismo. Son bastante conocidas las ideas de este filósofo acerca del capitalismo como “culto de la culpa”, que a Hinkelammert le parecen mucho más iluminadoras que la archirepetida cuestión del “espíritu protestante” del análisis weberiano.
4Esta referencia a las ideas benjaminianas nos trae al meollo del libro. El reto fundamental que asume Hinkelammert es mostrar que la modernidad se encuentra penetrada por el mythos, el relato fundacional a partir del cual se desarrollarán lenguajes, imaginarios e instituciones: “El mito central es que Dios se hizo hombre, por tanto ser humano. Transforma completamente todo el mundo mítico y sigue siendo la base de todos los mitos posteriores hasta hoy, pero también la base para la interpretación del mundo mítico anterior” (Ibíd.). Es evidente que las transformaciones adoptarán la forma de cuestionamientos radicales —como en el Renacimiento— o incluso proyectos demoledores de la religión —como en algunos enciclopedistas—, pero lo interesante es que el núcleo mítico-categorial no desaparecerá sino que seguirá funcionando dentro de las mismas polarizaciones que se construyen a su alrededor.
5Según Hinkelammert, la polarización más importante aparece dentro del mismo cristianismo, al invertirse la “historia” originaria de la “constitución divina” de la humanidad —“Dios se hizo hombre”— en la figura del Dios de la Ley, el cual exige sacrificios. Lo que para muchos de nosotros es el “cristianismo” se reduce a esta lógica sacrificial del poder que necesita de las víctimas para reproducirse, en nombre de Dios...
Mito
Un mito es un relato tradicional que se refiere a unos acontecimientos prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales o extraordinarios, tales como dioses, semidioses, héroes, monstruos o personajes fantásticos, los cuales buscan dar una... Wikipedia
El pensamiento mítico es un enfoque socio-cultural que intenta entender y explicar el significado de la realidad y sus razones de ser a través de medios intuitivos, emotivos, irracionales, ilógicos, subjetivos y fantasiosos.
¿Qué es el Pensamiento Mítico? - ...
https://www.lifeder.com › pensamiento-...
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Atlas de México y el Nuevo Mundo
(pdf) HACIA UNA CRÍTICA DE LA RAZÓN MÍTICA. El laberinto de la modernidad. Materiales para la discusión, por Franz Hinkelammert. San José, Costa Rica: Editorial Arlekín; 2007, 292.
https://archive.org/details/haciaunacriticad00hink
https://ia800400.us.archive.org/…/haciaunacriticad00hink.pdf
Franz Hinkelammert en Internet Archive
https://archive.org/search.php…

REFLEXIÓN EN CIENCIAS SOCIALES

REFLEXIÓN EN CIENCIAS SOCIALES
Es indudable que las Ciencias Sociales al encontrarse tan próximas unas de otras en algún momento se tocan, sea por el uso prestado de metodologías o por ingresar unas en el campo de otras, cosa que es muy común. Tal vez lo sea menos en relación a la búsqueda de la reflexión, pero se entiende el interés en la misma. Es un hecho que el aporte en enfoques, en métodos e incluso en fuentes opero en la Historia como un flexible que sirve de conexión en el discurso en torno a una determinada época, cosa que lo torna menos monótono y mas interesante, con lo que se observa menor dureza en ella y, por lo tanto, menos tendencia hacia tonterías nacionalistas o raciales. Todo ello colabora, no tanto en el logro de la verdad, porque ninguna ciencia social es terminante, sino con la facilidad para que sectores mas amplios logren comprender todo el espectro.
Lo mismo debe ocurrir en las otras ciencias, siguiendo un pensamiento critico el aporte metodológico y de enfoques suele ser positivo, sacando del análisis algunas trampas o posturas originadas en celos, que desvíen de intenciones genuinamente apegadas al altruismo pensado en el mejoramiento general de las Ciencias Sociales.
Pierre Bourdieu y la perspectiva reflexiva en las ciencias sociales
Angela Giglia
Doctora en antropología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencia Sociales de París; profesora-investigadora en el Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa.
Resumen
El artículo examina los escritos de Bourdieu en donde el tema de la reflexividad se encuentra más presente y donde más se fusiona con los intereses y las preocupaciones que son propias de la antropología y su afán por asumir como objeto el propio trabajo antropológico. En particular El oficio del sociólogo, El campo científico (1968), y el último curso al College de France, significativamente titulado Science de la science et reflexivité. El objetivo es evidenciar la utilidad de la perspectiva reflexiva propuesta por Bourdieu para promover una antropología consciente de su modus operandi y capaz de valorar su propia posición dentro de las ciencias sociales y del campo académico en general.
Abstract
The article examines the writings of Bourdieu in which the theme of reflexiviness is all-present and where it is more intermingled with interests and concerns pertaining to anthropology and its eagerness to assume anthropological work itself as its object; in particular El oficio del sociólogo, El campo científico (1968), and his last course at the College de France, with the significant title of Science de la science et reflexivité. The aim is to make evident the use of the reflexive perspective proposed by Bourdieu to promote an anthropology which is conscious of its modus operandi and is able to value its own position within the social sciences and the academic field in general.
Je sais que je suis pris et compris dans le monde que je prends pour objet
PIERRE BOURDIEU
INTRODUCCIÓN
En las dos últimas dos décadas el debate antropológico internacional ha estado dominado por el tema de la reflexividad, entendida como aquella postura que critica la "autoridad etnográfica" frente a los riesgos de mistificación y de dominación cultural implícitos en la práctica de la antropología, dada la "naturaleza no recíproca de la interpretación etnográfica" (Clifford, 1996: 159). Como es sabido, este debate ha tenido lugar sobre todo en Estados Unidos, a partir del auge de la antropología interpretativa de Geertz, de sus críticos y de sus epígonos "posmodernos", animados por una actitud autocrítica acerca de su propia práctica de la escritura etnográfica, y concentrados más sobre los resultados académicos del trabajo de campo (el texto etnográfico) y su forma de producción (la descripción etnográfica), que sobre sus condiciones sociales de producción en sentido amplio (desde las premisas teóricas y metodológicas, hasta las operaciones concretas que hacen posible la producción de los materiales de investigación y la interpretación). Se ha llegado hasta posiciones muy extremas, tales como la llamada "antropología dialógica", que disuelve la posibilidad de una escritura autónoma del texto antropológico —y con ella la legitimidad misma del antropólogo como autor individual— y propugna una escritura a cuatro manos, donde el texto es el resultado de un proceso de participación que se quiere "no autoritario" entre el antropólogo y su informante.1
Mucho antes que estas preocupaciones se afirmaran en el seno de la antropología estadounidense, otros autores ofrecieron contribuciones muy importantes a la reflexión critica sobre la práctica científica en antropología.2 Una de estas contribuciones, probablemente la más elaborada, pertenece a Bourdieu, quien escribió sobre la reflexividad desde sus trabajos más tempranos hasta sus últimas clases al College de France, pocos meses antes de su muerte (Bourdieu, 2001).
En este artículo me propongo rastrear el interés de Bourdieu por la reflexividad, en algunos escritos donde se encuentra más presente y donde más se fusiona con los intereses y las preocupaciones propias de la antropología, así como su afán por asumir el propio trabajo antropológico como objeto. No pretendo llevar a cabo un excursus exhaustivo, operación imposible que llevaría a examinar la obra entera de Bourdieu, sino simplemente realizar en tres partes un recorrido selectivo. En primer lugar, veremos cómo propone el tema de la reflexividad en una de sus primeras obras, el Oficio del sociólogo, como una "operación fundacional" dentro de la construcción de una perspectiva sociológica original; en segundo lugar, expondré cómo la perspectiva reflexiva se concreta necesariamente en el estudio del mundo de los intelectuales y de las formas sociales de producción del conocimiento, a partir del ensayo El campo científico (1968); para finalmente reseñar el tema de la reflexividad tal como se encuentra plasmado en su último curso del College de France, significativamente titulado Science de la science et reflexivité,3 en particular en las páginas dedicadas a la práctica científica como "habitus" y a la "objetivación del sujeto de la objetivación". El propósito es evidenciar la utilidad de estas ideas de Bourdieu para promover una antropología consciente de su modus operandi capaz de valorar lúcidamente su posición en las ciencias sociales y el campo académico.
De la serie: Alto, mujeres trabajando, 1999 / Roxana Acevedo
LA CUESTIÓN DE LA REFLEXIVIDAD COMO "OPERACIÓN FUNDACIONAL"
El estudio crítico —y autocrítico— de las condiciones de producción del conocimiento en las ciencias sociales, ha sido uno de los intereses más continuos de Bourdieu, se podría decir una de sus obsesiones.4 El concepto de reflexividad es uno de los pilares conceptuales que le permiten elaborar un enfoque cuya característica principal es el haber sido pensado desde sus orígenes para escapar al doble riesgo del objetivismo, por un lado, y del subjetivismo por el otro. Loïc Wacquant, uno de sus intérpretes más agudos, sostiene que "lo más inquietante de su obra es su perseverante afán de trascender varias de las perennes antinomias que socavan la estructura interna de las ciencias sociales, a saber, el antagonismo aparentemente insuperable entre los modos de conocimiento subjetivista y objetivista, la separación entre el análisis de lo simbólico y el análisis de lo material, en fin, el divorcio persistente entre teoría e investigación empírica" (1995: 15). La reflexividad es justamente concepto clave para operar la superación de las dicotomías de una forma radical. La elaboración de una posición que permite superar los opuestos reduccionismos, aunada a la vastedad de sus aplicaciones en ámbitos concretos de la realidad social (del lenguaje escolástico al campo del arte, de las estrategias matrimoniales a los marginados de la Francia urbana, de las instituciones académicas al estudio de las diferencias en los gustos, etc.), producen un resultado que no tiene igual en la producción sociológica del último medio siglo, que se puede comparar sólo con la producción de los padres fundadores: Comte, Marx, Weber, Durkheim.
La preocupación por estudiar las condiciones de producción del conocimiento sobre lo social, se evidencia desde sus primeros trabajos sobre el sistema escolar,5 y encuentra su primera formulación exhaustiva en El oficio del sociólogo (1968). En este libro, escrito con Passeron y Chamboredon, encontramos por primera vez planteados en forma sistemática los conceptos fundamentales de "ruptura epistemológica" y de "construcción del objeto". Aquí Bourdieu sostiene la necesidad de que las ciencias sociales tomen la distancia con respecto al sentido común y los discursos corrientes (y dominantes), ya que lo específico de su conocimiento debe construirse abiertamente "en contra" de ese mismo sentido común. Realiza así una operación fundacional de la ciencia social (comparable por su envergadura a la que realizó Durkheim en Las reglas del método sociológico, en 1895) en la medida en que la separa drásticamente de todo lo que pueda semejarse al "saber inmediato".
Para ser científico el objeto de las ciencias sociales debe construirse operando una ruptura con las "prenociones" de Durkheim, con las representaciones del sentido común y las relaciones más aparentes entre las cosas. "El hecho se conquista contra la ilusión del saber inmediato" (1968: 27). Apoyándose en Durkheim, Mauss, Weber y Marx, entre otros, Bourdieu sostiene que "el descubrimiento no se reduce nunca a una simple lectura de lo real, aun del más desconcertante, puesto que supone siempre la ruptura con lo real y las configuraciones que éste propone a la percepción" (1968: 29, cursivas nuestras).6 En suma, el verdadero objeto científico nunca está simplemente "dado", nunca es evidente, como quisiera la postura "objetivista". Siempre es el resultado de una construcción que se debe elaborar en contra del sentido común y de las trabas que continuamente éste introduce en el proceso de definición y elaboración de nuestras problemáticas.7 Destaca el interés por el papel que desempeña el lenguaje en la transmisión y reproducción del sentido común, con respecto al cual se tiene que tomar distancia, y el tema consecuente de la "vigilancia epistemológica". Sostiene Bourdieu que
el lenguaje común en tanto tal pasa inadvertido, encierra en su vocabulario y sintaxis toda una filosofía petrificada de lo social siempre dispuesta a resurgir en palabras comunes o expresiones complejas construidas con palabras comunes, que el sociólogo utiliza inevitablemente. Cuando se presentan ocultas bajo las apariencias de una elaboración científica, las prenociones pueden abrirse camino en el discurso sociológico sin perder por ello la credibilidad que les otorga su origen: las precauciones contra el contagio de la sociología por la sociología espontánea, no serían más que exorcismos verbales si no se acompañaran de un esfuerzo por proporcionar a la vigilancia epistemológica las armas indispensables para evitar el contagio de las nociones por las prenociones (1968: 37, cursivas mías).8
De una manera muy elocuente, la importancia capital que este tema reviste para Bourdieu se encuentra reflejada en el propio lenguaje. Mediante el uso de metáforas que evocan una guerra contra calamidades mortales ("las armas para evitar el contagio"), Bourdieu recalca que el rechazo de las prenociones debe llegar hasta sus últimas consecuencias, porque se trata de una cuestión de vida o muerte para las ciencias sociales. En suma, de la efectividad de la ruptura y de la vigilancia constante para no recaer en el sentido común, depende la existencia misma de las ciencias sociales como ciencias dignas de este nombre. Si lo que hay que vigilar se encuentra en nuestro mismo modo de pensarlo, desde el comienzo la tarea se anuncia muy ardua. ¿Cómo "defenderse" de las palabras que son el vehículo de los conceptos que usamos para pensar? Para Bourdieu no se trata de profesar una suerte de introspección permanente, con tintes más o menos íntimos y/o narcisistas, lo cual representaría una caída al subjetivismo. Se trata de reconocer las condiciones generales del trabajo científico, en cuanto trabajo institucionalizado, social e históricamente producido y reproducido, que se realiza en lo que Bourdieu denominaría "campo científico". Desde sus más tempranas formulaciones, el tema central de la "objetivación del sujeto de la objetivación" no es propuesto en términos individuales y personalistas, sino en términos relacionales, con vista al campo de fuerzas en el que el sujeto particular —el científico como ser individual— forzosamente opera. Dicho con las palabras de su última formulación, "lo que se trata de objetivar no es la experiencia vivida por el sujeto del conocimiento, sino las condiciones sociales de posibilidad, y por lo tanto los efectos y los límites, de dicha experiencia e inclusive del acto de objetivación" (2001: 182).
En suma, la postura reflexiva se vincula con la adopción de una "mirada relacional" sobre los fenómenos, que por un lado pone de manifiesto los nexos entre los objetos y sus contextos (los campos), y por el otro, vincula el quehacer científico con su propio campo de producción, y de esa manera lo objetiva como producto histórico. De tal forma que la reflexión sobre la metodología que usamos o el terreno que elegimos, implica considerar críticamente nuestra colocación en el campo científico, y el campo mismo como objeto, si es que queremos ganar "un grado superior de libertad" con respecto a las constricciones propias de la actividad científica (2001: 176).
UN OBJETO INCÓMODO, MÁS IMPRESCINDIBLE: EL CAMPO CIENTÍFICO
Después de El oficio, Bourdieu publicó El campo científico (1976),9 análisis lúcido del funcionamiento del mundo académico, al que considera como un campo entre otros dentro de su "teoría de los campos".10 Como cualquier otro, el campo científico es atravesado por luchas internas entre los actores que apuntan a acumular el capital propio del campo, la "autoridad científica". Como en un juego de cartas, los actores se mueven en el campo inspirados por su "sentido del juego", el habitus, conjunto interiorizado de disposiciones para actuar, que de forma irrefleja toman en cuenta la diferente "posición objetiva" que cada actor ocupa en el campo.11 Para incrementar su capital, los investigadores deben actuar tomando en cuenta los rasgos específicos de su campo de juego, el principal de los cuales consiste en que "la lucha por la autoridad científica [...] debe lo esencial de sus características al hecho de que los productores tienden [...] a no tener otros clientes posibles que sus competidores" (2000: 18).12 Por lo tanto, lo que importa y se busca incrementar es el reconocimiento de los pares. El capital científico "es el producto del reconocimiento de los competidores (un acto de reconocimiento aporta tanto más capital, cuanto más quien lo realiza es el más reconocido, y por lo tanto más autónomo y dotado de capital" (2001: 111). La noción de campo científico (campo de fuerzas entre posiciones en competencia por el capital propio del campo), permite efectuar una ruptura con respecto a la idea de "comunidad científica", que alude a una supuesta homogeneidad constitutiva del medio intelectual, una "noción admitida como obvia que se ha vuelto mediante la lógica de los automatismos verbales, una suerte de designación obligatoria del universo científico" (2001: 91). Por lo tanto, hablar de campo significa romper con la idea de que los sabios forman un grupo unificado y homogéneo.
Contra las evidencias del sentido común, Bourdieu demuestra que hasta las decisiones en apariencia más desinteresadas o más audaces (por ejemplo el situarse en una posición de "continuidad" o de "subversión" con respecto a los paradigmas dominantes; el adelantar o no la publicación de ciertos resultados; el seguir haciendo investigación después de haber conseguido una buena posición institucional) se comprenden a partir de las lógicas que mueven a los actores en el campo, y de sus estrategias para aumentar y conservar el capital acumulado. Llama la atención por su agudeza, la manera como da cuenta, a partir de una visión relacional, de aquellas propensiones que suelen atribuir a factores estrictamente individuales, tales como la idiosincrasia personal o la etapa en el ciclo de vida. Propensiones como la de científicos que emprenden investigación original en edad avanzada, y otros que se estancan o se dedican a asuntos administrativos o de dirección académica, Bourdieu las remite a las posiciones de los actores dentro del sistema y a sus relaciones recíprocas. Los que más invierten en investigación son los que poseen más capital científico.
La disminución con la edad de la cantidad y de la calidad de las producciones científicas, que se observa en el caso de las "carreras promedio" [...] sólo se torna completamente inteligible si se comparan las carreras medias con las más altas, que son las únicas que conceden hasta el final los beneficios simbólicos necesarios para reactivar continuamente la propensión hacia nuevas inversiones, retardando así continuamente la desinversión (2000: 31).
Con la misma mirada desencantada, Bourdieu da cuenta de las opuestas inclinaciones hacia la "reproducción" del orden científico o hacia su "subversión", como otras tantas posiciones "políticas" dentro del juego de poder propio del campo. Por lo tanto, la conservación o la subversión con respecto a los paradigmas científicos establecidos, no denotan otra cosa más que luchas por el establecimiento del consenso en torno a ciertas creencias, sean ellas las mismas, dominantes o nuevas, en busca de reconocimiento. Queda así de manifiesto el fundamento totalmente histórico de la ciencia, junto con la ausencia de cualquier fundamento absoluto o metafísico. "La ciencia no tiene nunca otro fundamento más que la creencia colectiva en sus fundamentos, que produce y supone el funcionamiento mismo del campo científico" (2000: 43). En palabras de antropólogo, la ciencia es una cosmovisión entre otras, o más bien un campo de cosmovisiones en competencia las unas con las otras.
La cuestión de la autonomía de la ciencia está planteada en términos radicales, casi paradójicos. La ciencia verdaderamente autónoma no se preocupa por ser neutral, mientras que la falsa ciencia de los doxósofos (doxa: "opinión" para los antiguos griegos) que califica sin más de "sabios aparentes y sabios de la apariencia" (2000: 46), se muestra dependiente de la necesidad de mantener una apariencia de independencia. Los científicos dependientes del campo del poder
no pueden legitimar ni la apropiación que operan por la constitución arbitraria de un saber esotérico inaccesible al profano, ni la delegación que demandan arrogándose el monopolio de ciertas prácticas o de la reflexión sobre sus prácticas, sino a condición de imponer la creencia de que su falsa ciencia es perfectamente independiente de las demandas sociales que ella no satisface, y porque afirma, al mismo tiempo, su firme rechazo a servirlas (2000: 46).
A partir de El campo científico Bourdieu se consagra como un autor sumamente incómodo, independientemente del lado del que se lo quiera mirar.13 Su crítica no escatima dardos para la "sociología oficial" que se autoproclama "de oposición" y que define como "ciencia falsa V 155 destinada a producir y mantener la falsa conciencia" (2000: 53), protagonizada por los intelectuales menos autónomos científicamente y más dependientes del campo del poder. Su juicio tan severo sobre la "sociología oficial" se entiende plenamente si se toma en cuenta la que Bourdieu considera como la posición específica de las ciencias sociales con respecto al campo del poder. Para él, la autonomía de las ciencias sociales es más difícil de conseguir (y de mantener), porque lo que está en juego es el poder para definir e imponer la visión legitima del mundo social. En Science de la science (2001), Bourdieu regresa sobre este punto reivindicando la legitimidad de una ciencia social que tome posición sin hipocresías en las luchas por el poder.14 En este texto Bourdieu regresa sobre la condición específica de las ciencias sociales, sosteniendo que éstas
y en especial la sociología, tienen un objeto demasiado importante (que interesa a todo el mundo, empezando por los más poderosos), demasiado ardiente para poderlo dejar a su discreción, para abandonarlo únicamente a su ley, demasiado importante y demasiado ardiente desde el punto de vista de la vida social, del orden social y del orden simbólico, para que le sea otorgado el mismo nivel de autonomía de las otras ciencias y para que les sea concedido el monopolio de la producción de la verdad. Y de hecho todo el mundo se siente con derecho de inmiscuirse en la sociología y de entrar en la lucha en torno a la visión legítima del mundo social, en la que el sociólogo también interviene, pero con una ambición totalmente especial, que se otorga sin problemas a todos los otros científicos, pero que en su caso tiende a aparecer monstruosa: decir la verdad, o peor, definir las condiciones en las que se puede decir la verdad (2001: 170, cursivas nuestras).15
LA PRÁCTICA CIENTÍFICA ENTRE "SABER CON EL CUERPO" Y "OBJETIVACIÓN DEL SUJETO DE LA OBJETIVACIÓN"
En Science de la science et reflexivité, que reúne las clases de su último curso del Colegio de Francia (2000-2001), Bourdieu retoma y amplía los temas del "viejo artículo", como él mismo lo define, sobre El campo científico, y reanuda la reflexión sobre el conocimiento científico y sus formas de producción. En este libro aparecen por primera vez unidos, desde el título, el tema de la reflexividad y el de la ciencia de la ciencia. Se pone de manifiesto de esa manera la relación entre las dos problemáticas, ya que la reflexividad —como esfuerzo por "objetivar el sujeto de la objetivación"— no puede realizarse plenamente sin una reflexión desencantada en torno a los principios y a las condiciones de funcionamiento de la ciencia social en su totalidad. No se puede pensar sobre el trabajo de este o aquel científico sin hacer una ciencia del campo científico, llámese "sociología de la sociología" o "antropología de la antropología", en suma: una "ciencia de la ciencia". Cualquier objeto, y más aún el propio trabajo científico tomado como objeto, debe ser visto de manera relacional. "Sólo una teoría global del espacio científico, como espacio estructurado según lógicas, al mismo tiempo generales y específicas, permite comprender verdaderamente tal o cual punto en dicho espacio, tal laboratorio o investigador particular" (2001: 68).
Para mostrar cómo no se debe hacer investigación, pone el ejemplo de los estudios de laboratorio (entendidos aquí en el sentido francés de equipos de investigación institucionalizados), asimilándolos a las "monografías de aldea' (monographie de village), típico producto de la antropología francesa ortodoxa, quienes "tomaban como objeto unas micro unidades sociales supuestamente autónomas (si es que se ponía la cuestión), unos universos aislados y circunscritos que se pensaba que fueran más fáciles de estudiar porque los datos se presentaban de alguna manera ya listos a esa misma escala (con los censos, los catastros, etc.). El laboratorio, pequeño universo cerrado y separado, que propone protocolos listos para el análisis, carnets de laboratorio, archivos, etc., parece, de la misma manera, necesitar de un mismo enfoque monográfico e idiográfico" (2001: 68). Pero el análisis no puede limitarse a lo que pueden hacer los laboratorios, o a las monografías de aldea. Estas unidades no se hallan aisladas, y sus principios explicativos se encuentran forzosamente afuera de ellas, "en la estructura del espacio al interior del cual se encuentran insertos" (2001: 68).
Una parte importante del trabajo de "objetivación del sujeto de la objetivación" consiste en considerar el trabajo científico como un "habitus", conjunto de disposiciones que se vuelven "automáticas", incorporadas, de las que no somos conscientes a menos que realicemos un acto explícito de objetivación. En cuanto práctica, la producción del saber científico se acerca por un lado, al arte, y por el otro, a la idea de "saber incorporado", en el sentido literal de "saber con el cuerpo", es decir, conjunto de prácticas inconscientes y automáticas que pasan por y se inscriben en el cuerpo, que hace precisamente que haya cosas que no se conocen con el intelecto sino "con el cuerpo". Recuerda cómo muchos importantes autores, entre ellos Polani, ya se han mostrado conscientes de que
los criterios de evaluación de los trabajos científicos no pueden ser completamente explicitados [...]. Siempre hay una dimensión implícita, tácita, una sabiduría convencional que es puesta en operación en la evaluación de los trabajos científicos. Este dominio práctico es una suerte de "connaisseurship" (arte de conocedor) que puede ser comunicado por el ejemplo y no por preceptos (contra la metodología) y que no es diferente con respecto al arte de individualiza una buena pintura y determinar su época y autor, sin estar necesariamente en condición de articular los criterios que ese arte pone en operación (2001: 79).
Forma parte del rigor metodológico el asumir aquello que se escapa de la explicación racional para inscribirse dentro de la "experiencia" que no es posible medir ni reducir a palabras.16 La dificultad de transmitir lo esencial de la práctica científica, como conjunto de operaciones imposibles de codificar y formalizar de manera completamente exhaustiva, y que necesitan ser aprendidas mediante el ejemplo concreto, hace de la ciencia algo comparable a la cocina o a la alquimia. El trabajo científico se acerca a la labor del artesano, en cuyas bodegas —como dice un dicho que remonta a la época medioeval— los aprendices, en lugar de recibir una enseñanza verbal tenían que "robar el oficio", esto es, apoderarse de él únicamente observando trabajar al artesano. De allí la importancia de la "teoría de la práctica", ya que
la práctica es siempre subestimada y subanalizada, mientras que para comprenderla habría que emprender mucha competencia teórica; paradójicamente mucha más que para comprender una teoría. Hay que evitar reducir las prácticas a la idea que tenemos de ellas, cuando nuestra experiencia de ellas es puramente lógica. Ahora bien, los estudiosos no saben necesariamente, a menos de tener una teoría adecuada de la práctica, investir en sus descripciones de sus prácticas la teoría que les permitiría darse y dar un verdadero conocimiento de esas prácticas (2001: 81).
Si por un lado Bordieu exalta la importancia de comprender los aspectos prácticos de la práctica científica, por el otro, nos recuerda las características privativas de la ciencia. "El campo científico es —como otros— el espacio de prácticas lógicas pero con la diferencia que el habitus científico es una teoría realizada, incorporada. Una práctica científica posee todas las propiedades reconocidas a las prácticas más típicas, como las deportistas o artísticas. Pero eso no impide que sea también la forma suprema de la inteligencia teórica." En suma,
el arte del sabio se separa del arte del artista por dos diferencias mayores: por una parte, la importancia del saber formalizado que es controlado al estado práctico, gracias justamente a la puesta en forma y fórmulas, y por otra, el papel de los instrumentos que, como decía Bachelard, constituyen un saber formalizado hecho cosa. En otros términos, un matemático de veinte años puede tener veinte siglos de matemáticas en su espíritu, en parte porque la formalización le permite adquirir bajo la forma de automatismos lógicos, vueltos automatismos prácticos, los productos acumulados de invenciones no automáticas" (2001: 82-83).
Lo mismo pasa con los instrumentos del trabajo científico, que son "ellos mismos concepciones científicas condensadas y objetivadas en aparatos que funcionan como un sistema de constricciones, y el dominio práctico que evoca Polani, se da mediante una incorporación tan perfecta de las constricciones del instrumento que se hace cuerpo con él, se hace lo que él espera que se haga, siendo él quien manda: es necesario haber incorporado mucha teoría y otras tantas rutinas prácticas para estar a la altura de las demandas de un cyclotron" (2001: 83).17
En las paginas de Science de la science et reflexivité,el esfuerzo por llevar a cabo su propia objetivación del sujeto de la objetivación, culmina en un esbozo de autoanálisis, en el cual, sin la menor auto complacencia y sin ninguna confesión que no sea "muy impersonal", Bordieu se ubica a sí mismo en el medio académico francés desde sus primeros pasos como "filósofo normalista" en los sesenta, y da cuenta de ciertas elecciones "impertinentes", como sus tempranas experiencias etnológicas y su llegada a la sociología desde una formación filosófica.
SEGUIR PENSANDO A PIERRE BOURDIEU PARA REPENSAR LA ANTROPOLOGÍA
Como intelectuales sabemos bien que se puede seguir pensando en un mismo tema durante toda la vida, sin por esto llegar a agotar los argumentos o tener que repetirse, simple y llanamente. Es lo que ha hecho magistralmente Pierre Bourdieu con la problemática de la reflexividad, trabajada y retrabajada durante más de treinta años, mediante una labor que refleja su gran capacidad de penetración y articulación en los problemas.18
Desde hace algunas décadas los antropólogos somos conscientes del reto que implica la ruptura con las prenociones del sentido común y los objetos dados por descontados. Desde cuándo las monografías etnográficas entraron en crisis como productos científicos ortodoxos, frente a los cambios drásticos que afectaban a las sociedades en vía de descolonización, tuvimos que aprender a ir "más allá de la comunidad" (Boissevain-Friedl, 1970)19 y a contextualizar nuestros objetos dentro de procesos sociales de alcance cada vez más amplio. Sin embargo, la tentación del encierro en ámbitos subrepticiamente concebidos como autónomos, sigue siendo muy fuerte, más aún cuando nos vemos obligados a recortar temas antropológicos —es decir temas pertinentes para la antropología— en terrenos cada vez más complejos, donde el "otro" se presenta con disfraces insólitos y cambiantes.20
La dificultad por ubicar objetos y escala de análisis pertinentes, el tener que manejar dimensiones multilocales del trabajo de campo, el uso de viejas técnicas asociado al de nuevas tecnologías, constituyen otros problemas cuya comprensión tiene que ver con la coyuntura actual de las ciencias sociales y la posición de la antropología.
Siguiendo a Bourdieu, intentemos objetivar esta posición de la antropología en el campo de las ciencias sociales. Su lugar se asemeja mucho al que ocupa la sociología dentro del campo científico, esto es, un lugar incómodo, relativamente menos autónomo y más expuesto al riesgo de injerencias desde afuera. Es difícil que un antropólogo le diga a un politólogo o a un filósofo cómo hacer su trabajo. En cambio, es muy común que ellos expresen sus juicios en torno a cuestiones como las motivaciones de los actores, sus valores, sus estrategias frente a ciertas cuestiones, etc. Es cada día más fácil encontrar no sólo a los sociólogos o a los politólogos hablando sobre la cultura, sino también, y cada vez más, a arquitectos, geógrafos, urbanistas y economistas. Cuando hablan de la cultura, las otras ciencias sociales se sienten "autorizadas" para hablar, considerando que lo que dicen es perfectamente legítimo, aun cuando no es el resultado de la aplicación de enfoques teóricos y metodológicos específicos. Al contrario, cuando los antropólogos abordamos temas de otras disciplinas, en general lo hacemos "desde el punto de vista de la antropología", casi justificándonos por algo que implícitamente concebimos como una "intrusión". Mientras, es más difícil que las otras disciplinas, al hablar sobre fenómenos culturales, que especifiquen que lo hacen desde un punto de vista inevitablemente parcial, como es el punto de vista de cada disciplina...
tlas de México y el Nuevo Mundo agregó una foto nueva al álbum LIBROS DE ANTROPOLOGÍA.
(pdf) RESPUESTAS. POR UNA ANTROPOLOGÍA REFLEXIVA, por Pierre Bourdieu y Loïc J. D. Wacquant. Traducción del francés por Heléne Levesque Dion. México: Editorial Grijalbo; 1995, 196 p.
https://archive.org/…/bourdieu_-respuestas-por-una-…/page/n3
https://ia902800.us.archive.org/…/bourdieu_-respuestas-por-…

CONSTITUCIONES ESCRITAS Y NO ESCRITAS De igualdad-es que no son iguales

CONSTITUCIONES ESCRITAS Y NO ESCRITAS
De igualdad-es que no son iguales
Hace unos años decidió hacer una observación de mis clases la Directora de una escuela, que ejercía en el área de ciencias sociales. La misma que al recibirme fue la primera que me aclaró, que éramos iguales, cosa que se repetirla con casi todos los que se me aproximaban a plantear controversias o a demostrar que no estaban de acuerdo con mis clases.
Una vez instalada en el fondo del salón y luego de originar varios disturbios con sus acotaciones se sintió exageradamente sorprendida, cuando me adentre en el tema de las constituciones no escritas. Luego de darle las fuentes bibliográficas de la clase se fue y nunca mas me hizo una observación.
Anécdotas y curiosidades jurídicas | iustopía
Desde 2010, este blog reúne lo más curioso del panorama jurídico y parajurídico internacional, de la antigüedad a nuestros días, de forma didáctica y entretenida. Su editor, el escritor y jurista castellano Carlos Pérez Vaquero, es profesor universitario y autor de diversos libros divulgativos y cursos de formación.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Países sin Constitución
Suele decirse que el constitucionalismo nació a finales del siglo XVIII en Estados Unidos y Francia –como oposición al Antiguo Régimen– pero, en realidad, los franceses copiaron la idea a los norteamericanos y éstos, a su vez, tomaron buena nota de las tradiciones de su antigua metrópoli; de forma que se podría afirmar que el origen del constitucionalismo se encuentra en Inglaterra. Un país que, curiosamente, no tiene Constitución escrita –tal y como nosotros la entendemos– sino un Derecho Constitucional formado por un conjunto de diversos textos históricos: estatutos, resoluciones y principios.
La antigua Carta Magna de las libertades de Inglaterra concedida por el rey Juan sin Tierra, en 1215 –en tiempos del mítico Robin Hood– y origen del metafórico nombre de Carta Magna con el que suelen denominarse todas nuestras leyes fundamentales, no fue una Constitución en sentido estricto; pero el proceso que se inició con aquella norma –por el que el rey transfería su poder a otros titulares– se convirtió en la primera vez que se limitaba la autoridad real, concediendo derechos a la Iglesia y a los señores feudales y sentando las bases para el régimen político británico. Posteriormente, se aprobaron la Enmienda del Hábeas Corpus (Habeas Corpus Amendment Act) de 1679, estableciendo el derecho del detenido a ser informado sobre la causa de su detención en el plazo de tres días desde que solicitaba el habeas corpus (en España, esta institución no se previó hasta 1808, con el denostado Estatuto de Bayona); la Declaración de Derechos (Bill of Rights) de 1689, donde volvieron a ser pioneros al regular el derecho de petición al rey, las elecciones libres al parlamento o la prohibición de que se establecieran penas crueles, etc. y, finalmente, el Parliament Act de 1911, que fijaba los poderes de la Cámara de los Lores en relación con los que tiene la de los Comunes y reduciendo la duración del mandato parlamentario.
En opinión del catedrático Lawrence Lessig, cuando los británicos hablan de "constitución" se refieren a una arquitectura -no sólo un texto legal sino una forma de vida- que estructura y delimita los poderes social y legal con el fin de proteger ciertos valores fundamentales; principios e ideas que van más allá del compromiso de la política ordinaria [LESSIG, L. El código y otras leyes del ciberespacio. Madrid: Taurus, 2001, p. 23].
Además de Gran Bretaña, en el mundo hay otros países con una situación similar: Nueva Zelanda no tiene una Carta Magna codificada sino un conjunto de estatutos, tratados, órdenes, patentes reales y decisiones –como ocurría en su antigua metrópoli– que incluye desde el Tratado de Waitangi de 1840 suscrito entre los aborígenes maoríes y la corona británica, hasta el Cabinet Manual de 2008, una guía ministerial que ha reorganizado la actividad del Gobierno neozelandés.
En Israel, a falta de Constitución, su ordenamiento se estructura –básicamente– en dos grandes bloques: 1) La legislación primaria, formada por las leyes básicas o fundamentales (sobre el Gobierno, el Parlamento, la capitalidad de Jerusalén, el ejército, etc.), las leyes aprobadas por la Kneset (la asamblea unicameral) y las ordenanzas que aún se encuentran en vigor de la época del mandato británico, anterior a la independencia israelí; y 2) La legislación secundaria, con las normas del ejecutivo (reglamentos), los mandatos del ejército y la normativa de los distritos y municipios. Aunque en 1948, la Declaración de Independencia israelí incluyó el compromiso de que ese mismo año se redactaría una Constitución, al final no se llevó cabo y, teniendo en cuenta el especial vínculo entre religión y Estado, habría que plantearse si Israel podría tener una Constitución que estuviera por encima de la ley suprema –la Halajá– basada en el Talmud, verdadero pilar del Estado hebreo.
Finalmente, tres países tienen una idiosincrasia constitucional propia: 1) Canadá: Su ley de leyes está formada por dos Constitution Act de 1867 y 1982 y una Carta de Derechos y Libertades que sí que están escritas, pero también incluye otros principios, prerrogativas y tradiciones que no lo están; 2) Libia, que tuvo una Constitución en 1951 pero fue derogada por la Proclamación Constitucional de 1969, tras el golpe militar de Muammar Gadafi. Ocho años más tarde, se redactó la nueva Proclamación de la Autoridad del Pueblo Libio que tampoco es una verdadera ley fundamental del Estado sino una declaración ideológica del régimen; y 3) Omán: Aunque en 1966, el sultán omaní promulgó un Real Decreto que regulaba –entre otras materias– la sucesión al trono, la elección del primer ministro, el nuevo sistema bicameral y algunos derechos de los ciudadanos, en sentido estricto, el sultanato también carece de Constitución, desde que se independizó de Gran Bretaña en 1971.
PD: hablando de leyes fundamentales, el 3 de mayo de 1791 se aprobó en Varsovia la Constitución de Polonia-Lituania (la denominada República de las Dos Naciones) que fue la primera constitución europea y la segunda del mundo, tras la de Estados Unidos, de 1787.
Carlos Pérez Vaquero
Constituciones no escritas
Constitución de Canadá
Leyes fundamentales de Israel.
Constitución de Nueva Zelanda.
Ley Básica de Arabia Saudí (Sin embargo, la Ley Básica declara el Corán como Constitución de Arabia Saudí)
Constitución del Reino Unido.
Anexo:Constituciones por país -
Wikipedia, la enciclopedia libre
https://es.m.wikipedia.org › wiki › Anex...
Hannah Arendt Tv
#Biblioteca Teoría de la Constitución - Carl Schmitt
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Hannah Arendt Tv
#Biblioteca Teoría de la Constitución - Carl Schmitt
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CONOCIMIENTO

CONOCIMIENTO
La mejor palabra que se me ocurre cuando pienso en conocimiento es construcción en una idea continua del acto o de los actos de construir. La idea permanente de construir conocimiento no debe ser dejada de lado por la imposición de modas educativas novedosas, aunque todos sabemos que los seres humanos, naturalmente, nos sentimos atraídos por la novedad. Pero bien diferente es aquello de transformar la novedad en un dogma incuestionable y situarlo en una alta plataforma de tonterías o en un panteón de dioses y de semi dioses siguiendo líneas míticas de aproximación a la irrealidad. En el último de los casos es preferible que si se encuentran tan atraídos por mitos y leyendas se queden con la leyenda que tiene una base de aproximación a la realidad y el mito es solo eso, sin decir que no tiene importancia, al contrario es importante desde un punto de vista religioso.
Existen diversos enfoques sobre construcción del conocimiento y muchas teorías de aprendizaje, algunas mas avenidas con lo natural y la naturaleza y otras alejadas de ellas, que suelen ser las de moda, porque nadie quiere, hoy día, una moda muy trabajosa. Hasta diría que el Dejar hacer, dejar pasar, casi pasó, con las excepciones del caso. Pero es indudable que los antiguos tenían información de primera mano sobre como funciona el cerebro humano y las vías de penetración del conocimiento basadas en una observación atenta y minuciosa de la realidad y es incomprensible que sabiendo como es la figura humana de cabeza, cuerpo y extremidades, nos dejamos confundir y pensamos que no cumplen otras funciones, mas allá de las que saltan a primera vista. La vía de penetración de los conocimientos al cerebro son las extremidades, en particular las manos y el agente es la escritura o el ejercicio de escribir números o letras. Cosa que ya sabían los antiguos, que surge de la mas simple observación de las grandes culturas de la Humanidad. Y ello no se logra sin estar adaptado al propio ambiente natural y a la madre natura.
La simple observación pasiva no es mas que eso y solo sirve muy limitadamente al aprendizaje. Igual ocurre con el simple acto de hablar y mucho mas si ello ocurre sin ton ni son o no siguiendo (leyendo) o pensando lo escrito por la propia mano o las de otros (en un nivel inferior). Luego podemos agregarle los estímulos que mas nos gusten o que mas gusten y tendremos el clima ideal para que el aprendizaje trascendente se produzca. Pero ello no significa que, necesariamente, debemos encontrarnos en medio de un ambiente natural, porque basta con buenas ventanas que permitan vincularnos al medio natural. En otras palabras, en medio de una cueva es todo más difícil. Igualmente ocurre si no se hacen las cosas desde los cimientos o haciendo los primeros pininos en el continuo de pensar aprender, para aprehender.
DEFINICIÓN DE
CONOCIMIENTO
El conocimiento es un conjunto de información almacenada mediante la experiencia o el aprendizaje (a posteriori), o a través de la introspección (a priori). En el sentido más amplio del término, se trata de la posesión de múltiples datos interrelacionados que, al ser tomados por sí solos, poseen un menor valor cualitativo.
Para el filósofo griego Platón, el conocimiento es aquello necesariamente verdadero (episteme). En cambio, la creencia y la opinión ignoran la realidad de las cosas, por lo que forman parte del ámbito de lo probable y de lo aparente.
El conocimiento tiene su origen en la percepción sensorial, después llega al entendimiento y concluye finalmente en la razón. Se dice que el conocimiento es una relación entre un sujeto y un objeto. El proceso del conocimiento involucra cuatro elementos: sujeto, objeto, operación y representación interna (el proceso cognoscitivo).
La ciencia considera que, para alcanzar el conocimiento, es necesario seguir un método. El conocimiento científico no sólo debe ser válido y consistente desde el punto de vista lógico, sino que también debe ser probado mediante el método científico o experimental.
La forma sistemática de generar conocimiento tiene dos etapas: la investigación básica, donde se avanza en la teoría; y la investigación aplicada, donde se aplica la información.
Cuando el conocimiento puede ser transmitido de un sujeto a otro mediante una comunicación formal, se habla de conocimiento explícito. En cambio, si el conocimiento es difícil de comunicar y se relaciona a experiencias personales o modelos mentales, se trata de conocimiento implícito.
La Teoría Anarquista del Conocimiento de Feyerabend
Chalmers dedica un capítulo a Feyerabend, en el que resume y valora los rasgos claves de su postura expuesta en el libro Against Method.
Todo vale
Feyerabend hace una enérgica defensa de la afirmación de que ninguna de las metodologías de la ciencia hasta ahora propuesta ha tenido éxito, ya que esas metodologías, según defiende, son incompatibles con la historia de la física.
Mantiene, de forma convincente, que las metodologías de la ciencia no han proporcionado reglas adecuadas para guiar las actividades de los científicos, y sugiere que, dada la complejidad de la historia, es muy poco razonable esperar que la ciencia sea explicable sobre la base de unas cuantas reglas metodológicas.
La idea de que la ciencia puede y debe actuar de acuerdo con reglas fijas y universales es tan poco realista como perniciosa. Es poco realista porque tiene una visión demasiado simple de los talentos del hombre y de las circunstancias que fomentan o provocan su desarrollo. Es perniciosa porque el intento de aplicar las leyes está abocado a incrementar nuestra cualificación profesional a expensas de nuestra humanidad. Además es perjudicial a la ciencia porque pasa por alto las complejas condiciones físicas e históricas que influyen en el cambio científico. Hace que la ciencia sea menos adaptable y más dogmática.
Dada la complejidad de cualquier situación realista en la ciencia y la imprevisibilidad del futuro por lo que se refiere al desarrollo de una ciencia, no es razonable esperar una metodología que determine que, dada una situación, un científico racional debe adoptar la teoría A y rechazar la teoría B, o preferir la teoría A a la teoría B.
La acusación de Feyerabend contra el método se dirige contra las metodologías interpretadas como proveedoras de reglas para guía de científicos. Los científicos no deben estar obligados por las reglas del metodólogo.
Si alguien quiere hacer una contribución a la física, no necesita estar familiarizado con las metodologías contemporáneas de la ciencia, lo que necesita es estar familiarizado con una cierta física.
Feyerabend demuestra que no es aconsejable que las elecciones y decisiones de los científicos estén obligadas por las reglas establecidas por las metodologías de la ciencia o implícitas en ellas.
Inconmesurabilidad
Un componente importante del análisis de la ciencia de Feyerabend es su tesis sobre la inconmesurabilidad, la cual se deriva de lo que Chalmers calificó como observación que depende de la teoría. Los signficados e interpretaciones de los conceptos y enunciados observacionales que los empleen dependerán del contexto teórico en el que surjan. En algunos casos, los principios fundamentales de dos teorías rivales pueden ser tan radicalmente diferentes que no sea posible ni siquiera formular los conceptos básicos de una teoría en los términos de la otra, con lo que las dos teorías rivales no compartirán ningún enunciado observacional. En tales casos, no es posible comparar lógicamente las teorías rivales, las dos teorías serán inconmensurables.
Un ejemplo de inconmesurabilidad que pone Feyerabend es la relación entre la mecánica clásica y la teoría de la relatividad. De acuerdo con la primera, los objetos físicos tienen una forma, una masa y un volumen. Estas propiedades existen en los objetos físicos y pueden cambiar como resultado de una interferencia física. En la teoría de la relatividad, no existen ya propiedades como forma, masa y volumen, que se convierten en relaciones entre objetos y marcos de referencia y pueden cambiar, sin ninguna interacción física, si se cambia un marco de referencia por otro. En consecuencia, cualquier enunciado observacional que se refiera a objetos físicos dentro de la mecánica clásica tendrá un significado diferente para un enunciado observacional aparentemente similar en la teoría de la relatividad.
Otras parejas de teorías inconmensurables mencionadas por Feyerabend son la mecánica cuántica y la mecánica clásica, la teoría del impulso y la mecánica newtoniana…Una forma de comparar una pareja de teorías de este tipo es confrontar cada una de ellas con una serie de situaciones observables y registrar en qué grado es compatible cada una de las teorías rivales con esas situaciones, interpretadas en sus propios términos.
Si nos centramos en el problema de la elección de teorías, surge un problema adicional: ¿cuál de los diversos criterios de comparación se ha de preferir en aquellas situaciones en que estos criterios están en conflicto? Según Feyerabend, la elección entre criterios es subjetiva. La inconmensurabilidad, aunque no elimina todos los medios de comparar teorías inconmensurables rivales, lleva un aspecto de la ciencia necesariamente subjetivo.
Chalmers sugiere que hay que oponerse a la decisión de Feyerabend de sacar consecuencias subjetivistas del hecho de que algunas teorías rivales no pueden ser comparadas meramente por medios lógicos. En la cuestión de la elección de teoría, Chalmers está dispuesto a admitir que habrá algún elemento subjetivo implícito cuando un científico elija adoptar una teoría en lugar de otra, aunque estas elecciones estén influenciadas por factores externos tales como las perspectivas para su carrera y la disponibilidad de fondos. Sin embargo, aun cuando los juicios y deseos individuales sean en cierto sentido subjetivos y no puedan ser determinados por argumentos lógicamente obligatorios, esto no significa que sean inmunes a un argumento racional.
Chalmers es consciente de que las preferencias de los individuos no están determinadas únicamente por argumentos racionales, y que están fuertemente moldeadas e influenciadas por las condiciones materiales en que vive y actúa el individuo. Los juicios y deseos subjetivos de los individuos no son sacrosantos ni inmutables. Están abiertos a la crítica y al cambio por la argumentación y por la alteración de las condiciones materiales.
La ciencia no es necesariamente superior a otros campos
Otro importante aspecto de la teoría de Feyerabend sobre la ciencia se refiere a la relación entre la ciencia y otras formas de conocimiento. Feyerabend señala que muchos metodólogos dan por supuesto, sin argumento alguno, que la ciencia ( o quizás la física) constituye el paradigma de la racionalidad.
Feyerabend se queja de que los defensores de la ciencia suelen juzgarla superior a otras formas de conocimiento sin investigar adecuadamente estas otras formas.
Los racionalistas críticos han examinado la ciencia con gran detalle, pero su actitud hacia el marxismo o la astrología u otras herejías tradicionales es muy diferente. Aquí se consideran suficientes el examen más superficial y los argumentos más zafios.
Feyerabend no está dispuesto a aceptar la necesaria superioridad de la ciencia sobre otras formas de conocimiento, rechaza la idea de que pueda haber un argumento decisivo en favor de la ciencia frente a otras formas de conocimiento inconmensurables con ella.
El hecho de no ajustarse a las exigencias de la lógica clásica puede ser un defecto, pero no lo es necesariamente. Un ejemplo que pone es el de la mecánica cuántica. Para considerar la cuestión de si los modos de razonamiento implícitos en alguna versión de esta teoría violan o no las normas de la lógica clásica, es necesario investigar la mecánica cuántica y la forma en que funciona. Esta investigación puede revelar un nuevo tipo de lógica cuyas ventajas sobre la lógica más tradicional puedan ser demostradas en el contexto de la mecánica cuántica. Por otra parte el descubrimiento de violaciones de la lógica puede por supuesto constituir una seria crítica a la mecánica cuántica. Esto sucedería por ejemplo si se descubrieran contradicciones que tuvieran consecuencias indeseables; por ejemplo si se descubriera que para cada acontecimiento predicho por la teoría se podría predecir también la negación de ese acontecimiento.
El falso supuesto de que hay un método científico universal al que deberían ajustarse todas las formas de conocimiento desempeña un papel perjudicial en nuestra sociedad aquí y ahora, especialmente, a la luz del hecho de que la versión del método científico a la que normalmente se recurre es una tosca versión empirista o inductivista...
Diccionario filosófico · 1965
Teoría del conocimiento (o gnoseología)
Sección de la filosofía, que estudia la interrelación del sujeto y el objeto en el proceso de la actividad cognoscitiva, la relación del saber con la realidad, las posibilidades del hombre de conocer el mundo y los criterios de la autenticidad y veracidad del conocimiento. La teoría del conocimiento investiga la esencia de la relación cognoscitiva de hombre con el mundo, por lo cual cualesquiera de estas teorías parte necesariamente de una solución determinada del problema fundamental de la filosofía. Por eso, todas las variantes de la teoría del conocimiento se dividen ante todo en materialistas e idealistas. La dialéctica materialista es una doctrina filosófica del conocimiento, es lógica y teoría del conocimiento del marxismo; las leyes y categorías de la dialéctica materialista, constituyendo reflejos de las regularidades universales del desarrollo del mundo objetivo, resultan de esta manera formas generales del pensamiento cognoscente. Por eso, la teoría marxista del conocimiento, a diferencia de la gnoseología anterior, no es sólo una doctrina de las regularidades específicas del conocimiento, sino el resultado, la suma y la conclusión de la historia del conocimiento del mundo. Esto significa que en la filosofía marxista-leninista, la problemática específicamente gnoseológica de la relación entre la conciencia y la materia, entre lo ideal y lo material, de los criterios de la veracidad del saber, de la correlación entre lo sensorial y lo lógico, del reflejo, &c. se investiga con arreglo al método de la dialéctica materialista y en ligazón indisoluble con la doctrina del materialismo histórico, que permite desentrañar la esencia de la relación cognoscente del hombre con el mundo partiendo del análisis de la actividad práctico-material transformadora de aquél. De hecho, la historia de la teoría del conocimiento empieza por plantear en filosofía la cuestión de qué es el saber (Platón), aunque el término mismo “teoría del conocimiento” aparece mucho más tarde. La problemática de la teoría del conocimiento siempre ha desempeñado un papel sustancial en la historia de la filosofía, ocupando a veces el lugar central en ella. Una serie de corrientes de la filosofía burguesa se caracterizan por la reducción de la filosofía a la teoría del conocimiento (kantismo, machismo). Desde el punto de vista de algunos positivistas y científicos que comparten sus concepciones, el desarrollo impetuoso de los métodos científicos especiales del conocimiento (lógica matemática, semiótica, psicología, &c.) conduce a la liquidación de la teoría del conocimiento como ciencia filosófica. En cambio, el materialismo dialéctico opina que el desarrollo de los métodos científicos especiales de investigación no puede en principio eliminar la problemática filosófica de la teoría del conocimiento. Por el contrario, la estimula, planteándole nuevos problemas (por ejemplo, el estudio de las posibilidades de automatizar el trabajo intelectual). La teoría del conocimiento materialista dialéctica utiliza en su desarrollo los datos de las ciencias especiales modernas sobre el conocimiento, constituyendo la base metodológico-filosófica de las mismas...
VER COMPLETO ENhttp://www.filosofia.org/enc/ros/te01.htm
Producción de conocimientos científicos y problemas sociales en países en desarrollo

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Producción de conocimientos científicos y problemas sociales en países en desarrollo*
Produção de conhecimento científico e problemas sociais nos países em desenvolvimento
Production of scientific knowledge and social problems in developing countries
Pablo Kreimer**
Juan Zabala***
* Esta investigación recibió ayuda financiera del Programa Especial para la Investigación y Entrenamiento en Enfermedades Tropicales, TDR-UNICEF/UNDP/World Bank/WHO, 2004-2006.
** Sociólogo, Doctor en CTS (CNAM, París), Investigador Conicet, Profesor Ordinario Universidad Nacional de Quilmes, Argentina. E-mail: pkreimer@unq.edu.ar
*** Sociológo, Doctor en Ciencias Sociales (Flacso Argentina / Universite Paris 1 Pantheon Sorbone). Investigador Conicet. E-mail: jpzeta@unq.edu.ar
Resumen
En este trabajo se analizan las posibilidades y limitaciones del conocimiento científico para ser un instrumento de modificación de la realidad social. Para ello, se analiza la forma en que la enfermedad de Chagas formó parte de una política pública de producción de conocimientos a partir de la década de 1970, teniendo en cuenta la dinámica de producción de conocimientos científicos sobre el tema así como la intervención sobre el problema social.
Palabras clave: conocimiento científico, problemas sociales, enfermedad de Chagas, políticas públicas.
Resumo
Neste trabalho são analisadas as possibilidades e limitações do conhecimento científico para ser um instrumento de modificação da realidade social. Para isto, analisa-se a forma na qual a doença de Chagas formou parte de uma política pública de produção de conhecimentos a partir da década de 1970, considerando a dinâmica de produção de conhecimentos científicos sobre o tema bem como a intervenção sobre o problema social.
Palavras-chaves: conhecimento científico, problemas sociais, doença de Chagas, políticas públicas.
Abstract
In this article the possibilities and limitations of scientific knowledge for being an instrument to modify the social reality are analyzed. To do so, we analyze the way the Chagas disease was part of a public policy about knowledge production since the 70’s, taking into account the dynamic of scientific knowledge production on that topic as well as the intervention on the social problem.
Key words: scientific knowledge, social problems, Chagas disease, public policies.
Introducción
La producción de conocimiento científico ha sido reconocida (es decir, “construida”), por parte de diferentes actores vinculados con la promoción, producción, circulación y difusión del conocimiento científico, como una estrategia de intervención legítima sobre los problemas sociales: los poderes públicos, las comunidades académicas, los organismos internacionales, los medios de comunicación, entre otros, han instalado la creencia de que el desarrollo de conocimientos científicos es un método legítimo y eficaz para superar los problemas sociales a los que se encuentra sometida la población de América Latina, tales como deficientes condiciones de vivienda, de salud, ambientales, de acceso a bienes simbólicos, etc.
Ahora bien, cuando se ha intentado llevar estas ideas a la práctica –con la dificultad que esto supone en nuestra región–, las relaciones entre ciencia y sociedad han mostrado ser más complejas de lo que sugiere la imagen del progreso unívoco. En este trabajo pretendemos profundizar en esta complejidad, analizando las dimensiones claves que condicionan las posibilidades y limitaciones del conocimiento científico para ser un instrumento de modificación de la realidad social. Para ilustrarlo, analizamos la forma en que la enfermedad de Chagas hizo parte de una política pública de producción de conocimientos a partir de la década del setenta, considerando un conjunto de acciones (y de relaciones entre actores) cruciales para comprender tanto la dinámica que adquiere la producción de conocimiento como la intervención sobre un problema social...
La construcción del conocimiento histórico
Publicado por Firmas Invitadas
Nuestra firma invitada del día de hoy la Lic. Paola Figueroa es Doctora en Historia. Se desempeña como profesora en la Universidad Nacional de Cuyo (Facultad de Filosofía y Letras), Colegio Universitario Central (CUC) dependiente de la misma universidad, y en los Institutos de Formación Docente y Trabajo (IFDyT) 9-001 y 9-030 de la provincia de Mendoza (Argentina).
La construcción del conocimiento científico, tal cual lo conocemos y concebimos actualmente, proviene en realidad de la Ilustración del siglo XVIII. Durante este siglo, los estudiosos se ocuparon de plantear el acceso racional al conocimiento de las cosas del mundo natural y los hombres, el mundo social. Ellos fueron los responsables de la creación de la Enciclopedia, que en su titánico esfuerzo pretendió condensar en sus voluminosos tomos el conocimiento construido por el hombre hasta ese momento. Es importante, querido lector, que tengas en cuenta que la profundidad de estos cambios se produce de forma lenta y gradual, y en el caso que nos toca, el Renacimiento y el Humanismo modernos constituyeron antecedentes fundamentales para que este racionalismo tuviera lugar.
La Historia, así con mayúsculas, para distinguirla del relato o el conjunto de acontecimientos del pasado, es la disciplina científica que se ocupa del estudio de la sociedad a través del tiempo. En términos de Marc Bloch, historiador fundamental del siglo XX, es la “ciencia de los hombres en el tiempo”. A la vez que narración del pasado, la Historia explica, interpreta y lo comprende, identificando, analíticamente, diversos niveles de ese pasado que “medimos cronológicamente” en acontecimiento, coyuntura y estructura. O lo que es lo mismo, tiempo corto, tiempo mediano y el tiempo de la larga duración. La explicación e interpretación de ese pasado se realiza identificando causas, siempre así en plural (pluricausalidad) de los procesos a la vez que reconoce sus consecuencias (huellas, legados o herencias de ese pasado).
Se realiza desde diversos enfoques o perspectivas (multiperspectividad) y apoyada en los saberes de otras ciencias tales como la sociología, la geografía, la economía, la filosofía, la literatura, entre muchas otras (pluridisciplinariedad). Las conclusiones a las que arriba este conocimiento obtienen su validez a partir de evidencias y argumentos que se construyen a través de las “preguntas” que los historiadores hacemos a los vestigios e indicios que nos han llegado al presente de aquel pasado. Ellos constituyen la materia prima, la arcilla con la cual podemos edificar científicamente el pasado social humano, cuya principal función social es la comprensión del presente. Una sencilla clasificación de las fuentes históricas distingue las escritas, las orales, las materiales, las gráficas y las audiovisuales. A su vez, es oportuno aclarar, que las fuentes primarias son aquellas que proceden de la época que estamos estudiando. Es decir, fueron producidas por los mismos protagonistas de la etapa o período histórico que estamos investigando. En cambio las fuentes secundarias son los estudios que los historiadores han realizado sobre esa o esas etapas (la historiografía). Ambos son fundamentales en los trabajos que se realizan sobre el pasado. Volvamos a las fuentes. Las escritas han sido consideradas tradicionalmente las más importantes. Aunque cada vez más los estudios actuales, utilizan diversas fuentes para completar, complementar y calibrar la información y datos provenientes de cada una de ellas. Pensemos, por ejemplo, en una excavación arqueológica de una estación de ferrocarril del siglo pasado.
No sólo las fuentes materiales proveerán información relevante, sino que necesariamente esos datos deben completarse con lo que fuentes escritas puedan decir de ello. Tomemos otro ejemplo, el proceso de construcción del castrismo a partir de la Revolución Cubana en la década de 1960. Sobre este fundamental hito de la historia del siglo XX, no sólo hay disponibles fuentes escritas, sino también gráficas, audiovisuales e incluso, orales. Qué tipos de fuentes históricas podemos encontrar, para estudiar por ejemplo, la historia de la América nativa? Tomamos este caso porque reviste singular importancia, no sólo porque somos americanos, sino por la heterogeneidad y la confluencia de fuentes, disciplinas, enfoques teóricos y campos procedimentales para acceder al conocimiento de aquellos enormes mundos pre-europeos. Los pueblos cazadores-recolectores-pescadores-mariscadores han dejado huella de su cultura y sabemos de ella a partir de los restos materiales que hallamos en las excavaciones arqueológicas. Mientras más nos acercamos en el tiempo, las sociedades complejas como la mexica (aztecas); maya (quiché y cackchiquel) e inca en los Andes centrales de Sudamérica nos dejaron sus propios escritos.
En el caso mesoamericano, a través de singulares sistemas de escritura (códices), poseemos información sobre su historia, religión, escenas de vida cotidiana, calendarios agrícolas y mágicos, literatura, gramática, geografía, entre otros datos. Del mundo andino poseemos los”quipus”, un instrumento de registro de información cuantitativa y cualitativa sobre el mundo andino, construido a partir de cuerdas y nudos de lana y algodón, de diversos tipos, largos, colores, etc. 1492 es la fecha que pone en marcha otra etapa de la historia americana, signada en sus inicios por la invasión europea de España, Portugal, Francia e Inglaterra, y luego por el proceso de dominación cultural que reordenó y resignificó todo lo conocido, podríamos decir casi con seguridad, a ambos lados del Atlántico. Si bien podemos distinguir entre vencedores y vencidos, el “encubrimiento del otro” 3 no detuvo un proceso implacable de mestización, de occidentalización 4 que tuvo lugar en los siglos XVI, XVII y XVIII...
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INVESTIGACIÓN SOCIAL
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¿EL HOMBRE CÓMO PRODUCE EL CONOCIMIENTO?
Decía Max Planck que “los experimentos son el único medio de conocimiento a nuestra disposición. El resto es poesía, imaginación”. Unas palabras muy pertinentes en los tiempos que corren, donde todo el mundo parece esgrimir su propia verdad y espera el mismo respeto epistemológico de ella.
Como es esencial para la vida humana... es comprensible que el hombre dedique parte de su vida a adquirir conocimientos. Todas las sociedades ponen especial interés en que los niños y los jóvenes adquieran conocimientos que se consideran importantes para la vida social, para el trabajo, para la supervivencia. Hay quienes hablan incluso de “preparar para la vida”... La sociedad transmite a las nuevas generaciones el conocimiento acumulado a lo largo del tiempo; es decir, transmite lo que se llama cultura.
El conocimiento humano es siempre cerebral, y que ese conocimiento cerebral es inseparable de un sujeto y de un entorno, tanto un entorno social como un entorno natural. Es un conocimiento de un cerebro que pertenece a un cuerpo, a una sociedad y a un medio natural.
El conocimiento se da a través de las vivencias, experiencias, que tiene el hombre en su diario acontecer, cada día que pasa el ser humano puede aprender o no aprender, todo depende de lo útil que sea para él o si en verdad es importante y le servirá. “El conocimiento es un conjunto de información almacenada mediante la experiencia o el aprendizaje (a posteriori) o a través de la introspección (a priori). Para el filósofo griego Platón, el conocimiento es aquello necesariamente verdadero (episteme). En cambio, la creencia y la opinión ignoran la realidad de las cosas.”
Para el filósofo griego Platón, el conocimiento es aquello necesariamente verdadero (episteme). En cambio, la creencia y la opinión ignoran la realidad de las cosas, por lo que forman parte del ámbito de lo probable y de lo aparente.
El conocimiento tiene su origen en la percepción sensorial, después llega al entendimiento y concluye finalmente en la razón. Se dice que el conocimiento es una relación entre un sujeto y un objeto. El proceso del conocimiento involucra cuatro elementos: sujeto, objeto, operación y representación interna (el proceso cognoscitivo).
Fuente.
Biblioteca Sapiens Historicus
Es posible que el historiador tienda a ser demasiado generoso, porque un historiador debe aprender a atender y a escuchar a grupos muy dispares de gente e intentar comprender su sistema de valores y su conciencia. Evidentemente en una situación de compromiso total no siempre puedes permitirte esa clase de generosidad. Pero si no te la permites en absoluto te colocas en una especie de posición sectaria en que cometes repetidamente errores de juicio en tus relaciones de juicio con otras personas. Recientemente hemos visto mucho de esto. La conciencia histórica debe ayudarnos a entender las posibilidades de transformación, las posibilidades contando con la gente.
Edward Thompson (1924-1993)
Atlas de México y el Nuevo Mundo agregó una foto nueva al álbum FILOSOFÍA Y TEORÍA DE LA HISTORIA.
HISTORIA DE LA HISTORIOGRAFÍA, por Zoraida Vázquez. Ediciones Ateneo; 1978, 90 p.
https://archive.org/…/ZoraidaVazquezJosefina.HistoriaDeLaHi…
https://ia600903.us.archive.org/…/Zoraida%20Vazquez%2C%20Jo…