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sábado, 27 de julio de 2024

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA LUEGO DE 1814

En general se piensa que no existieron cambios en los años de la Independencia, cuando los cambios fueron profundos y notables luego de los cuatro meses en los que San Martín se encontró al frente del Ejército del Norte, en particular en cuanto a la estrategia 

independencia Argentina – 1901
Bidondo, Emilio: La Guerra de la Independencia en el Norte Argentino
CFI. Datos sobre Volcán – 20015
Definición y etimología de batalla definiciona.com 2015
Javier Ferrer - Cecilia Bembibre: Diccionario enciclopédico ABC Definicion ABC –general-batalla 2017
Joan Corominas, José A.: Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Pascual Gredos, 1991
Jorge Ariel Vigo: Fuego y Maniobra (Breve Historia del Arte Táctico). Buenos Aires 2005
Julián Pérez Porto y María Merino: Definición de batalla Definicion.de, 2013.
Keegan, John . El Rostro de la Batalla,. Turner. 2013
Maria Moliner : Diccionario de Uso del Español.. Editorial Gredos. 1981.
Paleari , Juan A :Diccionario General de la Provincia de Jujuy Tomo 11, Gob. De Jujuy 1993,
Paleari, Antonio: Diccionario Geográfico de la Provincia de Jujuy
Sanchez De Bustamante, Teófilo: Biografías Históricas de Jujuy
Vergara, Miguel Ángel: Compendio de la Historia de Jujuy



[1] Docente de Historia en los niveles medio y superior, Diplomado Universitario en Historia Argentina y Latinoamericana, Presidente del Colegio de Profesores de Historia e Integrante del Instituto de Estudios Históricos, “Gral. Manuel Eduardo Arias”.
[2] Para los soldados que habían luchado, la distinción era puramente académica: un soldado que hubiera luchado en Beaumont Hamel el 13 de noviembre de 1916 probablemente ignorara que estaba tomando parte en lo que el comité denominaría “Batalla de Ancre”.
[3] Tras la Batalla de Waterloo algunos oficiales británicos dudaban de si los eventos acaecidos a lo largo de ese día merecían el título de “batalla” o habían sido una mera “acción”,
[4] Gral. Brig. (R) "VGM", Miembro de Número y Secretario académico del Instituto Nacional Belgraniano.
[5] Tte. Cnel. (R), Doctor en Historia egresado de la Universidad del Salvador, docente e investigador universitario, Miembro de Número de la Academia Nacional Sanmartiniana, del Instituto Nacional Belgraniano y del Instituto de Historia Militar Argentina, director del equipo de Investigación Histórica de la escuela de Guerra y director de la Maestría en Historia de la Guerra en la Escuela Superior de Guerra
[6] Abogado y Magister en Historia de la Guerra y Miembro de Número del Instituto Nacional Belgraniano y académico del Instituto Güemesiano
[7] Vicepresidente del Instituto Belgraniano de Jujuy.
Colegio de Profesores de Historia 

martes, 23 de julio de 2024

SEUDÓNIMO

¿Qué es un seudónimo y ejemplos?
Se escriben con mayúscula inicial y si van precedidos de artículo, este se debe escribir en minúscula: Alfonso X el Sabio, Isabel la Católica, Jack el Destripador... Seudónimos o nombres artísticos: Son los nombres utilizados por escritores y artistas en el ejercicio de sus actividades, en lugar del suyo propio.17 may 2018
En el día de hoy llegó una persona enojada, con la que creo no haber charlado, pero puede ser alguien que escuchó una charla mía o al que le preguntaron, pero solo puede ser de Historia. Siempre digo Guillofca o Guillermo Fernando Cámara, para que puedan encontrarme en Google.
Y no termino de entender el enojo del señor, salvo que fuese mandado, con su familia, por otra persona, pero me gustaría saber el nombre del que lo mandó o de la persona que cree que usar un sedónimo es un delito. En este caso ese era el tema. Casualmente, en el mismo día un colombiano intentó callarme en el Monumento a los Héroes Anónimos de la Independencia, en Humahuaca, porque creía que el no podía vender, porque un supuesto curandero charlaba en sus proximidades y este profesor lo hacía un poco má lejos sobre Historia del monumento, aunque dejó aclarado que lo molestaba menos. En ese caso el delito puede ser otro, cómo el autor y está vinculado con la libertad, para tratar un tema de Historia, por un profesor de la materia que presenta fuentes y pruebas.

Esto es lo que sale si se escribe Guillofca en Google , al principio en: Instagram
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Guillermo Guillofca Cámara
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Y LUEGO ARTÍCULOS Y LIBROS... Pero no creo que avale ningún enojo, porque no es un delito. Pero si es un delito revisar las pertenencias de otros, cómo ocurrió este viernes pasado a primera hora de la mañana y creo que tiene más relación con el incidente del enojado. O puede tenerlo con otros tipos de intentos por suprimir relatos históricos con fundamentos históricos, que recientemente ocurrieron y que no tienen ningún sentido, cómo no tiene sentido decir de alguna persona que fue declarada cesante, cuando no es real al día de hoy a las 20,25 del 23/07/2024. Y si lo fuese en un futuro, no cambiaría, para nada la Historia, porque no tiene ninguna importancia, con el tema Histórico real, de la lucha por la Independencia. Por lo que no deja de ser un simple chisme. En cambio intentar evitar que explique temas de su materia, un Profesor de Historia se inscribe en otra temática.

ALGUNOS TÍTULOS BORRADOS

En este tiempo agregamos algunos artículos que habían sido solicitados, que no teníasn directa relación con lo ya escrito, y cómo ya fueron leídos por sus destinatarios los estamos eliminando, para no generar confución, pero ello no significa que deba elegir algún tema en particular o algún tipo de trabajo en especial, porque todos tenemos derechos a relatar, siempre que no violemos leyes o normas. Aunque algunas cuestiones se deben aclarar, para seguir siendo veraces.

SAN MARTIN JEFE DEL EJÉRCITO DEL NORTE


Después del Combate de San Lorenzo, San Martín se hizo cargo a comienzos de 1814 de los restos del Ejército del Norte que había sido vencido en el Alto Perú. Era una tropa derrotada y con problemas de indisciplina a la que reorganizó durante cuatro meses.8 ago 2021
https://billiken.lat › para-tus-tareas
San Martín se hace cargo del Ejército del Norte - Billiken

En varias oportunidades, distintas personas, la mayoría de ellos habitantes de la ciudad de Buenos Aires y zona de influencia, me preguntaron qué había hecho el general en el ejército del Norte y la respuesta es simple: Adaptarlo a la nueva estrategia de evitar que los realistas pasen de norte a sur, con la facilidad, con la que lo habían hecho anteriormente.

San Martín y un cambio de estrategia
En 1814 cuando San Martín ocupó el cargo de general en jefe del Ejército del Norte, advirtió que los intentos de terminar con la resistencia realista en el Perú por el Norte llevarían a una guerra de desgaste. Entonces elaboró un plan para atacar y libertar Lima, corazón del poderío español en Sudamérica.

En 1814 cuando San Martín ocupó el cargo de general en jefe del Ejército del Norte, advirtió que los intentos de terminar con la resistencia realista en el Perú por el Norte llevarían a una guerra de desgaste, lo cual diezmaría los pocos recursos económicos y humanos con los que contaba la Revolución. Entonces elaboró un plan para atacar y libertar Lima, corazón del poderío español en Sudamérica, que consistía en cruzar la cordillera de los Andes primero, para reforzar la revolución chilena y unir los recursos materiales y humanos del Río de la Plata y Chile, y luego navegar por el océano Pacífico en dirección al virreinato del Perú y acabar con la resistencia española en el sur del continente. Para ejecutar su plan, solicitó el cargo de Gobernador Intendente de Cuyo, jurisdicción que comprendía las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis. El 9 de septiembre de 1814, San Martín llegaba a la ciudad de Mendoza con un objetivo muy claro: armar un ejército profesional bien pertrechado que le permitiera derrotar a los realistas y lograr definitivamente la independencia americana.
“La patria no hará camino, por este lado del norte que no sea una guerra defensiva y nada más. Pensar en otra cosa, es empeñarse en echar al pozo de Ayrón, hombres y dinero. Ya le he dicho a Ud. mi secreto: Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza, para pasar a Chile y acabar allí con los Godos, apoyando un gobierno de amigos, sólido, para concluir también con la anarquía que reina. Aliando las fuerzas pasaremos por el mar a tomar Lima. Ese es el camino y no éste. Convénzase, hasta que no estemos en Lima la guerra no se acabará” (Carta de San Martín a Rodríguez Peña, del 22 de abril de 1814).
Ya siendo gobernador y con el apoyo incondicional del Cabildo de Mendoza, San Martín comenzó los preparativos de su campaña libertadora. El reclutamiento de soldados fue muy intenso. A principios de 1815, San Martín dispuso que todos los hombres que tuvieran entre 15 y 45 años de edad, debían alistarse en los cuerpos cívicos. Un año después, el 12 de enero de 1816, ante la necesidad de reclutar más hombres, dispuso en un bando que los amos de esclavos debían proporcionarle al gobierno todos aquellos que tuvieran entre 14 y 45 años y encargarse de proveerles de uniformes. Los esclavos eran los que mayormente trabajaban en las siembras, las estancias y las viñas, de manera que esta política afectó a varias de las industrias locales. Para atenuar el impacto, el 13 de septiembre de 1816, el gobierno citó a todos los propietarios de esclavos y les anunció que el Estado los recompensaría económicamente en cuanto fuera posible, pero que sus esclavos serían liberados y pasarían a forma parte del Ejército Libertador.
Para el adiestramiento de los soldados, San Martín requirió un campo de gran extensión cerca de la ciudad, que se convertiría en el Campamento del Plumerillo. Para levantar los cuarteles debió utilizar maderas, tirantes, adobes y peones. Luego fue solicitando al Cabildo caballos y mulas, cueros (para envolverle los pies a los soldados), alimento para el ganado que llevarían a pie, monturas, carretas (para trasladar armamentos y municiones), yerba mate, papel, bolsas de lanilla (para municiones), tabaco, piedras pómez (para lustrar las armas y pulir el interior de los cañones), aguardiente (para disminuir el frío nocturno) y otros elementos. Y como antídoto del mal de las alturas que provocaba cefaleas, náuseas y trastornos del sueño, conocido entonces como la puna o el soroche, San Martín reunió miles de cebollas. El 28 de diciembre de 1816, San Martín dice: “la cebolla ha probado muy bien contra la puna. No hay en proveeduría, urge acopiar cuanta hubiere en Mendoza”. Ante la dificultad de reunir los recursos materiales necesarios para la campaña, el general, en su rol de gobernador, tomó medidas económicas estableciendo nuevos impuestos y una serie de políticas específicas como la del oficio del 10 de mayo de 1816, que ordenaba encontrar diez peones que debían ser costeados por los vecinos de Mendoza con el objetivo de emplearlos en la elaboración de pólvora. San Martín necesitaba explotar al máximo los recursos locales, debido a que no podía esperar demasiado del poder central ubicado en Buenos Aires. Sin embargo, esta situación cambió a partir del 9 de julio de 1816, fecha en la que asumió Juan Martín de Pueyrredón como director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Cabe destacar que toda la comunidad mendocina se sumó a los preparativos de la campaña libertadora, cuando el ejército repartió en cada uno de los hogares millares de cortes de camisas y ropas destinadas a vestir a los soldados de los diferentes cuerpos para que fueran cosidas en el menor tiempo posible,. Las mujeres cosieron incluso de noche, a la luz de las velas, a fin de poder cumplir con esta misión. Un grupo de damas mendocinas pidió una audiencia con José de San Martín, en la que le entregaron sus alhajas para la compra de armamento y le expresaron todo su apoyo. Además, Remedios de Escalada, esposa del general, junto a sus amigas cosió y bordó la bandera de los Andes. El bordado del sol, se realizó con las perlas de un collar de Remedios.
El 5 de enero de 1817 se realizó en Mendoza una gran ceremonia a la que acudió toda la población mendocina. Las calles estaban adornadas con arcos florales y colgaduras de colores, así como también los balcones y fachadas de los edificios de la plaza principal. Poco antes de las diez de la mañana, las bandas militares anunciaban la llegada de las tropas que venían desde el Campamento de El Plumerillo. El ejército penetró en la ciudad por la calle de la “Cañada”, actual Coronel Díaz. A la cabeza marchaba el general Soler y la Virgen del Carmen, elegida patrona y generala del Ejército de los Andes. Detrás de la imagen llevada en andas, desfilaban San Martín, el nuevo gobernador de Cuyo, Toribio Luzuriaga, los miembros del Cabildo, autoridades eclesiásticas y vecinos. Durante la ceremonia, se escuchaba la música de las bandas militares y las campanas de todas las iglesias. Cuando las tropas llegaron al altar levantado en la plaza, el canónigo Dr. José Lorenzo Guiraldes realizó una misa en la que bendijo el bastón de mando y la bandera bordada por las damas. El general en jefe entregó el bastón a la Virgen del Carmen y enarboló la bandera de los Andes. Luego, una salva de 21 cañonazos saludó a la gloriosa insignia. Después, San Martín se dirigió a sus soldados y con voz firme anunció: “Soldados: ésta es la primera bandera independiente que se bendice en América”. Y los soldados respondieron: “¡Viva la Patria!”. Y San Martín replicó: “Soldados: ¿Juráis sostenerla muriendo en su defensa como yo lo juro?”. Y en un grito unánime respondieron: “¡Lo juramos!”. Luego siguieron otros 25 cañonazos.
En los días siguientes, partieron las diferentes columnas del ejército andino. El 25 de enero de 1817, el general San Martín, dejó la ciudad junto a su estado mayor después de enviarle una nota de agradecimiento al Cabildo y despedirse de su esposa y de su hija Mercedes de tan solo 6 meses de edad. La ciudad quedó desierta tras la partida del Ejército y los familiares de los soldados acudieron a las iglesias a rogar a Dios por la vida de sus seres queridos.
Para ilustrar algunos de los elementos que tuvo que llevar San Martín en su campaña libertadora, compartimos la imagen de un par de chifles que le pertenecieron al Libertador. Un chifle, es un recipiente hecho con cuerno (asta) de buey o toro que se utiliza como cantimplora para contener líquidos. En su fabricación, el cuerno era secado y limpiado. Su extremo mayor o base era cerrado con una pieza de madera o plata, y en el más angosto se realizaba una pequeña abertura donde se colocaba una espita (canuto) y una tapa. El par de chifles del general San Martín, está realizado con plata y su cuerno labrado con hierros candentes: Y la parte superior, posee una llave que pende de una cinta. Los mismos se exhiben actualmente en la sala permanente Pasos de Libertad.

lunes, 22 de julio de 2024

LA CAPITANA DE LA PATRIA

María Remedios del Valle, la capitana de la patria
Las crónicas de la Independencia dan cuenta de un pequeño número de mujeres que salieron del anonimato, ya sea por su solidaridad hacia la causa patriota, por su apoyo logístico a los soldados o por ser dueñas de casas donde se llevaron grandes discusiones para dirigir los destinos de la revolución.

En todos estos escritos, son pocos los renglones dedicados a mujeres que pelearon codo a codo con los hombres en el frente de batalla. La experiencia revolucionaria y la militarización, si bien habían llevado a la mujer a un rol más activo, ésta seguía representando valores tradicionales. Quizás por ello el papel de las mujeres como soldadas ha sido y es todavía vedado de la historia y de la memoria. Sin embargo, la figura de María Remedios del Valle hace justicia a las mezquindades y a los olvidos de los relatos historiográficos sobre el proceso de la Independencia.

¿Quién fue?
Mujer negra, pobre, guerrera, esposa y madre de varios hijos, María Remedios del Valle fue una de las pocas mujeres que comenzó a luchar en las guerras de la Independencia desde que se formó el primer gobierno patrio el 25 de mayo de 1810. Su primera participación fue en la Expedición del Alto Perú junto a su marido y a sus dos hijos. Ella, como muchas otras mujeres, acompañó a la tropa alimentando a los soldados, curando heridos y también peleando con ellos.

Así lo hizo en la batalla de Huaqui, donde desafortunadamente perdió a su marido y a sus dos hijos. Lejos de rendirla, sumó más coraje para pelear en las contiendas de Tucumán y Salta. Debido a su bravura y valentía, Manuel Belgrano la nombró Capitana. A pesar de este gran reconocimiento, la suerte no estuvo de su parte en las derrotas de Vilcapugio y Ayohúma, donde fue herida de bala, capturada por los realistas y azotada públicamente. Muchas veces estuvo a punto de ser fusilada, sin embargo, pudo sortear los embates tenazmente.

De vuelta en Buenos Aires, no le fue fácil que la reconocieran como capitana y que le pagaran su sueldo, y cuando lo consiguió fue por poco tiempo.

¿Qué se dijo sobre ella a lo largo de la historia?
La historia de la heroína comienza a trascender fuera del ámbito militar en la década de 1820, cuando se realizó el primer reconocimiento por los servicios prestados a la Patria durante las campañas militares al Alto Perú entre 1810-1814. El trámite emprendido por María Remedios del Valle contó con el apoyo y el compromiso de los generales Juan José Viamonte, Eustaquio Díaz Vélez, Juan Martín de Pueyrredón y de los coroneles Hipólito Videla, Manuel Ramírez y Bernardo de Anzoátegui, quienes a través de diferentes expresiones y elogios destacaron la bravura, el patriotismo y su espíritu abnegado de servicio. Estos oficiales, que gozaban de valimiento y reconocimiento (tanto social como profesional), declararon larga y elocuentemente a favor de una retribución monetaria para María Remedios del Valle.

En una de las peticiones de las sesiones legislativas del 18 de julio de 1828, Juan José Viamonte en defensa de la capitana de la patria, expresaba lo siguiente:

“Yo no hubiese tomado la palabra porque me cuesta mucho trabajo hablar, si no hubiera visto que se echan de menos documentos y datos. Yo conocí a esta mujer en la campaña al Alto Perú y la conozco aquí; ella pide ahora limosna; porque después de esa vida durante tantos años, herida y maltratada, no podía trabajar naturalmente”
Durante las gobernaciones de Rosas, los jefes militares del Ejército del Norte escribieron sus memorias y muchos de ellos, enfrentados al entonces gobernador, buscaban enaltecer su figura junto a la de Manuel Belgrano, entre ellos, el tucumano Gregorio Aráoz de Lamadrid, quien aporta mucho a la representación de Remedios, dirá respecto a la derrota de Belgrano en Ayohúma:

“Es digno de trasmitirse a la historia una acción sublime que practicaba una morena, hija de Buenos Aires llamada tía María y conocida por madre de la Patria, mientras duraba este horroroso cañoneo como a las 12 día 14 de noviembre y con un sol que abrasaba. Esta morena tenía dos hijas mozas y se ocupaba con ellas en lavar la ropa de la mayor parte de los jefes u oficiales, pero acompañada de ambas se la vio constantemente conduciendo agua en tres cántaros que llevaban a la cabeza. Desde un lago o vertiente situado entre ambas líneas y distribuyéndola entre los diferentes cuerpos de la nuestra y sin la menor alteración.
Lamadrid la reinventa como una mujer dentro de los cánones de conducta “ideales” de una mujer, de una madre, de la época, cuidar y ayudar desde atrás, y no a la par.


Gregorio Aráoz de Lamadrid y José Viamonte

> Gregorio Aráoz de Lamadrid y José Viamonte <

Años más tarde Bartolomé Mitre, en su obra sobre la vida del prócer Manuel Belgrano, María Remedios aparece con una participación fugaz en la Historia. Si bien le llama “Madre de la Patria”, nada dice de por qué se la conocía por ese nombre, ni su rango militar otorgado por Manuel Belgrano. Las omisiones de Mitre respondían a un clima imperante de construcción de relato nacional que buscaba corresponderse con el aluvión inmigratorio europeo, borrando así las raíces de la cultura afro en la historia nacional. 

En las primeras décadas del siglo XX, los efectos de la Primera Guerra Mundial y las experiencias nacionalistas en Europa, se hicieron sentir en el país con el arribo del revisionismo, dando una mirada diferente de la construcción de la patria y nuevas perspectivas que reivindicaron figuras como la de Rosas y otras, como la de Remedios del Valle. Carlos Ibarguren, uno de los fundadores de la Sociedad de Historia Argentina volvió a darle relevancia al relato de Remedios del Valle, recuperando los discursos de la sesión de la Sala de Representantes en los que se trató la pensión de Remedios. 

En los últimos años, gracias a la valorización académica de los estudios de género (producto de una larga tradición de investigadoras feministas) y de las minorías étnicas la figura de María Remedios adquirió una mayor significación y reivindicación. El hecho de que cada 8 de noviembre celebremos el Día Nacional de los Afroargentinos y la Cultura Afro, en honor a su fallecimiento da cuenta del proceso de revisibilización afroargentina que estamos viviendo.


Valentina Mitrovich
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Área de Investigación
Museo Casa Histórica de la Independencia

La Revolución con olor a jazmin

Juana Azurduy: la Revolución con olor a jazmín
En este breve texto, queremos referirnos al rol de una de ellas con relación a la guerra: Juana Azurduy de Padilla.
Mujer comprometida con la Revolución y la guerra contra los realistas en la región del Alto Perú, la figura de Juana Azurduy es interesante por muchas razones. No sólo porque ella representó la lucha armada de la población indígena y mestiza alto-peruana agobiada por siglos de expoliación colonial, sino también porque fue una mujer que se involucró en la causa independentista y tomó las armas contra los realistas en una sociedad que vedaba el acceso de las mujeres a la vida política. Pues en el corazón de Juana latían los ecos de las rebeliones andinas, que sacudieron al Virreinato del Perú a fines del siglo XVIII.

Ella nació el 12 de julio de 1780, en Chuquisaca (actual ciudad de Sucre), un año antes del inicio de la revuelta protagonizada por Tupac Amarú II que conmovió a toda la región y fue brutalmente reprimida por las autoridades españolas. Juana era hija de doña Eulalia Bermúdez, una “chola” (mestiza, hija de padre español y madre india) y de don Matías Azurduy, un hombre blanco que poseía haciendas en la región. Desde niña acompañaba a su padre en las labores rurales junto a los indígenas que trabajan sus tierras. De esta forma aprendió a ser una excelente jinete y dominó las lenguas quechua y aymara, habilidades que resultarían muy importantes en su futuro como guerrillera revolucionaria.

En 1799 Juana se casó con Miguel Asencio Padilla, que era hijo de unos vecinos de hacienda y amigo de sus padres. Fruto del matrimonio nacieron cinco hijos. Padilla intentó hacer carrera en la burocracia colonial, pero le resultaba muy difícil por su condición de americano. La vida de Azurduy y Padilla cambió para siempre en mayo de 1810. Ellos apoyaron al Ejército Auxiliar del Alto Perú enviado desde Buenos Aires. Chuquisaca volvía a ser una ciudad rebelde, luego de un movimiento autonomista que tuvo lugar el año anterior y que fue duramente reprimido. Después de la derrota de Huaqui en 1811, el ejército patriota debió retroceder hasta Tucumán. Mientras tanto, surgieron en el Alto Perú grupos hostiles a los realistas que fueron combatidos mediante la guerra de guerrillas. Uno de estos grupos fue liderado por Padilla y secundado por su esposa. Ella luchó en la región del Alto Perú, desde el norte de Chuquisaca, en el Altiplano, hasta las selvas del sur. Organizó un batallón llamado “Los Leales” y un cuerpo de caballería conformado por 25 mujeres, conocido como “Las Amazonas”. Juana y Manuel perdieron en la lucha a cuatro de sus hijos, pero siguieron luchando apoyando la nueva ofensiva del ejército comandado por Manuel Belgrano. Y estuvieron junto a él en la derrota de la batalla de Ayohuma. Azurduy comenzó a ser nombrada en los partes de guerra y su figura a obtuvo brillo propio, pasando a ser conocida por sus contemporáneos. Embarazada de su quinta hija, Juana siguió combatiendo e incluso logró arrebatarle un estandarte español a un coronel enemigo. Acto por el que fue reconocida por Manuel Belgrano, quien le obsequió su espada. Belgrano, además, le escribió al director supremo Juan Martín de Pueyrredón para que le concediera a Azurduy el grado de teniente coronel.

En septiembre de 1816 murió Padilla. Al poco tiempo Juana decidió trasladarse a Salta y unirse a las fuerzas patriotas de Miguel Martín de Güemes con quien luchó hasta 1821 cuando murió el líder salteño. La nueva pérdida la alejó del escenario militar. Sumida en la pobreza –sus propiedades habían sido expropiadas por los realistas– presentó una carta al gobierno salteño pidiendo auxilio económico para volver a su tierra. Finalmente pudo regresar en 1825, año en que se celebró la Independencia de la República de Bolivia. Chuquisaca la recibió con honores y fue homenajeada por el propio Simón Bolívar, quien la declaró “heroína”.

El 25 de mayo de 1862, a los 82 años y acompañada por un niño llamado Indalecio Sandi que había tomado bajo su cuidado, murió Juana Azurduy. Fue enterrada en una fosa común y cien años después sus restos (o lo que se cree que fueron sus restos) fueron exhumados y depositados en un mausoleo que se construyó en su homenaje en la ciudad de Sucre.

Si bien Juana Azurduy fue una figura reconocida, gozo de poco estima por parte de la historiografía liberal argentina. Esto sucedió probablemente, porque su actuación tuvo lugar en el Alto Perú: un espacio que quedó afuera de las fronteras nacionales definidas con posterioridad a las guerras emancipatorias. Sin embargo, en los últimos años ha sido especialmente revalorizada. En julio de 2009 fue ascendida pos mortem del grado de Teniente Coronel al de General del Ejército Argentino. Además se firmó un tratado internacional que instituye la fecha del nacimiento de Juana Azurduy, como el día de la Confraternidad Argentina-Boliviana. El gobierno nacional también dispuso que en la Plaza Colón, ubicada detrás de la Casa Rosada, se levantase una estatua en su honor que ha desatado una fuerte polémica debido a que reemplazó el monumento dedicado a Cristóbal Colón, símbolo de la conquista de América, que había sido inaugurado en 1921.

En esta ocasión, compartimos la imagen de un retrato suyo que forma parte del acervo patrimonial de nuestra institución. Es un óleo sobre tela, de autor anónimo, donde Juana aparece con una cabellera oscura peinada hacia atrás y vestimenta militar. Sobre el pecho lleva dos condecoraciones y su mano descansa sobre la empuñadura de una espada. Llama la atención que se trata de una imagen fuertemente masculinizada. Pero no existen pautas concluyentes sobre el aspecto físico de Juana. El artista Saturnino Porcel la habría retratado en Potosí en sus últimos años de vida, pero se desconoce el paradero de esa obra y en los retratos que se encuentran en los edificios oficiales de Sucre aparece siempre con su uniforme de teniente coronel.

 https://museohistoriconacional.cultura.gob.ar/noticia/juana-azurduy-la-revolucion-con-olor-a-jazmin/

domingo, 21 de julio de 2024

MARQUES Y CORONEL DEL EJÉRCITO DEL NORTE DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Un Marqués muerto en situación extraña, cuando era trasladado a España, para ser ajusticiado.
No existen dudas que tenemos, cómo país, una deuda de gratitud, con uno de nuestros héroes, que no es anónimo, cómo si lo son los del Monumento de Humahuaca.
Una de las tantas figuras que quedó apenas pincelada por los registros históricos, limitando su imagen a la de una curiosidad superficial de la nobleza de la zona, fue Juan José Fernández Campero, popularmente conocido como el marqués de Yavi.

Fernández Campero vivía en el epicentro del conflicto bélico independentista, lugar clave de los combates que definían la posesión territorial que determinaría la geopolítica de la región. Su consideración es insoslayable para la comprensión de los sucesos que gestaron Bolivia y Argentina.
(Nacido en San Francisco de Yavi, Gobernación del Tucumán (hoy Jujuy), Virreinato del Río de la Plata, 15 de junio de 1777. Fallece en Kingston, Jamaica, el 22 de octubre de 1820) Don Juan José Fernández Campero Maturana del Barranco, Pérez de Uriondo, Hernández de la Laya, marqués del Valle de Tojo, vizconde de San Mateo, comandante general de la Puna y coronel del Primer Regimiento peruano, como solía firmar en sus bandos y proclamas este patricio de la nobleza española, es mejor recordado como el Marqués de Yavi.

"Fuga del marqués y los antecedentes, me hicieron aparecer como sospechoso. Yo corrí gustoso el compromiso, no sólo en obsequio de la amistad que había contraído con el marqués, sino muy principalmente por hacer un servicio importante a la causa de la independencia, pues el marqués era un hombre de influjo, muy querido de los habitantes de sus estados, pues así pueden llamarse las tierras que poseía por su gran extensión, y él me había prometido que las iba a poner bajo el pie de guerra, lo que le era muy fácil por el gran ascendiente y popularidad que tenía entre ellos".
El texto prueba que lo que Belgrano no creyó ocurrió. Fernández Campero había logrado huir de sus captores pero volvió a ser tomado prisionero. Luego fue trasladado a Lima y de allí a España, falleciendo en el trayecto.

Fuente: Boletín Güemesiano 2009
FICHA
Nació: San Francisco de Yavi en 1777
Murió: Jamaica el 22/10/1820
Representó a Chichas (actual Bolivia)

Juan José Feliciano Fernández Campero, también conocido como el Marqués de Yavi, fue uno de los pocos nobles que luchó a favor de la causa independentista en América, anteponiendo sus ideales libertarios por sobre sus intereses económicos y su status social.

Nació en San Francisco de Yavi en 1777, dentro del Marquesado de Yavi o Tojo. En los tiempos coloniales, el marquesado abarcaba territorios de Bolivia y Argentina como los departamentos de Tarija, Chuquisaca, Tupiza, hoy Bolivia, y del lado argentino los de Yavi, Orán, Casabindo, Cochinoca y gran parte del desierto de Atacama. Era el marquesado más grande de todo el Virreinato del Río de la Plata.


Juan Fernández Campero era, además, Conde de Jujuy y Caballero de la orden de Calatrava. Durante la Revolución de 1810 se mantuvo neutral e intercedió entre las fuerzas oponentes. Luego, si bien la Asamblea del Año XIII prohibió todos los títulos feudales y de nobleza en las Provincias Unidas del Sur, sorprendentemente el Marqués de Yavi se unió a las fuerzas revolucionarias combatiendo bajo las órdenes de Güemes, del cual era pariente. El Marqués se encargó de la defensa de la Puna jujeña al mando de unos seiscientos gauchos de la región a los que denominó Ejército del Perú, al que sostuvo con su propia fortuna.

Por su actuación en la guerra fue elegido como representante para el Congreso de Tucumán por la provincia de Chichas (en Bolivia). No llegó a asumir el cargo pues no pudo retirarse del frente de batalla. Aunque recibió una gran muestra de gratitud del gobierno revolucionario cuando se le permitió conservar su marquesado y su título de Marqués, única excepción junto con la de Saavedra, quien había sido nombrado Conde de Buenos Aires, y la del Barón de Holmberg, quien colaboró estrechamente con Belgrano en sus campañas del norte. Murió en Jamaica el 22 de octubre de 1820 a causa de la secuela de los tormentos que había sufrido en guerra y tras ser capturado y torturado un par de veces por el enemigo.

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