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domingo, 2 de abril de 2023

Histórica, historia sociale historia de los conceptos políticos*José Luis Villacañas Berlan




La lógica de una trayectoria. Tras sus obras ejemplares sobre la fun-ción de la opinión pública y el secreto en la dinámica del proceso moderno1, o sobre la indecisión prusiana entre la reacción y la revolución2, Reinhardt Koselleck desplegó una intensa reflexión sobre el estatuto científico de la historia y de sus condiciones de posibilidad3. Deseoso de responder al estructuralismo francés, más o menos intensamente vinculado a la escuela de los Annales4, Koselleck se empeñó en identificar esquemas temporales más * Este trabajo forma parte del proyecto de investigación BFF2002-02315 financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología y el FEDER. Desarrollo aquí mis anteriores aproximacio-nes al problema de la historia conceptual: «Historia de los conceptos y responsabilidad política», en Res Publica, 1 (1998), pp. 141-175; «Introducción» a R. KOSELLECKY H. G. GADAMER, Histó-rica y Hermenéutica, Paidós, Barcelona, 1997; «El problema de la objetividad en la historia polí-tica. Una propuesta interdisciplinar», en A. PRIOR (ed.), Nuevos Métodos en ciencias humanas, Anthropos, Barcelona, 2002, pp. 25-61; así como la conferencia «Histórica y hermenéutica. Las razones de un diálogo», leída en el Congreso de la Sociedad internacional de Filosofía, Madrid, septiembre 2002.1Crítica y Crisis del mundo burgués, Rialp, Madrid, 1965. 2R. KOSELLECK, Preußen zwischen Reform und Revolution, Klett-Cotta, Stuttgart, 1981.3Cf. Futuro Pasado. Para una semántica de los tiempos históricos, Paidós, Barcelona, 1993; «Histórica y hermenéutica», en R. KOSELLECK, Y H. G. GADAMER, o. c.; Los estratos de tiempo: estudios sobre la historia, Paidós, Barcelona, 2001.4 En cierto modo, su producción mantiene un continuo diálogo con la escuela de los Annales, como se puede apreciar desde el ensayo «Ereignis und Strukture» del seminario Poetik und Hermeneutik, 5, Geschichte-Ereignis und Erzählung, Wilhelm Fink Verlag, Munich, 1973, pp. 560-571, pasando por el desarrollo del mismo en «Representación, acontecimiento y estructura», en Futuro Pasado, hasta su última expresión en «Moderne Sozialgeschichte und historische Zeiten», en Zeitschichten, pp. 316-335. La tesis mantenida con respecto a estos dos temas se resume en este último texto de la siguiente manera: «Eventos y estructuras están naturalmente interrelacionados en la realidad histórica. Es tarea del historiador diferenciarlos metodológicamente, bajo el supuesto de que no puede discutir ambos al mismo tiempo.» (p. 327). «Todos los sucesos están basados en estructuras preexistentes que llegan a ser parte de los sucesos concernidos, pero existen antes de los sucesos de una manera diferente a la que tiene el 
70José Luis Villacañas Berlanga71Histórica, historia social e historia de los conceptos políticosbásicos y abstractos que los procesos de longue durée, por cuanto en cierto modo daban la propia definición de lo que podía ser duración en cada caso. Estos esquemas temporales, que encerraban una teoría de la periodización histórica, Koselleck los vinculó inicialmente a la práctica de la historia de los conceptos políticos5. En este contexto, y no en abstracto, adquiere sentido la metodología de los conceptos políticos.sentido cronológico de lo anterior.» (p. 328). Koselleck da ejemplos: un esquema constitucional, un sistema legal, un modo de producción, una institución determinada como el matrimonio. Naturalmente, su característica es la longue durée. La cuestión es que el modo de aproximación a la estructura puede ser la descripción, mientras que el modo de aproximación al evento debe ser la narración. Ésta es la tesis del capítulo incluido en Futuro pasado. Pero Koselleck, contra los Anales, llama la atención sobre el hecho de que no se debe preferir una forma de historia a otra. «Ambos niveles, el suceso y la estructura, permanecen interdependientes», comenta en la p. 329. Y añade: «Mi tesis dice que los sucesos no pueden nunca ser completamente explicados por las estructuras asumidas, de la misma manera que las estructuras no pueden ser sólo explicadas desde los sucesos. Hay una aporía epistemológica que afecta a los dos niveles de tal manera que uno no puede nunca ser enteramente deducido del otro. El antes y el después de un suceso dado es su propia cualidad temporal, que no puede ser nunca enteramente reducida a sus condiciones de larga duración. Cualquier suceso es más, y al mismo tiempo menos, de lo que está indicado en tales condiciones. De ahí que siempre sea una novedad sorprendente.» De aquí deriva Kose-lleck la exigencia de que la temporalidad de los sucesos sea investigada de manera diferente a la temporalidad de las estructuras. Como veremos a lo largo de este artículo, con respecto a la temporalidad de las estructuras serán necesarias dos cosas por lo menos: una teoría y una historia conceptual apropiada. Una de las premisas escondidas de Koselleck, frente a los Anales, es que no hay una estructura. No existe tal cosa, en el sentido de que una estructura agote la sincronía. Al contrario, la historia social muestra, cuando se mira desde la historia conceptual y desde la sociología, la sincronía de diversas estructuras: tantas —podríamos decir nosotros— como esferas de acción social cristalizadas en instituciones. Esto tendría sentido con otra condición de las estructuras: que son supraindividuales e intersubjetivas. Epistemológicamente, sin embargo, las estructuras sólo pueden ser observadas desde los sucesos, y los sucesos sólo desde las estructuras. Un problema derivado de la pluralidad de estructuras es la posibilidad de historias particulares. En muchos casos, las estructuras se revelan más bien por medio de articulaciones lingüístico-conceptuales que están disponibles para los individuos como fuerzas expresivas anó-nimas. De ahí que una de las relaciones de la historia de los conceptos con la historia social sea la de revelar estructuras y su cambio. 5 La conciencia más precisa de este origen se puede ver en el trabajo «Über die Theorie-bedürftigkeit der Gechischtswissenschaft», en Zeitschichten, p. 302. Aquí se puede leer: «Podría, por tanto, estrechar convenientemente mi tesis: la historia considerada como ubicuidad puede existir sólo como ciencia si ella desarrolla una teoría de los tiempos históricos, sin la cual la historia se perdería como una cuestionadora de todo en un mar sin orillas. Supongo que en la pregunta por el tiempo histórico convergen las categorías metahistóricas y las categorías histó-ricas. Estas cuestiones tienen un carácter sistemático y un carácter histórico». A continuación expone Koselleck una corta historia de cómo emergió esta necesidad de periodización (pp. 302-303). Es curioso que el estatuto de la periodización del tiempo histórico sea visto por Koselleck como el esquema que permite hacer converger las cuestiones metahistóricas —en el fondo, la Histórica— con las cuestiones históricas propiamente dichas. En este sentido, la periodización es ciertamente un esquema en el sentido kantiano del término.
70José Luis Villacañas Berlanga71Histórica, historia social e historia de los conceptos políticosLa idea consistía en hacer depender el sentido de los conceptos políticos, en su doble dimensión de factores e índices de la acción de los protagonistas históricos, de sus tiempos históricos estructurales. Estos tiempos históricos jugaban en su libro metodológico más importante, Vergangene Zukunft, algo así como esquemas trascendentales concretos que determinaban la semán-tica de los conceptos empleados por los actores y, de manera consecuente e imperativa, por los historiadores6. Esta determinación temporal es a veces tan profunda que el mismo término puede albergar contenidos semánticos completamente diferentes en un mismo momento histórico dado7, mostrando así en su seno estratos temporales diferentes, convivencias contemporáneas de lo no-contemporáneo.Un ejemplo muy preciso es el de nación. Incorporado al tiempo histórico que Koselleck caracterizó como la Sattelzeit, ese nombre significaba algo completamente diferente a lo que con el término nación quería decir alguien conectado con el tiempo histórico medieval. El romanticismo, el nacio-nalismo moderno, el derecho histórico, desvelaban su fondo sospechoso, ideológico y políticamente irresponsable al considerar como un continuo semántico —y una sustancialidad esencial— lo que, en el fondo, escondía profundas transformaciones de sentido y de experiencias históricas. Ese supuesto continuo semántico —que la potencia crítica de la historia con-ceptual demostraba como anacrónico— estaba diseñado para otorgar a los conceptos políticos una legitimidad indiscutible, derivada de considerarlos testigos de la naturaleza eterna de las cosas. En este caso, la nación romántica —un invento reciente— era consagrada como algo que siempre había sido en todo pasado. Su legitimidad y su capacidad operativa política resultaba así reforzada...

https://revistas.um.es/respublica/article/view/27051/26241

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