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jueves, 25 de enero de 2024

LA CRISIS QUE CAMBIÓ EL MUNDO (Y ARGENTINA) POR VARIAS DÉCADAS


La crisis que cambió al mundo (y Argentina) por varias décadas
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Pablo Maas

   
Por Pablo Maas


En octubre de 1973, la Opep dispuso suspender sus envíos de petróleo a Estados Unidos, en represalia por el apoyo de Washington a Israel durante la guerra de Yom Kipur. Al mismo tiempo, decidió recortar su producción y fijar precios de exportación más altos, que pasaron de US$ 2,90 a mediados de 1973 a US$ 5,12 en octubre y a US$ 11,65 en diciembre.

La multiplicación por cuatro de los precios provocada por el embargo del petróleo árabe y la asunción por los exportadores del control completo para fijar esos precios, produjeron grandes cambios en todos los rincones de la economía mundial, cuenta Daniel Yergin en su monumental “Historia del Petróleo”.


“Las ganancias combinadas del petróleo obtenidas por los exportadores aumentaron de US$ 23.000 millones en 1972 a US$140.000 en 1977”, observa. Estos “petrodólares” se reciclaron en el sistema financiero internacional, que los prestó a los países más perjudicados por el shock, iniciando un ciclo de crisis de deudas bien conocido en Latinoamérica.

Pero el impacto de la crisis desatada por la Opep, que había sido fundada en 1960, tuvo múltiples repercusiones. El brutal cambio de precios relativos sumergió en la recesión y la inflación a gran parte de la economía mundial. El PIB de Estados Unidos se hundió un 6,8% entre el último trimestre de 1973 y el primero de 1975. La economía de Japón se contrajo por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial en el mismo período.


En muchos países, el costo de vida trepó a tasas de dos dígitos por primera vez en el siglo. En agosto de 1975, la inflación en Gran Bretaña alcanzó una tasa anual del 27%, la peor de todo el siglo XX, incluyendo las dos guerras mundiales.

La historia de los veinte años que siguieron a 1973 “es la historia de un mundo que perdió? su rumbo y se deslizo? hacia la inestabilidad y la crisis”, resumió Eric Hobsbawm, en “La era de los extremos. El corto siglo XX”. El shock petrolero de 1973 es considerado un punto de inflexión en la historia económica del Siglo XX. Marcó el pasaje de una era de petróleo barato a otra de combustibles más caros. De hecho, buena parte del boom de la posguerra, los “30 años gloriosos”, como los llamaron los franceses, se apoyó en buena medida en la existencia de una oferta abundante y barata de petróleo que lubricó el crecimiento de la actividad y permitió financiar al Estado de Bienestar en muchas economías desarrolladas.


Ante la prolongada “estanflación” de la década de 1970 que inauguró el shock de oferta petrolero, las políticas de demanda keynesianas no surtían efecto. Las colas en las estaciones de servicio, el racionamiento de combustibles en Estados Unidos y la sensación de caos que esto provocaba, fue la imagen predominante de la época. Eventualmente, ese fracaso despejó el camino para la “revolución conservadora” de Thatcher y Reagan a partir de los '80 y el comienzo de una nueva etapa de desmantelamiento del poder económico de los estados.

En Argentina, el shock petrolero se hizo sentir durante el tercer Gobierno peronista, que tuvo como primer ministro de Economía a José Ber Gelbard. Los términos del intercambio, que habían favorecido al país durante los años precedentes, se revirtieron drásticamente a partir de 1974. En el primer semestre de ese año, las importaciones de Argentina se encarecieron 40%. En el mismo año, el Mercado Común Europeo, que se proponía sobrevivir al vendaval de la crisis petrolera, cuidaba la balanza de pagos de sus miembros y, entre otras medidas, suspendió las importaciones de carne extra zona. Esto le costó al país, que enviaba el 60% de sus exportaciones de carne a Europa, US$ 350 millones.


El ajuste interno a las nuevas condiciones internacionales se demoró algunos meses, pero la acumulación de presiones inflacionarias finalmente estalló en junio de 1975. El “Rodrigazo”, que para muchos economistas marcó el inicio de la decadencia de varias décadas que ya lleva la economía argentina, también tuvo en su génesis la crisis petrolera que sacudió al mundo casi dos años antes. Los precios petroleros siguieron escalando durante la década y tomaron nuevo impulso a partir de 1979, a causa de la revolución iraní.

Pero los mayores precios impulsaron la puesta en producción de yacimientos offshore más costosos, como los del Mar del Norte y el Golfo de México, cuya oferta pronto se hizo sentir en el mercado petrolero mundial, moderando el aumento de los precios. Más recientemente, se produjo otro fenómeno que, en la década de 1970, aparecía como una quimera: la producción de petróleo y gas no convencional con la tecnología del “fracking”.



Esto permitió a Estados Unidos alcanzar el autoabastecimiento y convertirse en el primer productor mundial de crudo. Desde entonces, y con el avance de las fuentes de energía renovables como la eólica y la solar, el petróleo ha perdido centralidad en las disputas geopolíticas del Siglo XXI. Fin de un ciclo.

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ACTIVIDADES
1.-¿Cuáles son los roles de los factores de demanda y oferta?
2.-¿Qué persistencia tendría este cambio de la oferta?
3.-¿Cuáles son los efectos probables sobre la economía mundial?
4.-¿Cuáles son los efectos probables en la Argentina?

¿POR QUÉ SE SIGUEN PRODUCIENDO INVESTIGACIONES EN LA QUEBRADA DE HUMAHUACA?

Anteriormente comentamos que luego de 1900 existió un interés inusitado, por investigaciones de todo tipo, comandadas por personalidades de Museos o de Universidades. En la mayoría imperaban todo tipo de intereses de figuración o de mejoras en los elementos protegidos por museos, para decirlo suavemente.
Por otra parte, en la actualidad, no solo se ponen en juego intereses científicos, sino los de las comunidades de pueblos originarios y de otras personas de la zona, que pasan por una amplia gama de intereses legítimos de funcionarios y gestores de servicios turísticos, siempre tratando de explicar, con la misma suavidad.
En nuestro caso, los intereses de más de treinta años, se vinculan con necesidades simples de aprender y otras no tan simples de enseñar aplicando las nuevas técnicas y métodos de la Didáctica y la Pedagogía de las CIENCIAS SOCIALES. Que luego sirven, para otros lados. Por eso, cuando leo algún tonto de capirote queriendo hacer una vinculación de edad y miedos, no puedo menos que afirmar lo de tontos o de enfermos. Sin querer pensar en todo lo que les falta, para tener algún tipo de utilidad real dónde trabajan o trabajaban.

"...En el contexto mundial de la globalización y expansión del capitalismo sobre
territorios antes marginales, sectores de Sudamérica que se encontraban aisla-
dos encuentran nueva relevancia bajo el paradigma del desarrollo. En el Noroeste
argentino, la Quebrada de Humahuaca es uno de ellos. Como señalan Belli y
Slavutsky (2009), este avance supone el despojo de los medios de producción, en
especial la tierra, de los campesinos e indígenas. En ese marco, la patrimonializa-
ción, que promete preservar los recursos patrimoniales, junto con el crecimiento
del turismo, que promete desarrollo de regiones marginales, han sido los instru-
mentos que permitieron el avance del capitalismo en la región (Almirón, Berton-
cello y Troncoso 2006; Belli y Slavutsky 2009; Mancini y Tommei 2012).
Por otro lado, desde la década de los años 90, y más especialmente en los úl-
timos años, se han generado diversas instituciones y mecanismos con el fin de
garantizar los derechos de los pueblos originarios. No obstante, desde el punto
de vista de algunos de los agentes que forman parte de las nuevas organizacio-
nes locales —tales como el Consejo de Participación Indígena (CPI )—, la política
nacional llevada a cabo por distintos organismos no cubre todas las expectativas
o necesidades de las comunidades y sus representantes.3
 Entre otros aspectos, así
surgen una serie de contradicciones ya que mientras que los pueblos originarios
o las comunidades reclaman al Estado nacional argentino subsidios o represen-
tación, por ejemplo a través del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI ),4
al mismo tiempo exigen autonomía en todas sus decisiones, incluyendo las que
exceden el control de sus tierras, con el fin de volver al dominio de los territorios
que históricamente les pertenecen..."
"...Si observamos en perspectiva sudamericana la situación de las comunidades
indígenas, es indudable que toda intervención arqueológica y antropológica no
sólo se verá atravesada por los saberes y las prácticas que se generan desde la aca-
demia sino, también, por el contexto social y político en el cual se hallan inmersos
los académicos y sus objetos de estudio. En el caso de las comunidades de la Que-
brada de Humahuaca, y en particular, de las que forman parte del departamento
de Humahuaca, ellas apelan a la autonomía de sus decisiones tanto al nivel de las
comunidades locales, como al nivel de la comunidad general o nación Omaguaca.5
En este sentido, Lifschitz (2006, 68) señala que al contrario de lo esperado por el
discurso de la globalización hay un movimiento inverso, que conforma lo que él
llama “neocomunidades”: “ao invés de participarem dos fl uxos de desterritoriali-
zação e hibridação, as neocomunidades representam uma tendência à refundação
de territórios tradicionais e à produção de ‘autenticidades’ culturais delimitadas
espacial e simbolicamente”.

En el caso de la Quebrada de Humahuaca este proceso se ha visto incentivado,
a la vez que regulado, por el mismo Estado argentino en el reconocimiento oficial
de comunidades indígenas. A su vez, estas designaciones generaron una nueva
legitimidad de antiguos reclamos vinculados al acceso a la tierra y al territorio.
Por su parte, si analizamos los distintos discursos y prácticas de la academia,
puede decirse que no hay intensiones científi cas puras. En este sentido, actual-
mente se visualiza una lucha de poder dentro de sectores de la academia arqueo-
lógica, en particular en nuestro país lo hemos podido observar en el diálogo con
colegas y en el marco de distintos eventos y reuniones científicas. Por un lado,
están aquellos que abogan (más o menos conscientemente) por la formación, con-
solidación y reproducción de una burocracia científica que legitima las maneras
correctas de hacer ciencia (en el sentido de Bourdieu [2003]), y por el otro, están los
que cuestionan desde análisis más postcolonialistas ciertas prácticas científi cas
vigentes, en un intento de solidaridad con la postura de las comunidades o sus
representantes. Cuando se asume esta última posición la práctica profesional se
vuelve un ejercicio más reflexivo, crítico y pluralista, que permite que comiencen
a circular otros relatos “dejando de lado el centralismo del saber universitario,
preocupado por los resultados, más que por los procesos de producción del co-
nocimiento” (Manasse y Arenas 2010a, 3; Lenton 2009). Es interesante notar que
algunos de estos nuevos discursos y prácticas no proceden sólo del sistema aca-
démico, sino también de nuevos agentes sociales locales que aspiran a participar
de eventos políticos, sociales y académicos haciendo más evidente la necesidad de
vincular la práctica arqueológica con el presente y el futuro de las comunidades
originarias..."


CONICET_Digital_Nro.c646455b-0c98-47ae-bc97-b199102b1847_A (2).pdf

PRÁCTICAS MORTUORIAS PREHISPÁNICAS QUEBRADA DE HUMAHUACA

No son mis preferidas, pero son las más comunes (porque hay más de 10.000 años
de Historia, cómo mínimo, en una zona siempre muy poblada y transitada). Pero el año pasado, para esta época, debí ocuparme.


Prácticas mortuorias prehispánicas en Quebrada de Humahuaca (Jujuy, Argentina)
Autores
Veronica Seldes
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Instituto de Ciencias Antropologicas, Facultad de Filosofia y Letras Universidad de Buenos Aires (UBA) Belgrano 445 – CP 4624 – Jujuy
DOI: https://doi.org/10.9789/2525-3050.2018.v3i5.129-156
Resumo
El objetivo de este trabajo es evaluar las prácticas mortuorias prehispánicas de los pueblos que vivieron en la Quebrada de Humahuaca (Jujuy, Argentina). Se consideran diferentes momentos de ocupación de la región, analizando si hubo variaciones a lo largo del tiempo en las expresiones materiales de los rituales funerarios. Esto brinda información no solo sobre los momentos de despedida de los difuntos, sino también sobre la cosmovisión del grupo y sus lógicas culturales. A través de la recopilación de investigaciones realizadas desde principios del siglo pasado, se registra la información sobre arquitectura funeraria y el acompañamiento mortuorio. Del análisis se desprende que algunas características como los entierros siendo parte de los espacios de uso cotidiano, se mantuvieron a lo largo del tiempo; mientras que el acompañamiento mortuorio registra cambios que dan cuenta de la dinámica de los procesos sociales de estos pueblos

miércoles, 24 de enero de 2024

EL GENERAL SAN MARTÍN, por Juan Bautista Alberdi (fragmento)




...abatido con su espada? Se puede decir con verdad que el General San Martín es el vencedor de Pizarro: ¿a quién, pues, mejor que al vencedor, tocaba la bandera del vencido? La envolvió a su espada y se retiró a la vida oscura, dejando a su gran colega de Colombia la gloria de concluir la obra que él había casi llevado hasta su fin. Los documentos que a continuación de esta carta se publican por primera vez en español, prueban de una manera evidente que el General San Martín hubiera podido llevar a cabo la destrucción del poder militar de los españoles en América y que aún lo solicitó también con un interés y una modestia inaudita en un hombre de su mérito. Pero, sin duda, esta obra era ya incumbencia de Bolívar; y éste, demasiado celoso de su gloria personal, no quiso cederla a nadie. El General San Martín como se ve, pues, no dejó inacabado un trabajo que hubiera estado en su mano concluir.

Como parece estar decidido de un modo providencial que nuestros hombres célebres del Río de la Plata, hayan de señalarse por alguna originalidad o aberración de carácter, también nuestro titán de los Andes ha debido tener la suya. Si pudiéramos considerarlo hombre capaz de artificio o disimulo en las cosas que importan a su gloria, sería cosa de decir que él había abrazado intencionalmente esta singularidad: porque, en efecto, la última enseña que hay que agregar a un pecho sembrado de escudos de honor, capaz de deslumbrarlos a todos, es la modestia. He aquí la manía, por decirlo así, del General San Martín; y digo la manía, porque lleva esta calidad más allá de lo que conviene a un hombre de su mérito. Por otra parte, bueno es que de este modo vengan a hallarse compensadas las buenas y malas cosas en nuestra historia americana. Mientras tenemos hombres que no están contentos sino cuando se les ofusca con el incienso del aplauso por lo bueno que no han hecho, tenemos otros que verían arder los anales de su gloria individual sin tomarse el comedimiento de apagar el fuego destructor.

No hay ejemplo (que nosotros sepamos) de que el General San Martín haya facilitado datos ni notas para servir a redacciones que hubieran podido serle muy honrosas; y difícilmente tendremos hombre público que haya sido solicitado más que él para darlas.

La adjunta carta (NOTA: no figura la misma en nuestros archivos) al general Bolívar, que parecía formar una excepción de esta práctica constante, fue cedida al señor Lafond, editor de ella, por el secretario del Libertador de Colombia. Se me ha dicho que cuando la aparición de la Memoria sobre el General Arenales publicada por su hijo, un hombre público de nuestro país, escribió al General San Martín, solicitando de él algunos datos y su consentimiento para refutar al General Arenales, en algunos puntos en que no se apreciaba con la bastante latitud los hechos esclarecidos del Libertador de Lima, el General San Martín rehusó los datos y hasta el permiso de refutar a nadie en provecho de su celebridad.

El actual rey de Francia, que es conocedor de la historia americana, habiendo hecho reminiscencia del General San Martín, en presencia de un agente público de América, con quien hablaba a la sazón, supo que se hallaba en París desde largo tiempo. Y como el rey aceptase la oferta que le fue hecha inmediatamente de presentar ante S.M. al general americano, no tardó éste en ser solicitad con el fin referido; pero el modesto general, que nada tiene que hacer con los reyes y que no gusta de hacer la corte, ni de que se la hagan a él; que no aspira no ambiciona a distinciones humanas, pues que está en Europa, se puede decir, huyendo de los homenajes de catorce repúblicas, libres en gran parte por su espada, que si no tiene corona regia, la lleva de frondosos laureles, en nada menos pensó que en aceptar el honor de ser recibido por S.M. y no seré yo el que diga que hubiese hecho mal en esto.

Antes que el señor marqués Aguado verificase en España el paseo que le acarreó su fin, hizo las más vehementes instancias a su antiguo amigo el General San Martín para que le acompañase al otro lado del Pirineo. El General se resistió, observándole que en su calidad de general argentino le estorbaba entrar en un país con el cual el suyo había estado en guerra, sin que hasta hoy tratado alguno de paz hubiese puesto fin al entredicho que había sucedido a las hostilidades: y que en calidad de simple ciudadano le era absolutamente imposible aparecer en España, por vivos que fuesen los deseos que tenía de acompañarle. El señor Aguado, no considerando invencible este obstáculo, hizo la tentativa de hacer venir de la corte de Madrid el allanamiento de la dificultad. Pero fue en vano, porque el gobierno español, al paso que manifestó su absoluta deferencia por la entrada del General San Martín como hombre privado, se opuso a que lo verificase en su rango de general argentino. El Libertador de Chile y el Perú, que se dejaría tener por hombre oscuro en todos los pueblos de la tierra, se guardó bien de presentarse ante sus viejos rivales, de otro modo que con su casaca de Maipo y Callao; se abstuvo, pues, de acompañar a su antiguo camarada. El señor Aguado marchó sin su amigo y fue la última vez que le vio en la vida. Nombrado testamentario y tutor de los hijos del rico banquero de París, ha tenido que dejar hasta cierto punto las habitudes de la vida inactiva que eran tan funestas a su salud. La confianza de la administración de una de las más notables fortunas de Francia, hecha a nuestro ilustre soldado, por un hombre que le conocía desde la juventud, hace tanto honor a las prendas de su carácter privado, como sus hechos de armas ilustran su vida pública. El General San Martín habla a menudo de la América, en sus conversaciones íntimas, con el más animado placer: hombres, sucesos, escenas públicas y personales, todo lo recuerda con admirable exactitud. Dudo, sin embargo, que alguna vez se resuelva a cambiar los placeres estériles del suelo extranjero, por los peligrosos e inquietos goces de su borrascoso país. Por otra parte, ¿será posible que sus adioses de 1829, hayan de ser los últimos que deba dirigir a la América, el país de su cuna y de sus grandes hazañas?”


Juan Bautista Alberdi

Fuente: Archivos de documentos mecanografiados encarpetados – INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
https://sanmartiniano.cultura.gob.ar/noticia/dia-del-abogado/
Ver la carta de San Martín a Bolívar en https://elhistoriador.com.ar/carta-de-jose-de-san-martin-a-simon-bolivar/

“UNA GUERRA POCO CONOCIDA”:



“UNA GUERRA POCO CONOCIDA”: REFLEXIONES EN TORNO A LA GUERRA DE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA CONTRA LA CONFEDERACIÓN PERUANO-BOLIVIANA Y SU TRATAMIENTO HISTORIOGRÁFICO Mariana Inés Caputoa 

 RESUMEN El artículo analiza la Guerra entre la Confederación Argentina y la Confederación Peruano-Boliviana (1836-1839) a través su tratamiento historiográfico. Mediante la lectura crítica de los libros y artículos temáticos editados en Argentina desde fines del siglo XIX hasta la actualidad, se pretende alcanzar dos objetivos. Por un lado, dar cuenta del estado de conocimiento actual de esta guerra “poco conocida”, y por otro, examinar las narrativas de los historiadores, sus cambios y continuidades a la luz de las principales escuelas historiográficas. Se advierte que examinar los procesos de producción de conocimiento y problematizar el rol de los historiadores como agentes involucrados en la (re)construcción de los hechos es el puntapié inicial para develar los silencios y el complejo entramado de significaciones políticas, ideológicas y de poder que subyacen a la producción histórica. PALABRAS CLAVE: Guerra entre Confederaciones; Historiografía Argentina; Construcción de conocimiento; Libros; Antropología Histórica. Mariana Inés Caputo, Sección Etnohistoria, Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Puán 480. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. 

86 INTRODUCCIÓN En los últimos años surgió, por parte de la Historia académica, un renovado interés por el estudio del rol de la guerra en la conformación de los Estados nacionales. Desde estos abordajes se postula como punto de partida que las luchas armadas no sólo caracterizaron el largo período del siglo XIX americano tras la crisis del orden colonial, sino que además fueron uno de los factores más determinantes y condicionantes del marco de contingencia en el que se desarrollaron los Estados (Pro Ruíz, 2012). De esta manera, los fenómenos militares recobraron la importancia que habían tenido en los comienzos de la disciplina, pero ahora integrados a las más diversas problemáticas y ponderados en sí mismos como objeto de estudio. Así, los investigadores buscan demostrar cómo estos hechos afectaron el funcionamiento social, prácticas económicas, relaciones interpersonales, actores sociales involucrados, entre otras dimensiones que definen los derroteros de una sociedad (Gelman, 2005; Rabinovich, 2015). No obstante esta atención, algunos acontecimientos bélicos se mantienen marginados de las producciones historiográficas o son abordados parcialmente como parte de procesos más amplios y generales. Este pareciera ser el caso del conflicto entre la Confederación Argentina y la Confederación Peruano-Boliviana, acaecido en el noroeste argentino y sur boliviano entre 1836 y 1839. 

Los pocos especialistas que escribieron sobre ese episodio visibilizaron el desconocimiento o menosprecio hacia esta guerra y su papel en la política del país, y por ello la bautizaron como guerra “poco conocida” (Basile, 1943; Pavoni, 1981; Sánchez, 2017). El siguiente trabajo pretende realizar un primer acercamiento a la producción académica y no académica argentina sobre la guerra entre la Confederación Argentina y la Confederación Peruano-Boliviana con dos propósitos. Por un lado, dar cuenta del estado de conocimiento sobre este suceso y por otro, ahondar en sus narrativas al situarlas históricamente en relación a las distintas corrientes historiográficas y sus condiciones de creación.

 Ello permitirá comenzar a vislumbrar el lugar que la disciplina le dio al hecho, cuáles aspectos fueron destacados y cuáles silenciados. Con ese fin, se expondrán sintéticamente los sucesos socio-históricos del conflicto, para examinar, a la luz de los diversos contextos de producción, el conjunto de la bibliografía sobre los acontecimientos y reflexionar sobre la (re) construcción de conocimiento. Pero antes es pertinente presentar las fuentes de la investigación y los criterios de selección y análisis, subrayando las limitaciones a las que nos enfrentamos en la tarea. 

MATERIALES Y METODOLOGÍA La investigación se sostiene en la lectura crítica de fuentes, en nuestro caso, textos académicos y no académicos editados en Argentina que abordaron la Guerra entre la Confederación Argentina y la Confederación Peruano-Boliviana. De ellos se destacan cuatro: dos íntegramente dedicadas a la contienda y otras dos que la desarrollaron en detalle aunque no fuera su propósito principal. Entre las primeras obras están Una Guerra poco conocida de Clemente Basile (1943) y Nación e identidad durante la guerra contra la Confederación PeruanoBoliviana (1836-1839) de Matías Sánchez (2017). Entre las segundas, Jujuy bajo el signo federal de Miguel Ángel Vergara (1938) y El Noroeste argentino en la época de Alejandro Heredia de Norma Pavoni (1981). Mas la bibliografía es escasa y se trata, en mayor medida, de capítulos de libros o artículos de revistas científicas. Pero en conjunto, las publicaciones datan desde 1877 hasta la actualidad. Por lo tanto, brindan un marco significativo para entender los procesos de producción historiográfica en la larga duración y para captar cambios y continuidades en las interpretaciones de los hechos. Para este artículo se seleccionaron aquellos escritos que han tratado la Guerra entre las Confederaciones a través de, por lo menos, un apartado especial dentro de la obra. No se tuvieron en cuenta aquellos trabajos publicados únicamente en páginas web ya que requeriría un procedimiento particular de abordaje. 

Del mismo modo, como el objeto de estudio está centrado a la historiografía nacional, solo se indagaron textos publicados en nuestro país1 . Con tales criterios, entonces, se delimitó un corpus de fuentes viable y confiable2 . El marco teórico-metodológico se cimienta en la noción de operación historiográfica de Michel de Certeau, que a pesar de ser revisada por diversos autores, es aún una referencia ineludible en los estudios de la historia de la historiografía por el potencial que ofrece para la interpretación y la crítica (Zeitler, 2015). Parte de considerar a la Historia como una práctica, ya que construye su conocimiento en la acción. El “hacer” involucra una serie de fases3 imbricadas entre sí que influyen en el proceso. A saber: el lugar social de producción, es decir, presiones y privilegios que establece la disciplina y sus instituciones en un contexto social particular que habilita ciertas narraciones y prohíbe otras; los procedimientos analíticos, o sea, las distintas técnicas que transforman la materia del pasado en Historia; y el proceso de construcción del texto mismo en la escritura, que coacciona los resultados de las investigaciones y oculta el proceso de su propia creación (De Certeau, 1985). Asimismo, el aporte se complejiza con el enfoque de Paul Ricoeur, que pone en diálogo las condiciones estructurales mencionadas con las representaciones e intereses individuales de los autores (Ricoeur, 2008; Zeitler, 2015). 

En este sentido, buscamos vincular lo escrito sobre la Guerra entre las Confederaciones con las corrientes historiográficas a las cuales adscriben 1 Eso no implica desconocer la importancia de los distintos ámbitos de producción de la Historia y el aporte de autores extranjeros, que en posteriores avances se prevé contemplar. Concordamos con Trouillot en que para comprender la narración histórica como un todo es necesario ver la pluralidad de lugares donde se produce la Historia, más allá de la academia y de una fragmentación nacionalista (2017). 2 Por cuestiones de accesibilidad, ya que algunos libros han tenido poca tirada y se encuentran desperdigados en distintas bibliotecas provinciales, hasta aquí se ha relevado el 90 % de la bibliografía. 3 El concepto de “fase” fue propuesto por Ricoeur para evitar equívocos de la sucesividad de las operaciones, y de la relación infraestructura-estructura, ya que las tres son bases una de la otras (2008). los sujetos y las escuelas dominantes de la época de generación de las obras. Para ello será necesario, aparte de estudiar el lugar social de producción en cuestión, reparar en sus instituciones, sus abordajes metodológicos y el espacio dado a las luchas armadas en el plano discursivo, como también la inserción de los historiadores en la disciplina y sus propios intereses. 

Al tratar con fuentes que no fueron escritas para responder a nuestros fines, debemos “leerlas entre líneas”, atendiendo a la información que dejan entrever sobre el proceso de producción de las narrativas y la que omiten o silencian (Nacuzzi, 2002). A partir de esos datos, podremos comparar similitudes y diferencias en las interpretaciones de la guerra estudiada, lo que posibilitará desenmascarar de manera primaria el ejercicio diferencial de poder que posibilita e imposibilita ciertos discursos, lo que habilita su cuestionamiento y el surgimiento de nuevas interpretaciones (Trouillot, 2017). 

 LA GUERRA ENTRE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA Y LA CONFEDERACIÓN PERUANO-BOLIVIANA Como se señaló antes, la Guerra entre ambas confederaciones se inscribió dentro de los procesos de formación de los Estados sudamericanos y enfrentó entre 1836 y 1839 a dos proyectos distintos. De un lado, uno integracionista, ideado y liderado por Andrés de Santa Cruz, prestigioso político boliviano y militar que pretendía cumplir la anhelada unidad latinoamericana de San Martín y Bolívar. De corta duración, la Confederación Peruana-Boliviana nació como una congregación de tres entidades políticas, el Estado Nor-Peruano, el Sud-Peruano y la República de Bolivia, sobre la base de un mercado interno que pretendía integrar los territorios históricamente unidos y que restableciera los viejos circuitos mercantiles (Méndez, 2000). Mas no contó con gran consenso y se vio debilitada por pujas internas y externas (Barragán, Lema Garret & Mendieta Parada, 2015). Por otro lado, un modelo más localista o nacional como el argentino, nacido con la intención de asentar un orden político federal estable. La Confederación Argentina, además de refrenar la sangrienta disputa contra los unitarios, buscó  regular las relaciones interprovinciales y garantizar las autonomías locales pero bajo supremacía de Buenos Aires y de Juan Manuel de Rosas, delegado de las relaciones exteriores desde 1835 (Salvatore, 1998). En el plano internacional, se caracterizó por perseguir la independencia política pero tuvo una fuerte dependencia económica con metrópolis como Gran Bretaña (Halperin Donghi, 1993). 

Asimismo Chile, cuyo proyecto de conformación estatal era similar al argentino, encontró en la Confederación Peruano-Boliviana una amenaza a la integridad nacional. En el caso trasandino el temor se debió esencialmente a motivos económicos, ya que ponía en jaque su predominio sobre el comercio del Pacífico. Aunque este trabajo no aborda la participación chilena por cuestión de espacio, es indispensable para entender el fenómeno. 

Chile fue el Estado que inició la contienda, promovida por su Ministro de Guerra Diego Portales, quien mantuvo contacto con Rosas pese a no establecer un tratado formal de común acuerdo. Además, fue el claro ganador del conflicto. En alianza con las élites comerciales peruanas que veían en Santa Cruz un intruso4 , lograron la victoria en la Batalla de Yungay, hecho que desembocó la caída del líder boliviano y el abrupto final de su proyecto político a comienzos de 1839 (Barragán et al., 2015). 

En cuanto a la declaración de guerra por parte de la Confederación Argentina, se esgrimieron varias causas. Entre ellas, las viejas disputas territoriales por la cuestión de Tarija5 o los vínculos políticos 4 Durante esos años se gestó en Perú un nacionalismo criollo, proyecto ideológico de la élite limeña opositora a la Confederación, que definía la peruanidad por la exclusión y desprecio hacia el indio. Así, Santa Cruz era tildado “intruso” más por su origen indio que por ser boliviano (Méndez, 2000). 5 Tarija fue una región disputada entre Argentina y Bolivia durante años. Quedó bajo las órdenes del Virreinato del Río de la Plata en 1776 y en 1807 fue anexada a la Intendencia de Salta del Tucumán. En principio, apoyó las declaraciones independentistas, pero fue convertido en bastión realista y escenario de las guerras durante casi quince años. Liberado el Alto Perú en 1825, Salta reclamó sus derechos sobre ella. Sin embargo, triunfó en 1826 la facción de tarijeños que deseaba integrarse a la República Boliviana (Mata & Figueroa, 2005). Hasta 1839, los gobiernos de Salta y Tarija estuvieron en tensión por ello. entre emigrados unitarios por las guerras civiles con allegados al gobierno boliviano, lo que inquietaba a la administración rosista por su injerencia en un posible ataque. También existieron acusaciones cruzadas y ambiciones de políticos locales de anexar Potosí y Jujuy con el fin de ganar prestigio y conseguir los réditos del comercio altoperuano. 

Este último punto involucró en especial a las figuras de Fernando Campero Barragán y Alejandro Heredia. El primero fue heredero del Marquesado del Valle de Tojo, mayorazgo que desde principios del siglo XVII mantenía el dominio de un vasto territorio situado a ambos lados de la frontera argentinoboliviana, desde la Puna hasta las Yungas. A su vez, subordinaba a la población mediante el cobro de arriendo y la obligación de servicio personal, empero la prohibición de tal sistema de explotación servil desde tiempos coloniales6 . Campero tuvo una acción destacada en la guerra en apoyo a Santa Cruz al costear su ejército y participar como teniente coronel, con la intención de incorporar la Puna jujeña a la Confederación Peruano-Boliviana (Teruel, 2016). Heredia en cambio fue el gobernador de la provincia de Tucumán durante esos años movidos, y es considerado por varios estudiosos como el mayor impulsor de las enemistades fronterizas con el sueño de reactivar el comercio de mulas (Pavoni, 1981). 

Tras el asesinato de Facundo Quiroga se convirtió en líder federal, a fuerza de fomentar la militarización social y alianzas con provincias vecinas7 . Ser ungido por Rosas como Protector del Norte y Brigadier General le dio poder de intromisión en la política regional y estímulo para intentar avanzar sobre las rutas mercantiles ligadas al polo minero potosino y retener los territorios del 6 Aun cuando fue abolido expresamente tanto en Argentina como en Bolivia desde el inicio de los órdenes republicanos (1813 y 1825, respectivamente), el marquesado sometió a la población indígena y campesina al servicio personal en ambos lados de la frontera hasta la mitad del siglo XX (Teruel, 2016). 7 Los aliados más importantes fueron su hermano, Felipe Heredia y Pablo Alemán, gobernadores de Salta y Jujuy. De su extrema confianza, ambos lideraron sus propias tropas. 

89 antiguo Tucumán colonial. Con su aval, en febrero de 1837 Rosas cortó las relaciones comerciales con Bolivia y el 19 de mayo declaró la guerra. En esa fecha el norteño fue investido como “General en Jefe del Ejército Argentino de Operaciones contra el tirano Santa Cruz” (Macías, 2007, p. 31). Las batallas se dieron entre agosto de 1837 y agosto de 1838. En el terreno, la participación argentina en la guerra estuvo circunscripta casi exclusivamente a las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy, al igual que el sustento económico de la misma. Heredia había conformado un ejército entre 3500 y 5000 hombres dividido en varios frentes, pero era superado por sus oponentes. 

Las tropas bolivianas al mando de Otto Philipp Braun8 lograron ocupar desde el inicio gran parte de la Puna y Quebrada jujeña, Santa Victoria e Iruya por la escasa cantidad de soldados afectados a defender las fronteras. Ante el escenario desfavorable, los militares argentinos postergaron cualquier idea expansionista y adoptaron tácticas defensivas para frenar a las fuerzas enemigas y preservar los límites territoriales. Cosecharon algunas victorias en combates menores como en Humahuaca y Santa Bárbara en septiembre de 1837 y lograron replegar la ofensiva peruano-boliviana. Pero esta contaba con una mejor organización, en contraste con el ejército argentino que no tenía los medios suficientes para sostenerse. La falta de hombres, fusiles y dinero configuró la debilidad armamentística y logística del ejército argentino. 

Los pedidos de auxilio no eran respondidos ni por las otras provincias del noroeste ni por Buenos Aires, preocupada por sus conflictos con la Banda Oriental. Ante ese panorama se debió afrontar una guerra de guerrillas y escaramuzas orientada a la obtención de recursos, la usurpación de animales de gente local y la cooptación de nuevos soldados. La única incursión en suelo extranjero, ante el repliegue de Santa Cruz para combatir al ejército chileno, concluyó con 8 Otto Philipp Braun (1798-1869) fue un militar alemán, partícipe de las guerras de independencia americanas. Fue nombrado Comandante de las Operaciones del Frente Sur por Santa Cruz, encargado de enfrentarse tanto a las fuerzas chilenas como las de la Confederación Argentina. fracasos en Montenegro y en Iruya en junio de 1838. Estos determinaron la retirada de Heredia a Tucumán, donde sería asesinado meses después. Tal hecho provocó un clima de inestabilidad y levantamientos, que permitió el resurgimiento del poderío unitario en la región y el derrocamiento de los gobiernos de las provincias aliadas (Macías, 2007). Cabe destacar que pese al conflicto, ambos territorios funcionaban como una región integrada tanto por lo económico como por los lazos culturales y de parentesco desde tiempos remotos (Conti, 2011). Por ende, la guerra no contó con la aprobación popular ya que las consecuencias recayeron sobre la población local. No sólo los vecinos ilustres, sino que especialmente los campesinos e indígenas vieron afectada su vida cotidiana al tener que sostener materialmente al ejército con contribuciones, ganado y pasturas (Gil Montero, 2002). Además sufrieron el freno del crecimiento económico por la interrupción de transacciones mercantiles ante la ruptura diplomática entre los Estados. El rechazo se manifestó de múltiples maneras, por ejemplo, mediante la negación a contribuir, la deserción de las tropas o la sublevación, o la colaboración al bando contrario, entre otras estrategias (Davio, 2015; Macías, 2007). 

Por último, aunque la Confederación Argentina sufrió una derrota militar, parte de la historiografía afirma que se alcanzó una suerte de empate técnico al conseguir una victoria diplomática (Basile, 1943). La caída en Yungay y la disolución de la Confederación andina fueron festejados por Rosas como un triunfo propio. Posteriormente, se procedieron una serie de negociaciones diplomáticas entre los estados involucrados, pactándose en mayo de 1839 la devolución de los territorios ocupados por las tropas bolivianas a la Confederación Argentina. En contraposición, aquella desistió de volver a reclamar derechos e incurrir sobre Tarija. En síntesis, hasta aquí se realizó un resumen general de los hechos acontecidos en la Guerra entre la Confederación Argentina y la Confederación Peruano-Boliviana. Ahora bien, al igual que en los sucesos descriptos, la reconstrucción de sus
 90 hechos no estuvo exenta de diferencias, intereses y disputas entre historiadores y académicos. De eso nos ocuparemos a continuación. 

LA GUERRA Y SU TRATAMIENTO HISTORIOGRÁFICO 

Para desentramar la operación historiográfica detrás de las narrativas de los hechos relatados, debemos presentar las fuentes seleccionadas en relación con las principales escuelas, para delinear las fases de tal operación. Abordar las diversas explicaciones permite divisar cambios y continuidades y evaluar de qué manera las producciones sobre el enfrentamiento fueron privilegiadas y condicionadas. A efectos analíticos, nos apoyamos en las clasificaciones y estudios sobre la Historiografía argentina de Galasso (2004), Di Meglio (2007) y Devoto y Pagano (2009). Observaremos entonces las siguientes corrientes: la Historiografía erudita, las Historiografías Provinciales, la Nueva Escuela Histórica, la Historiografía militar, el Revisionismo histórico, y la Renovación historiográfica. 

La disciplina en la Argentina se fundó en la segunda mitad del siglo XIX en el contexto de consolidación del Estado, en el cual las élites políticas e intelectuales buscaban legitimar el proyecto nacional anclando las raíces identitarias en un pasado común. Esta Historia, erudita, se centró en aspectos políticos y fue explícitamente liberal y centralista. Por ende, su lectura sobre los caudillos del Interior y Rosas era negativa, y la participación popular en los procesos del pasado fue ignorada. En cuanto al abordaje de la guerra como tema de estudio, las obras de Bartolomé Mitre sobre las guerras de independencia, con sus descripciones exhaustivas, se volvieron paradigma de la historia militar (Di Meglio, 2007). Sobre la fase procedimental, los investigadores recurrieron a un destacado trabajo heurístico, al recopilar gran cantidad de fuentes privadas y confeccionar apéndices documentales de magnitud para publicar (Galasso, 2004). Sin embargo, su tratamiento no era riguroso, dado que la disciplina aún no estaba institucionalizada y no había criterios de verificación claros para su manejo (Buchbinder, 1996). 

Los capítulos sobre la “Guerra con Bolivia” de Adolfo Saldías (1892) y de Francisco Centeno (1907, 1909) responden a ese movimiento, aunque con diferencias. Ambos estudiaron la dimensión política porque era lo esperable y porque tenía vínculo con sus profesiones (abogado y político uno, funcionario relaciones exteriores el otro). Los dos textos compilaron corpus de fuentes, en especial cartas oficiales, relativas a sus ámbitos de inserción. En torno a los temas de los discursos, se centraron en las figuras de Rosas, Santa Cruz y a las relaciones diplomáticas internacionales. Como causa de la guerra, ponderaron el vínculo entre unitarios y el líder boliviano, cargando las culpas a este último como instigador desde un sesgo nacionalistas. Más allá de las posibilidades habilitadas, podemos ver a su vez cómo el lugar social ejerce presiones para limitar narrativas, como ocurrió con el libro de Saldías, que desató enojos en el círculo académico y políticos por plantear una investigación objetiva de la Confederación Rosista, lo que le valió la crítica de sus pares. No obstante, no le impidió colaborar, por ejemplo, en la prestigiosa Revista de Derecho, Historia y Letras9 , donde Centeno editó sus contribuciones. Con el desarrollo incipiente de la disciplina, se extendió su interés por ella. Entre 1900 y 1930, se consolidó un movimiento alternativo de intelectuales provincianos dispuestos a debatir con la historiografía liberal dominante el lugar que debían ocupar las historias locales en la Historia oficial del país. Esta propuesta fue impulsada por academias provinciales, como la Universidad Nacional de Tucumán, y en ocasiones contaron con apoyo estatal. Las obras tuvieron diversidad temática e interpretativa, pero se fundamentaron en el estudio de documentos rescatados de los archivos regionales. Los autores realizaron una fuerte crítica a las visiones histórica porteñas y sus juicios negativos sobre el Interior, como también el rol histórico de las élites porteñas. Por sobre todo, el objetivo de esta corriente fue reivindicar Dirigida por Estanislao Zeballos, la revista fue publicada entre 1898 y 1923 y contó con la colaboración de miembros de la Junta de Historia y Numismática Americana. 91 el aporte provincial a la construcción de la nación, aunque tuvieron un alcance dispar (Buchbinder, 2009). 

Ese propósito guió a todos los escritos sobre la Guerra entre las Confederaciones que pueden admitirse en esta corriente, la que brinda más bibliografía. Desde Jujuy publicaron Joaquín Carrillo (1877) y Miguel Ángel Vergara (1937); desde Tucumán, Juan Terán (1910), Manuel Lizondo Borda (1939) y Carlos Páez de la Torre (1987); desde Salta, Atilio Cornejo (1962); y desde Catamarca, Armando Bazán (1986). Ellos dieron cuenta de los antecedentes, contextos y de las consecuencias del derrotero de las hostilidades, (algunos con más detalles como Terán y Vergara), a través del relevamiento de fuentes provinciales no usadas en las narrativas porteñas, arrojando nuevos datos sobre el pasado. Respecto al lugar de producción, varios proyectos contaron con apoyo gubernamental. Por ejemplo, el libro del abogado Carrillo fue elogiado y publicitado por Bartolomé Mitre, y la obra del presbítero Vergara fue alentada e impresa por el gobierno jujeño. Igualmente apoyaron las universidades, en especial las publicaciones por el centenario de los hechos, con el fin de posicionarse institucionalmente. Todas sopesaron las causas económicas y las aspiraciones bolivianas de anexar Jujuy como desencadenantes de la conflagración, y a su vez relegaron a Rosas para rescatar la figura de los caudillos locales y de Heredia en especial. Sin embargo, pese al surgimiento de nuevas explicaciones, la historiografía se mantuvo condicionada a la tradición de estudiar la historia política y ensalzar el componente nacional, pero replicado a una escala más local. En cuanto a los aspectos hermenéuticos, existieron diferencias entre los primeros investigadores y quienes publicaron en la segunda mitad del siglo pasado, surgida de la lectura más crítica y rigurosa de las fuentes. Esos nuevos procedimientos fueron establecidos luego una serie de cambios. La irrupción del radicalismo en la década de 1910 y la expansión de instituciones culturales y de educación superior, tuvieron su correlato historiográfico en el crecimiento de la Nueva Escuela Histórica, con representantes de la talla de Levene y Ravignani10 (Devoto y Pagano, 2009). Fue la primera escuela de profesionales de la Historia y modificó las condiciones materiales del ejercicio del oficio de historiador. El uso del documento de archivo se volvió vital en la construcción de conocimiento y se crearon revistas especializadas para impulsar la profesionalización (Buchbinder, 1996). Sobre los tópicos, los referentes militares fueron subordinados a los aspectos institucionales, económicos y legales, aunque se tendió a reivindicar a la figura de Rosas en conciliación con planteos mitristas (Galasso, 2004). De esta forma, la corriente dominó los estudios históricos durante las décadas posteriores, y todavía está vigente en algunos ambientes académicos, como la Academia Nacional de la Historia (en adelante ANH). 

Aquí puede situarse la obra de Enrique Barba (1938, 1949, 1962), historiador que se destacó en la Universidad Nacional de La Plata y en la de Buenos Aires, y llegó a presidir la ANH, centros neurálgicos de esta escuela. Su objeto de estudio fueron las relaciones de política exterior en el gobierno de Rosas, prestó atención a los conflictos en la frontera boliviana desde 1831 hasta después de la “Guerra con Bolivia” y a los vínculos con Chile. Si bien continuó las temáticas de sus predecesores, los cambios se perciben en el uso de fuentes de archivos porteños como los del Archivo General de la Nación (en adelante AGN). Con ello se pulieron las interpretaciones de las causas, ponderando el accionar de Rosas como hacedor de la guerra frente a un gobierno boliviano que buscaba evitar el conflicto armado. Aunque posteriores, en esta línea pueden incluirse las producciones de González Espul (1997) y Escudé y Cisneros (2000). Estos últimos, en su tomo enciclopédico sobre la historia de las relaciones exteriores, hacen una crítica hacia Barba y hacia otros historiadores provinciales por haber concluido que la guerra fracasó por la falta de sentir nacional de la población, cuando en realidad no existía el Estado ni la nación 10 Ambos historiadores fueron presidentes de los núcleos académicos más importantes de la época: la Academia Nacional de la Historia y el Instituto de Historia Argentina y Americana respectivamente. 

 Ese anacronismo, a nuestro entender, no solo muestra el desconocimiento sobre la historia regional y la porosidad de las fronteras por ser “imposible” de concebir ante los condicionamientos del lugar social de producción de las narrativas. Conjuntamente, opera en pos de intereses ideológicos de algunos autores de silenciar la participación indígena y campesina o mencionarla solo para endilgarles la derrota11, marcándolos como “otros” lejanos y bárbaros. Con al auge de la Nueva Escuela Histórica, la guerra como objeto de indagación quedó relegada al campo de la Historiografía militar. Fueron sus historiadores quienes investigaron de forma pormenorizada los combates, pero persistieron en el modelo mitrista y se limitaron a relevar aspectos operacionales y técnicos con un fin utilitario de ilustrar los principios tácticos para la enseñanza de los soldados (Rabinovich, 2017). De esta manera, se reprodujo de manera endogámica al interior de los circuitos castrenses, estancándose debido a la falta de interacción con otros abordajes. Pocas obras conceptualizaron a la guerra como problema, dado que se entendía como consecuencia de hechos de otro orden. 

Además, tanto los métodos como las fuentes utilizadas se mantuvieron casi inmutables hasta la década de 1970 (Di Meglio, 2007). Los textos del mayor Clemente Basile (1943), Félix Best (1960) y el coronel Emilio Bidondo (1979, 1982) sobre la “Guerra contra el mariscal Santa Cruz”, sufrieron esas limitaciones. Concentradas en cronologías precisas de los sucesos y en los análisis detallados sobre tácticas, técnicas, avances y retrocesos de las milicias, no prestaron atención a las demás dimensiones del conflicto. No obstante la cerrazón de los textos, los escritos de Bidondo fueron publicados en la revista Investigaciones y Ensayos de la ANH, y la investigación de Basile fue citada por todos los historiadores sucesores por ser la más completa sobre la Guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana, por lo que gozaron de cierto reconocimiento como fuentes de información. 11 Ello se percibe en particular en los textos ligados a los intereses políticos de las élites, como en los ejemplares de Carrillo y Vergara, donde se explicita la “moral dudosa” de esta población. Otra escuela marginada de los ámbitos académicos, pero con visibilidad en la vida política durante el peronismo fue el Revisionismo histórico. Se caracterizó por su activismo nacionalista y católico, pero por sobre todo por romper y oponerse con fervor a la versión liberal de la Historia Oficial (Devoto y Pagano, 2009). Al centrar sus análisis en los gobiernos de Rosas, convirtieron sus obras en una reivindicación de su figura, atacando a personajes históricos considerados antipatriotas y aliados del imperialismo británico. Pese a ello, mantuvieron en gran parte los criterios militares que habían fundado la Historia oficial y continuaron en las demás perspectivas. En este sentido se orientó el capítulo sobre la Guerra con Santa Cruz del libro de José María Rosa (1951), coherente con las interpretaciones anteriores que pusieron el foco en Rosas y sus relaciones internacionales, aunque desde una asumida lectura nacionalista y denuncia de los vínculos entre el líder de la Confederación Peruano-Boliviana con Inglaterra. Los estudios sobre las contiendas bélicas cobrarían primacía nuevamente con la 

Renovación del revisionismo histórico, de la mano de Tulio Halperin Donghi y los cuestionamientos a los límites disciplinares en las ciencias. Con su libro Revolución y guerra (1972), la guerra y la militarización se transformaron en factores explicativos decisivos de la Historia argentina. Su obra fue un hito de la historiografía en un clima de refundación del campo, a partir de la adopción de nuevos criterios metodológicos y temáticos como la historia rural y la historia política. Desde entonces, y con fuerza desde fines de la década de 1980, historiadores y académicos de otras ramas empezaron a abordar fenómenos ya trabajados, pero a partir de perspectivas interdisciplinarias y nuevos conceptos que habilitaron otros interrogantes. En particular en este último punto, fueron importantes los aportes de la Historia Cultural (Lorenz, 2015), la Historia Conceptual y los diálogos con la Antropología. Estos movimientos prestaron atención a la guerra como historia vivida, interesados en visibilizar cómo afectaron a los modos de funcionamiento social y la vida cotidiana de las personas, anclándolos en prácticas económicas, sociales, relaciones interpersonales, y también en la formación Caputo, CUADERNOS - SERIES ESPECIALES 8 (1): 85-96, 2020. 93 estatal. Los sectores populares como las plebes, el campesinado, las mujeres, los afrodescendientes e indígenas, entre otros, se transformaron en sujetos de estudio predilectos. Este cambio requirió reformular los procesos de producción, tanto en la selección de documentos como en las estrategias hermenéuticas, utilizando para ello nuevas fuentes más cercanas a las experiencias de los sujetos involucrados, trianguladas con las más clásicas (Rabinovich, 2015).


 La adopción de estas perspectivas cortó con una tradición historiográfica condicionada a las disputas de las minorías dirigentes y el impacto de sus actos (si Rosas o Santa Cruz eran déspotas o no, si Heredia era un federal subordinado a Rosas o rebelde, etc.), para mirar las dimensiones sociales, económicas y las consecuencias para los sujetos subalternos implicados. Inspirada en la labor de Halperín Donghi, Norma Pavoni (1981) fue la primera historiadora que analizó el devenir socioeconómico del noroeste argentino bajo el liderazgo de Heredia y el conflicto militar. Sin embargo, fue recién en nuestro siglo cuando a través del trabajo de Raquel Gil Montero (2002) que los estudios sobre la “guerra entre la Confederación Argentina y la Confederación Peruano-Boliviana” incorporaron la historia regional común de larga duración entre el noroeste argentino y Bolivia, e indagaron el rol de los sectores campesinos e indígenas en ella. Eso auspició nuevas interpretaciones sobre los procesos de militarización, estudiados por Flavia Macías (2007) y Marisa Davio (2015), y sobre el papel de la dinámica de la pugna en la construcción de identidades, tema abordado por Matías Sánchez (2017). 

En estos estudios se utilizan fuentes antes dejadas de lado, como censos, causas judiciales, listas de revista, entre otras, contrastando documentación proveniente de distintos archivos. De esta manera, se demuestra que las problemáticas en torno a esta Guerra están lejos de agotarse... 85


 “UNA GUERRA POCO CONOCIDA” Argentina.gob.ar https://revistas.inapl.gob.ar › article › download › pdf

Ver otra versión Colegio Militar de la Nación
https://www.colegiomilitar.mil.ar › ...PDF
Guerra de la Confederación Argentina con ...


REVISTA GENTE NEGRA


Nos presentaron esta revista de la comunidad del Valle Medio y la recomendamos para su compra, porque conocemos de quienes se trata. En especial a nuestra ex-compañera de casa en Sierra Grande.

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HISTORIA Y VERDAD





ALGUNAS CUESTIONES QUE NO SE EXPLICAN EN CLASES DE HISTORIA ARGENTINA

Hace poco, uno que se creía gracioso, quiso jugar con mí credibilidad, pensando que se podía negociar, cuando no existe ningún profesor y mucho menos si es investigador, que permita el juego tonto de Verdad e Historia.


Nos separamos de la idea de la Historia Rosa o de la Historia Negra, ya existen demasiadas antinomias vernáculas en nuestro Abya Yala Latino o en Latinoamérica, para seguir discutiendo esas tretas para ilusos. Lo que es histórico o lo que no lo es tiene que ver con las fuentes y con su análisis, mas el aporte generacional, que suele darle otras ópticas. No existe ningún censo de este continente hasta hace bastante poco y no podemos saber si se encontraba habitado por 50 o 90 millones de personas en el año 1500 de nuestra era, pero lo que no se puede desconocer es la existencia de grandes culturas que contaban con ciudades igualmente grandes y extendidas. Se puede hacer con esto un estudio de la cantidad de viviendas y de su cotejo con la cantidad común de miembros de una familia, nos puede dar una idea aproximada de los habitantes viviendo en ciudades, lo que deja por fuera a las muy exitosas civilizaciones nómadas, que poblaban el resto del territorio. 

Pero nunca se realizó tal estudio. Por ello, solo podemos hacer aproximaciones en cuanto al número de habitantes. Igualmente, se pueden calcular los muertos en las minas de plata y oro (al menos por mina). Incluso se puede hacer un cálculo de los habitantes totales reconocidos en censos, por etnia y tomar las cantidades de casas habitaciones de las ciudades originarias, correspondientes a esa etnia y tener una aproximación estadística del declive, para intentar fijar, racionalmente los momentos de mayor declive. Vale decir: En época de conquista, en época de colonización, con el auge del sistema minero, con las guerras de independencia, con las guerras civiles, las campañas de exterminio de originarios (para apropiarse de sus tierras), como es la mal llamada conquista del desierto, con mas las masacres del Siglo XX (como es el caso de paraje La Bomba), etc. Asimismo los datos serian parciales incluso en una misma etnia.

Algunos de los países en los que se dividió el territorio continental ofrecen ideas aproximadas de los habitantes anteriores al año 1500, pero siempre estamos en unos 50 millones, como mínimo y 90 millones como máximo. Para nuestro territorio, de lo que hoy se conoce como Argentina, podemos dar una idea entre un millón y medio a tres millones, por lo reconocido, la constancia de las ciudades originarias y evaluando la política de exterminio y de invisibilidad a la que al día de hoy siguen sometidos.
Debemos tener en cuenta que hasta hace unos 15 a 20 años se decía que nuestras guerras civiles se resumían a la Crisis de Año XX (por 1820) o un poco mas y luego se fueron agregando períodos de historia mas largos hasta llegar a los 70 años entre 1810 y 1880 y en el ínterin se olvidan del Comandante Andresito defendiendo la Mesopotamia del ataque de una potencia colonial, como era Portugal (entre 1811 y 1821), con lo que queda claro que existieron varias guerras al mismo tiempo, porque también el enfrentamiento era por el tema de Puerto de Buenos Aires, al igual que con su padrino Artigas (Andrés Guacurarí, nuestro guaraní gobernador - El Historiador
https://www.elhistoriador.com.ar › andres...) y enmascaran varios recrudecimientos de la misma, que no se detienen con la pax rosista, porque no solo existieron enfrentamientos internos sino con los vecinos, como fue el arrastre de la sucesión de la posesión sobre el antiguo Marquesado de Yavi (Marquesado de Yavi. El título nobiliario de Marqués del Valle del Tojo, conocido comúnmente como Marqués de Yavi, por la población en donde se encontraba una de sus residencias principales, en la actual Provincia de Jujuy, era el más ... Wikipedia) y la Ciudad de Tarija, que se encontraba en su territorio. Que se conoce como Guerra con la Confederación Peruano-Boliviana que fue un conflicto armado que se dio entre 1837 a 1839.

Para seguir, con todo lo que que originó con el desalojo de Rosas y las presidencia liberales, la Guerra de la Triple Alianza y los levantamientos de los opositores argentinos a la misma, mas los renovados problemas por la Federalización de la Ciudad de Buenos Aires.
El problema de la verdad en la historia, mas allá de los debates filosóficos entre positivistas, presentistas y marxista (aunque creo firmemente que cada generación escribe su Historia), no puede resumirse en aproximaciones esperando que un golpe de suerte aporte nuevos documentos (sabida es la necesidad enfermiza de algunas personas o linajes de apropiarse, esconder o destruirlos, que se pudo observar en nuestra pequeña historia como estado y en otros grandes estados). Es indudable que si el historiador no solo analiza la veracidad del documento cotejando-lo con otros de su misma época y si corresponde ver la continuidad con anteriores y posteriores es muy posible que se pase por alto algunas cosas, como en el caso de nuestros supuestos pioneros que se asentaron en tierras que no eran desiertos y que habían sido habitadas desde siglos (por gauchos y originarios), que por otra parte constituye una reproducción del proceso de poblamiento en costas, ríos y lagos en todo el mundo que se encuentra bien estudiado por la Geografía. Igual ocurre, con la incógnita sobre la repentina actividad de personas de origen en lugares donde se practica una agricultura intensiva, que sorprendentemente supieron explotar la agricultura extensiva en nuestros campos y mas sorprendente aun es su transformación en relación con los oficios, dado que en su amplia mayoría indicaron, en la aduana, en su ingreso al país, practicar oficios de ciudad, sin que, para esas fechas existiese la posibilidad de algún organismo similar al INTA (también negando sus descendientes algún posible aprendizaje de gauchos y originarios a los que dan por extintos pese a las nuevas investigaciones sobre el encubrimiento del otro).


Debe entenderse que copiando o si lo prefieren citando una historiografía falaz no se escribe (en el mejor de los casos) Historia o se enseña Historia. Ya para estas alturas, con archivos y bibliotecas digitales (o virtuales) no se puede alegar desconocimiento, dado que la pereza, la impericia (en el oficio) o la ideología no los exime de ser falsarios o propagadores de lo falso. Para colmo existen publicaciones sin ninguna investigación seria detrás, sobre supuestos actos de apropiación de territorios de países vecinos, por este donde se acuñó la frase (que luego se transformó en dogma) que dice que la victoria no da derechos, con lo que tenemos una central pseudo histórica conspirando en Internet, contra la buena enseñanza de la Historia o amparada en su mala enseñanza.


HISTORIA Y VERDAD (Adam Schaff)
La relación cognoscitiva. El proceso de conocimiento. La verdad
Durante mucho tiempo y hasta en la actualidad la gran mayoría de los historiadores han abandonado la reflexión de las cuestiones teóricas y metodológicas que emplean en sus investigaciones. Estas han venido siendo trabajadas fundamentalmente por filósofos y algunos historiadores. Lo que se plantea en este trabajo es que hay una estrecha relación entre la filosofía y la ciencia histórica (las ciencias), la cual fue negada por los positivistas con su burda separación entre filosofía y las ciencias, lo que para ellos significaba la separación entre lo subjetivo y lo objetivo. Pero todos estos planteamientos de los positivistas de derruyen cuando analizamos la ciencia histórica y nos asombramos (considerado como condición fundamental para filosofar) de las múltiples interpretaciones y explicaciones que ofrecen los historiadores de un mismo hecho histórico, y que al parecer cada nueva generación de historiadores vuelve a reformular su historia. Ahora que es innegable la presencia de la subjetividad en la investigación histórica y el asombro teórico que provoca; podemos afirmar que es indispensable una reflexión filosófica consciente y critica para esclarecer la problemática teórica y metodológica que aqueja particularmente a la ciencia histórica.
1. Los tres modelos del proceso de conocimiento
Se puede distinguir tres modelos fundamentales de la teoría del conocimiento: El primer modelo (teoría mecanicista del reflejo) es mecanicista por que supone que el objeto de conocimiento actúa sobre el aparato perceptivo del sujeto cognoscente. En este modelo el sujeto viene a ser un agente pasivo, contemplativo y receptivo; y el producto del proceso señalado antes (eso que llamamos conocimiento) seria un simple reflejo o copia del objeto. Este modelo es el fundamente teórico de la definición clásica de la verdad, según la cual un juicio es verdadero cuando lo que esta enunciando concuerda con su objeto. Las diferencias en las imágenes percibidas por los distintos sujetos se le atribuyen, simplemente, a las diferencias genéricas y genéticas en los aparatos receptores.
El segundo modelo es idealista y activista; en este predomina el sujeto cognoscente que percibe al objeto como su producción, es decir como una construcción suya. Este modelo da el sustento al más alto relativismo de la verdad, ya que según este cada sujeto construye su propia verdad, por ende no existe una sola verdad, sino muchas verdades y cada sujeto tiene su verdad.
El tercer modelo (teoría modificada del reflejo) propone una relación cognitiva en la cual el objeto y el sujeto tienen una existencia objetiva y real, a la vez que actúan uno sobre el otro. Esta interacción se da en el marco de la práctica social del sujeto que percibe al objeto en y por su actividad. En este sentido el conocimiento es concebido como una actividad constante.
2. La verdad como proceso
Según la perspectiva del autor, tanto el conocimiento como la verdad son procesos que acumulan verdades parciales que la humanidad va estableciendo en las distintas etapas de su desarrollo histórico: ampliando, limitando, superando estas verdades parciales. Tomando en cuenta lo dicho se comprueba que es necesario establecer cuales son las verdades parciales de que dispone una ciencia determinada y examinar como a partir de ellas se progresa hacia una verdad total, es decir absoluta.
Daniel Sánchez de la Cruz
VER EN http://debatesporlahistoria.blogspot.com/…/historia-y-verda…
DESCARGA
Atlas de México y el Nuevo Mundo agregó una foto nueva al álbum FILOSOFÍA Y TEORÍA DE LA HISTORIA.
(pdf) HISTORIA Y VERDAD. Ensayo sobre la objetividad del conocimiento histórico, por Adam Schaff. Primera edición: 1971. Traducción de Ignasi Vidal Sanfeliu. Décima primera edición. Barcelona – Buenos Aires – México: Editorial Grijalbo; 1982, 382 p.
https://docdownloader.com/…/historia-y-verdad-adam-schaff-p…


ANEXO DEL TEXTO ANTERIOR.

Apología para la historia - Marc Bloch
Capítulo 1
1. ¿Cómo aborda M. Bloch el tema de “para qué sirve la historia”?
Bloch plantea el problema sobre la utilidad de la historia mediante la pregunta de un niño dirigida a su padre, «papá, explícame para qué sirve la historia», con la que se plantea el problema de la legitimidad de esta disciplina. Marc Bloch plantea que en principio, antes que el deseo de conocimiento y que la pretensión de constituirse como obra científica conciente de sus fines, la historia produce una atracción: distrae y produce placer. Sin embargo, este atractivo no basta para justificarla y legitimar el esfuerzo intelectual que requiere.
Se plantean dos dimensiones fundamentales en la concepción de la historia: su legitimidad (vinculada al plano cognoscitivo e intelectual) y su utilidad.
La utilidad, vinculada en el sentido pragmático con el provecho en la confrontación política y social, se relaciona con la tendencia a buscar en la historia una guía para la acción. Bloch postula que el valor de una investigación no se mide, al contrario de lo que postulaban los positivistas, según su capacidad de servir a la acción, y que, por lo tanto, este sentido pragmático de la historia no puede confundirse con su sentido propiamente intelectual, que es el vinculado con la legitimidad: la historia se legitima más allá de su utilidad, en función de su rigurosidad y su capacidad de establecer relaciones explicativas entre fenómenos para comprenderlos mediante una clasificación racional y una inteligibilidad progresiva, que le permitan constituirse así como disciplina científica.

2. ¿A qué se refiere el autor cuando plantea que en las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del siglo XX las generaciones “han vivido como alucinadas por una imagen demasiado rígida” refiriéndose a las ciencias? ¿Qué tendencias opuestas se desarrollaron a partir de estas opiniones?
Bloch se refiere a que en la concepción positivista de las ciencias del mundo físico se considera que todo puede formularse en leyes universales por medio de demostraciones irrefutables.
Aplicada a análisis histórico, las tendencias opuestas que se desarrollaron fueron:
a. la posición de la escuela sociológica fundada por Durkheim, que creyó posible instituir una ciencia de la evolución humana conforme al ideal positivista. En su esfuerzo por sistematizar, muchas veces debió dejar de lado efectos del conocimiento de realidades humanas que resultaban rebeldes al saber racional, que identificaron con el acontecimiento. Aportaron mayor profundidad al análisis y al enfoque de los problemas.
b. La posición del historicismo clásico o historia historizante, que no lograron insertar la historia en los marcos del legalismo físico. Tenían una preocupación archivística documental y consideraban que la historia no ofrecía conclusiones seguras en el presente ni perspectiva en el futuro. Negó el conocimiento científico y se enfocó en lo particular.
En la época en que Bloch escribió su Introducción a la historia, ante la importancia de teorías como la teoría cinética del gas, la mecánica einsteniana y la teoría de los quanta, se alteró la noción de ciencia: se aceptó el hacer de la certidumbre y del universalismo cuestión de grados y no se consideró necesario tratar de imponer a todos los objetos del saber un modelo intelectual uniforme, tomado de las ciencias de la naturaleza física, porque en las mismas ciencias físicas este modelo no se aplicaba por completo.


3. ¿Es la historia la ciencia del pasado? ¿Por qué? ¿Cuál es el objeto de la historia para Marc Bloch?
No, porque el pasado, constituido por una serie de fenómenos no contemporáneos al historiador que no suelen tener un carácter común, sin delimitación previa, no puede ser objeto de un conocimiento racional y constituir una ciencia. No basta con contar acontecimientos sólo unidos entre sí por la circunstancia de haberse producido aproximadamente en el mismo momento: de los múltiples acontecimientos pasados interesan al historiador sólo aquellos que se unen a sus preocupaciones específicas en función de la historia problemática que se realiza. La historia estudia la obra de los hombres; es la ciencia de los hombres en el tiempo:
... la historia quiere aprehender a los hombres. Quien no lo logre no pasará jamás, en el mejor de los casos, de ser un obrero manual de la erudición. Allí donde huele la carne humana, sabe que está su presa. (Bloch, p.25)


4. ¿Cómo explica el autor el tiempo histórico?
Marc Bloch explica el tiempo histórico como una «realidad concreta y viva abandonada a su impulso inevitable, es el plasma mismo en que se bañan los fenómenos y algo así como el lugar de su inteligibilidad» (p.26).
Esto se contrapone a las disciplinas en las que no es más que una medida dividida en fragmentos artificialmente homogéneos, pues el tiempo histórico va más allá de lo cronológico y meramente acontecimental: se busca romper con el tiempo histórico unilineal sostenido en la idea de progreso que planteaba ausencia de rupturas. Así, el tiempo histórico tiene dos atribuciones: continuidad y ruptura, es un continuo y está sometido al cambio permanente.


5. ¿Cómo analiza Bloch el tema de orígenes – principios – causas en el desarrollo del pensamiento histórico?
Bloch explica que los orígenes son comúnmente considerados como un comienzo que basta para explicar lo más próximo por lo más lejano. Pueden distinguirse dos sentidos:
- El origen como “principios”, comienzos cronológicos, en donde la obsesión por los orígenes da lugar principalmente a una historia centrada en los nacimientos (los principios) en la que el pasado cumple un papel legitimador o censor del presente, y no sólo busca explicarlo; lo que implica un intento de enjuiciar y juzgar.
- El origen como las “causas” que constituyen una razón explicativa, en las que al estudio de la actividad humana amenaza el error de confundir la filiación con la explicación: se reduce la explicación a un origen, que es generalmente tranquilizador y monocausal, y está vinculado a la concepción historicista de la historia.
Bloch concluye postulando que «un fenómeno histórico nunca puede ser explicado en su totalidad fuera del estudio de su momento», de su contexto.


6. ¿Es el historiador un anticuario? ¿Por qué? ¿Cómo analiza el autor la problemática de comprender el presente por el pasado y comprender el pasado por el presente?
El historiador no es un anticuario, porque no limita su campo de estudio al pasado, sino que estudia también el presente a fin de comprender el pasado, estudia lo viviente. Esto ocurre porque hay una solidaridad de edades en la que la inteligibilidad del presente depende del pasado, y la del pasado, del presente.
La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero no es, quizás, menos vano esforzarse por comprender el pasado si no se sabe nada del presente. (p.38)
Bloch analiza esta problemática planteando en principio que postular la autointeligibilidad del presente supone establecer un cambio rápido y total, olvidando la fuerza de inercia propia de las creaciones sociales y la continuidad del tiempo histórico. Tampoco se puede explicar a una sociedad por el momento inmediatamente anterior al que vive (dado que hay una transferencia de pensamiento entre generaciones muy alejadas, que se manifiesta más claramente en las transferencias facilitadas por escritos, que constituyen a continuidad de una civilización), ni por los movimientos de ideas o sensibilidad más cercanos en el tiempo. Hay una crítica a la historia que se limita a la corta duración: no alcanza con estudiar las reacciones de los hombres frente a las circunstancias particulares de un momento, es preciso estudiar al pasado (en la larga duración) para comprender al presente -pero sin pretender realizar una justificación del mismo-, dado que la ignorancia del pasado compromete el conocimiento del presente y la misma acción:
Una experiencia única es siempre impotente para discriminar sus propios factores y, por lo tanto, para suministrar su propia interpretación. (p. 37)
Es preciso partir del conocimiento del presente para comprender el pasado, porque la observación voluntaria y controlada de lo cotidiano da los elementos que sirven para reconstruir el pasado. Bloch recomienda partir de lo mejor conocido a lo más oscuro, del análisis de hoy, a fin de obtener perspectivas de conjunto que no se obtienen a partir del análisis mecánico de atrás para adelante. De esta manera, la ciencia de los hombres en el tiempo llamada historia aúna el «estudio de los muertos con el de los vivos» en una interdisciplinariedad donde se pretende lograr una historia universal.

Capítulo 2
1. ¿Qué quiere decir M. Bloch cuando plantea que el investigador del presente no goza de mayores privilegios que el historiador del pasado? ¿Es para el autor la observación del pasado totalmente “indirecta”? ¿Por qué?
Quiere decir que así como el historiador del pasado tiene un conocimiento indirecto porque se encuentra imposibilitado de comprobar por sí mismo los hechos que estudia y debe recurrir a testimonios de terceros, el investigador del presente elabora su información sobre cosas vistas por otros: los interlocutores en base a los que se realizan las preguntas y se anotan las respuestas son los sujetos de la experiencia del investigador, que no percibe más que un pequeño sector de los que estudia – que está limitado por sus sentidos y su facultad de atención, así como recurre a los testimonios de otros testigos, por lo demás, parciales- para extraer gran parte de la sustancia de investigación.
Para Bloch la observación del pasado no es totalmente indirecta, porque ese término se limita a indicar la presencia de un intermediario, y hay casos en los que el autor se encuentra frente a una fuente arqueológica o realidades semejantes, y con la inducción y las técnicas adecuadas, puede explotarlas con un esfuerzo de la inteligencia personal y sin recurrir a terceros: «el simple razonamiento que excluye toda posibilidad de una explicación diferente y nos permite pasar del objeto verdaderamente comprobado al hecho del que ese objeto aporta la prueba [...] no exige la interposición de otro observador». (p.45)

2. ¿Cuáles son las particularidades de la observación histórica?
La observación histórica consiste mayoritariamente en un conocimiento por huellas, es decir, todo lo dejado por los hombres en el tiempo, la marca que deja un fenómeno y nuestros sentidos pueden percibir.
Los hechos humanos pasados escapan a la posibilidad de una reproducción o de una orientación voluntarias, a diferencia de disciplinas como la física donde se puede provocar la aparición de huellas.
Cuando el historiador estudia fenómenos del presente o el pasado inmediato, puede hacer que algunas huellas vuelvan a existir mediante a los informes de testigos, que sin embargo no siempre están disponibles. Cualquiera sea la edad de la humanidad que se estudie, los métodos de observación se hacen casi con uniformidad sobre rastros.
Hay una perfectibilidad constante del conocimiento del pasado por el surgimiento de nuevos procedimientos de investigación. Hubo avances en la capacidad de análisis y las técnicas debido a la mejora en las herramientas del explorador.
A pesar de eso, no todas las huellas se presentan fácilmente: «Los exploradores del pasado no son hombres totalmente libres. El pasado es su tirano y les prohíbe que sepan de él lo que él mismo no les entrega, científicamente o no» (p.50), y por eso, si o hay indicios a los que recurrir, muchas veces es imposible evitar la ignorancia sobre determinados temas.
El historiador estudia testimonios voluntarios e involuntarios. Los primeros eran fuentes narrativas que consistían en relatos deliberadamente dedicados a la información de los lectores que proporcionan un encuadre cronológico casi normal y seguido. Los segundos, en cambio, no tenían que ver con la preocupación de instruir a la opinión, y aunque no están exentos de errores o mentiras, no fueron concebidas en función de la posteridad.


3. ¿Qué entiende Bloch por “indicios”?
Los indicios son fuentes no voluntarias que no fueron concebidas para la posteridad y para instruir la opinión. Permiten suplir las narraciones cuando no las hay o controlarlas si su veracidad es sospechosa.


4. ¿Cuál es la primera necesidad de toda búsqueda histórica? Analice la siguiente afirmación: “No se puede dar peor consejo a un principiante que el de que espere, en actitud de aparente sumisión, la inspiración del documento”?
La primera necesidad de la búsqueda histórica es el establecimiento de un cuestionario realizado al pasado estudiado con una actitud problemática no contemplativa, dado que según Bloch «...los textos, o los documentos arqueológicos, aún los más claros en apariencia y los más complaciente, no hablan sino cuando se sabe interrogarlos».
No se puede dar ese concejo porque la observación pasiva no reditúa frutos: el historiador no recurre a los documentos, los lee, determina su veracidad y autenticidad y a partir de ello deduce sus consecuencias; el cuestionario preexiste y en la investigación la encuesta ya tiene una duración determinada por la inteligencia. Existe una historia problema en donde:
La facultad de escoger es necesaria, pero tiene que ser extremadamente flexible, susceptible de recoger, en medio del camino, multitud de nuevos aspectos, abierta gracias a todas las sorpresas, de modo que pueda atraer desde el comienzo todas las limaduras del documento, como un imán. (p.55)
En esta historia problema se debe dar en el marco de una multidisciplinariedad que incluya el trabajo en equipo y el empleo de diversas técnicas para el estudio de los testimonios materiales dispares, en pos de la elucidación de un tema único.


5. ¿Qué tipo de obstáculos observa Bloch para la trasmisión de los testimonios en las sociedades a lo largo del tiempo?
No hay una organización racional para la trasmisión de testimonios en las sociedades, con lo cual la conservación o pérdida de archivos depende de causas humanas, el azar y fuerzas históricas de carácter general, entre las que se encuentran las catástrofes (que ocasionan la pérdida de documentos y monumentos, pero a menudo son favorables al investigador, pues «son las revoluciones las que fuerzan las puertas de las cajas fuertes y obligando a huir a los ministros no les dejan tiempo de quemar sus notas secretas.»), el clima, la negligencia, y la pasión del secreto que se vincula con intereses particulares.
Dice Bloch que:
Así seguirá ocurriendo [la pérdida de testimonios, especialmente los involuntarios] mientras las sociedades no organicen racionalmente, con su memoria, su conocimiento propio, renunciando a dejar este cuidado a sus propias tragedias. No lo lograrán sin o luchando cuerpo a cuerpo con los dos principales responsables del olvido y la ignorancia: la negligencia, que extravía los documentos, y, más peligrosa todavía, la pasión del secreto –secreto diplomático, secreto de los negocios, secreto de las familias-, que los esconde o destruye. (p.62)

Capítulo 4
1. ¿Es correcta para el autor la pregunta ‘juzgar o comprender’ para ser planteada al historiador? ¿Cuál es la respuesta?
Para Bloch esa pregunta sí tiene sentido, en la medida en que plantea el problema de la imparcialidad histórica, en la que existen dos maneras de ser imparcial: la del juez y la del sabio, que tienen una raíz común en la búsqueda de la verdad y el camino de observación y explicación que recorren vinculándose con testimonios. Juez y sabio se diferencian en su actitud luego de la explicación: el juez después de conocer los hechos dicta sentencia, juzga, realiza un juicio de valor que «no tiene razón de ser sino como preparación de un acto, y sólo posee sentido en relación con un sistema de relaciones morales deliberadamente aceptadas.» (p.109) El sabio, en cambio, debe procurar limitarse a observar y explicar y evitar juzgar, porque está situado en un contexto histórico diferente del momento en que ocurrió el hecho observado, y «allí donde los ideales comunes difieren profundamente de los nuestros, ya no queda más que un problema».
Bloch propone abandonar el antropocentrismo del bien y el mal y la postura de juzga, procurando comprender, explicar, sin que ello signifique justificar lo ocurrido.


2. ¿A qué se refiere M. Bloch cuando dice “La ciencia no descompone lo real sino para mejor observarlo, gracias a un juego de luces cruzadas, cuyos rasgos se combinan y se interpenetran constantemente. El peligro empieza, únicamente, cuando cada proyector pretende verlo todo él sólo.”?
Se refiere a la necesidad de la historia de abordar con un enfoque multidisciplinario su estudio de las conciencias humanas, donde «las conexiones que se ligan a través de ellas, las contaminaciones, hasta las confusiones de las cuales son la base, constituyen, a sus ojos, la realidad misma» (p.117), y de los individuos en sociedad, donde «la civilización no tiene nada de rompecabezas mecánicamente ajustado», con lo cual el conocimiento de los fragmentos estudiados, cada uno por sí sólo, no puede dar el conocimiento del conjunto ni el de los fragmentos mismos.
Para esto, según Bloch, primero se debe realizar un análisis centrando el estudio de la sociedad en uno de sus aspectos particulares o de los problemas precisos que plantea alguno de esos aspectos. De esta manera los problemas serán mejor planteados y habrá mayor claridad e los hechos de contacto e intercambio, y luego se podrá proceder al trabajo de recomposición, que es la prolongación del análisis...

APOLOGÍA PARA LA HISTORIA O EL OFICIO DE HISTORIADOR POR MARC BLOCH
Edición anotada por ETIENNE BLOCH Prefacio de JACQUES LE GOFF Traducción de MARÍA JIMÉNEZ y DANIELLE ZASLAVSKY Traducción del prefacio de MARÍA ANTONIA NEIRA B. FONDO DE CULTURA ECONÓMICA MÉXICO Primera edición en francés, 1993 Primera edición en español, 1996 Segunda edición en francés, 1997 Segunda edición en español, revisada, 2001 VER COMPLETO EN http://www.ignaciodarnaude.com/…/Bloch,Apologia%20para%20la…
IMAGEN TOMADA DE https://es.slideshare.net/…/marc-bloch-el-anlisis-histrico-…

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA
https://es.scribd.com/…/Marc-Bloch-Introduccion-a-la-histor…
Poligrafías - Libros y más agregó una foto nueva al álbum LIBROS.
Georges Lefebvre
El nacimiento de la historiografía moderna
https://drive.google.com/…/1Nmp8xPZ9b68-4VYlQfDqmFjRsM…/view
Atlas de México y el Nuevo Mundo agregó una foto nueva al álbum

FILOSOFÍA Y TEORÍA DE LA HISTORIA.
(pdf) LA ESCUELA DE LOS ANNALES. Ayer, hoy y mañana, por Carlos Aguirre Rojas. México: Editorial Contrahistorias; 2005, 190 p.
https://historiadelascivilizacionesblog.files.wordpress.com…
Historia Universal - USAC

EL HILO Y LAS HUELLAS "Lo verdadero, lo falso, lo ficticio". pdf
Carlo Ginzburg.
https://drive.google.com/…/1k6YwEMC1a4wuQ0JafFsaA7cm_…/view…