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viernes, 7 de junio de 2019

DIOS MERCADO

DIOS MERCADO
A grandes rasgos y salvando la enorme brecha del tiempo histórico transcurrido todo se hace en su nombre, como en la Edad Media, para colmo de males es como si los nobles monjes escribas de los monasterios (1) que nos rescataron de las oscuridades (2) a la luz de los libros copiados a sangre y velas, decidieran defraudar al convento y se dedicaran a comprar vehículos de lujo, tierras, mansiones y hoteles, con un frenesí digno de mejores objetivos vinculados con el bienestar, pero nunca dejaron de copiar alguno que otro libro en beneficio de las otredades (3).
La contribución de Hinkelammert a la crítica latinoamericana al neoliberalismo
Introducción
* Versión revisada y ampliada de un artículo, que con el mismo nombre, fue publicado en Itinerarios (...)
1El principal objetivo de este ensayo es el de mostrar la relevancia teórica*, política y ética de la contribución realizada por Franz Hinkelammert a la crítica a la teoría neoliberal. Como se sabe, durante las décadas de los ochenta y noventa un conjunto de teólogos, economistas, sociólogos y filósofos críticos desarrollaron un importante crítica a esta teoría, desde América Latina. Puede decirse que el aporte de Hinkelammert a esta tarea intelectual -que ha venido realizando rigurosa y sistemáticamente desde 1970 hasta ahora- constituye el cuestionamiento más radical a dicha teoría. La complejidad, extensión y riqueza de esta crítica requeriría un estudio especial que abarque gran parte de la obra del autor. Este ensayo sólo querría ofrecer un esbozo necesariamente esquemático; una exploración conceptual preliminar, en la cual se adelantan algunas conjeturas interpretativas.
2Se inicia con la descripción de algunos aspectos de la situación intelectual de los ochenta cuando el neoliberalismo fue introducido en América Latina. A continuación, se ofrece una caracterización general de la crítica latinoamericana al neoliberalismo, y se muestran algunos de sus aspectos. En la tercera parte de este ensayo se exponen algunos de los temas centrales de la contribución de Hinkelammert a dicha crítica.
La situación intelectual latinoamericana a comienzos de los ochenta
3El inicio de las reformas neoliberales en América Latina en Chile, en la década de los setenta produjo desconcierto entre los intelectuales críticos de nuestra región, por el escaso conocimiento de la obra de sus principales autores: Hayek, Friedman, Alberts, Buchanan, Tullock, etc., y de Ritter y Popper en
4la medida en que sus pensamiento coinciden con el de Hayek. Asimismo, resultaba difícil comprender que quienes se decían liberales pudieran apoyar dictaduras militares, las cuales negaban los que creíamos eran los principios fundamentales de todo liberalismo: democracia, estado de derecho, respecto de los derechos humanos, división de poderes del Estado y otros.
5Sin embargo, durante los siglos XIX y XX el liberalismo fue la más influyente teoría política, sobre la sociedad y el hombre, en América Latina, tanto en el período oligárquico, que se extiende en la mayoría de los países de la región, hasta las primeras décadas del siglo XX, así como en la fase de los Estados populistas. Sin embargo, siempre estuvo en competencia y/o pugna con otras concepciones políticas y sociales: el conservantismo, y posteriormente, en el siglo XX, con el anarquismo, el marxismo, el populismo peronista, varguista, y otros, el social-cristianismo, etc.
6Puede decirse que, en general, nuestro conocimiento teórico sobre el liberalismo era impreciso y con frecuencia confuso, y estaba condicionado por las precisas modalidades históricas que éste había ido asumiendo desde la Independencia. Antes de los ochenta, el pensamiento neoliberal era muy poco conocido en América Latina y España. Los fundamentos de la libertad, una de las principales obras de Hayek de 1959, fue recién vertida al español en 1975, y sólo en 1981 fue publicada la primera traducción completa de La sociedad abierta y sus enemigos de Popper, de 1945. Sólo a fines de los setenta el pensamiento neoliberal empieza a ser difundido sistemáticamente en América Latina desde centros especializados, universidades y medios de comunicación (Vergara 1991). Esto sucedió, paralelamente, también en Francia donde el pensamiento neoliberal no fue conocido, salvo por especialistas, y las traducciones de sus obras se iniciaron en los ochenta. Asimismo, el descubrimiento del pensamiento político de Hayek, en los países anglosajones, se produce sólo en los ochenta (Gray 1986 y Gamble 1996). Incluso, hasta fines de los ochenta el pensamiento político neoliberal no era considerado significativo por los principales teóricos de la democracia: Norberto Bobbio, Robert Dhal, David Held, Crawford Macpherson y Giovanni Sartori (Vergara 1999).
7Puede decirse que el establecimiento del pensamiento neoliberal en América Latina, no ha producido autores ni obras significativas. Los neoliberales latinoamericanos dirigen los Ministerios de Hacienda y Economía, las grandes empresas y los más importantes medios de comunicación, y una parte pequeña de ellos se dedica a la enseñanza de la economía. La mayor parte de los articulistas del principal libro colectivo sobre pensamiento neoliberal latinoamericano son políticos, periodistas, empresarios, o profesionales de la gestión, y muy pocos de ellos son investigadores (Levine (ed.), 1992).
8 Podría replicarse diciendo que esto ha sucedido en América Latina con todas las teorías políticas y sociales; existe mayor facilidad para adoptar tradiciones teóricas y usarlas para fines prácticas, que para establecer una relación autónoma con ellas; para reconstruirlas o adaptarlas creativamente desde una reflexión sobre sus objetos científicos y desde el contexto cultural y social propio (Lechner 1970 y 1980; y Vergara 1989). Ello puede explicarse, en cierta medida, por la persistencia de la ilusión, creada ya en la época colonial, de la plena aplicabilidad a nuestras sociedades de las concepciones y teorías generadas en otros contextos culturales y sociopolíticos. Esta tendencia se ve reforzada en el caso del neoliberalismo por su pretensiones de universalidad irrestricta: se autodefine como una teoría económica y social aplicable a toda sociedad. De otra, y directamente ligada a lo anterior, en nuestra región es muy fuerte la tendencia hacia la acción política y social que lo que lleva a convertir las concepciones y teorías recibidas directamente en orientaciones prácticas, lo cual obstaculiza una recepción reflexiva y crítica de ellas.
9Desde los sesenta y setenta, y en directa relación con la crisis de larga duración, o "segunda crisis de la modernidad" que estamos viviendo en América Latina se ha producido un proceso de maduración intelectual que se expresa en dos niveles articulados (Larraín y Vergara 1998). Por una parte, hemos sido capaces de crear teorías y concepciones científico sociales, las cuales aunque se relacionan a las tradiciones intelectuales internacionales, constituyen aportes propios: sociológicas (Vgr.Cardoso, Quijano), antropológicas (Vgr. Ribeiro, García Canclini), económicas (Furtado, Prebisch), de ciencia política (Vgr. Lechner, O'Donnel), comunicacionales (Vgr. Barbero, Veron), epistemológicas (Vgr. Fals Borda, Zemelman), filosóficas (Vgr. Zea, Roig), teológicas (Vgr. Gutierrez, Hinkelammert), literarias (Vgr. Guzmán, Rama), (Sonntag 1988 y Vergara 1989 y 1991). De otra parte, se ha desarrollado una crítica, pero también una incorporación, de relevantes teorías internacionales: marxismo (Vgr. Aricó, Hinkelammert, Lander), teorías del desarrollo (Vgr. Elizalde, Sunkel) y de autores como Gramsci (Vergara 1989).
10Durante el siglo XIX, nuestra imagen del liberalismo, en su dimensión política, estaba ligada a la lucha contra el autoritarismo presidencialista y la superación del Estado confesional de los conservadores; en lo cultural al laicismo, la educación pública, la libertad de expresión; y en lo económico al "librecambismo" o "liberalismo manchesteriano" (Larraín y Vergara 1998). En el siglo XX dicha representación se identificó con el tema de la democracia, la lucha contra las dictaduras, el Estado de derecho, el intervencionismo estatal, el Estado keinesiano. Los autores más leído eran Laski, Dewey, Keynes, Aron y otros. Es necesario señalar que, a diferencia de lo sucedido en diversos países de Europa, el liberalismo latinoamericano, en la mayor parte de los países, fue una posición política elitaria que se conservadurizó. Es así que, en los sesenta y setenta, el liberalismo aparecía, en la mayoría de los países de la región, como una forma de conservadurismo político y social.
La crítica latinoamericana al neoliberalismo
11Los críticos del neoliberalismo se han mostrado más creativos que sus partidarios. Desde los ochenta hasta ahora, viene realizándose desde América Latina una significativa y diversificada crítica al neoliberalismo en dos niveles: respecto a las consecuencias sociales de la modernizaciones neoliberales de las sociedades de la región, y sobre la teoría neoliberal, y de la epistemología y teoría política de Popper -que aunque no se le podría considerar un neoliberal en todos los aspectos de su pensamiento, ha hecho aportes significativos al desarrollo de esta teoría (Vergara 1991, Schuster 1992 y Perona 1993). El primer tipo de crítica es la más difundida y conocida, en la medida en que ha sido posible, dada la escasa apertura a estos cuestionamientos, de los medios de comunicación latinoamericanos.
12Esta forma de crítica ha sido relativamente exitosa, en muchos países como Argentina, y en menor medida en Chile, en los cuales la expresión “neoliberalismo” ha adquirido un sentido negativo; pese al esfuerzo conjunto de los sectores empresariales, de los gobiernos y de gran parte de los medios de comunicación de convencer a la población respecto de las futuras consecuencias positivas de las reformas neoliberales. En varios países latinoamericanos como Argentina, Bolivia y Chile, podría decirse que gran parte de la población en grados, y distintos modos y niveles, cuestiona las modernizaciones neoliberales.
13Chile es un caso paradigmático en este sentido, pues ha tenido la modernización neoliberal más ortodoxa, coherente y radical, aplicada durante más de veinte y cinco años, y en cierto sentido, la más exitosa, medida en los indicadores macroeconómicos tradicionales: crecimiento del PGB, tasa de desempleo, crecimiento de las exportaciones, balanza de pago, etc., e incluso con los indicadores del Pnud: expectativas de vida, niveles de alfabetismo, de escolaridad, ingreso per capita y otros. Sin embargo, existe un profundo malestar en la sociedad chilena. El 65% de la población piensa que el sistema económico es injusto; que las principales instituciones políticas y económicas carecen de credibilidad, pues la mayoría piensan que "sólo persiguen sus intereses": las empresas (79,5 %), asociaciones de empresarios (59,6 %), el Congreso (74,9 %)y los partidos políticos (65,1%) (Pnud 1998: 137 y 138). El 82,9 % de la gente cree que actualmente los chilenos no viven más felices que en el pasado (Idem: 53 y Vergara 2001)
14Los sectores políticos, intelectuales, sociales y religiosos que han realizado la crítica a los efectos sociales de la modernización neoliberal han variado con el tiempo. Durante los ochenta, por ejemplo, se diría que eran muchos más los intelectuales y cientistas sociales que participaban en ella. A nivel político, el justicialismo y los partidos socialdemócratas chilenos abandonaron completamente dicho cuestionamiento cuando llegaron al poder a fines de los ochenta o comienzos de los noventa. La mayor parte del episcopado católico de la región ha dejado de objetar las consecuencias sociales de las reformas neoliberales. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo ha hecho algunos aportes significativos en Argentina y Chile. La actual posición de la Cepal es cercana al neoliberalismo y su propuesta de crecimiento productivo con equidad no parece haber tenido mayor influencia en la región. En general, podría decirse que el neoliberalismo ha cooptado la mayor parte de las elites empresariales, políticas, intelectuales y religiosas latinoamericanas.
15Dicha integración no es casual, corresponde a una estrategia exitosa que ya fuera diseñada desde los orígenes de la corriente neoliberal en 1947; y que partió por la coopción de los empresarios y los grupos económicos, de los partidos políticos, de los organismos internacionales, las iglesias cristianas, ha continuado en la búsqueda del creciente control del control de los medios de comunicación, editoriales, de las universidades, y en general de toda la producción de conocimientos y representaciones sociales (Hinkelammert 1989). En estas condiciones, parte importante de las críticas a su destructividad social provienen actualmente de los movimientos sociales, de centros como el Dei, algunos cientistas sociales críticos y de algunos partidos de izquierda.
16El segundo tipo de cuestionamiento se refiere a la teoría neoliberal en sus distintos aspectos. Esta ha tenido una limitada difusión por varias razones: por su carácter teórico que limita su accesibilidad, incluso al lector universitario; supone un conocimiento de su objeto que no es frecuente; y también por un problema práctico: estos textos críticos no ha aparecido en las editoriales que tienen distribución continental. Este cuestionamiento que empezó a realizarse en los ochenta ha tenido un carácter multidisciplinario; y en ella puede incluirse el cuestionamiento al pensamiento de Popper que, en aspectos centrales de su pensamiento, coincide o es complementario con el de Hayek. Una muestra de esta conexión es que los neoliberales latinoamericanos hacen suyo el concepto popperiano de “sociedad abierta” (Levine 1992). En esta tarea intelectual han participado economistas, sociólogos, politólogos, filósofos, teólogos y otros investigadores, de distintos países de la región: Atilio Borón, Wim Dierckxsens, Alfredo Eric Calcagno, Alfredo Fernando Calcagno, Renato Cristi, Enrique Dussel, Ana María Ezcurra, Raúl Fornet-Betancourt, Helio Gallardo, José Fernando García, Ricardo Gomez, Francisco Gomezjara, Herminia Foo, Norbert Lechner, Jorge Millas, Jorge Mera, Raúl Prebisch, Pablo Richard, Julio de Santa Ana, Felix Schuster, Elsa Tamez, Jorge Vergara y otros. Franz Hinkelammert, como ya se decía, es el principal de estos investigadores críticos.
17Puede verse en este listado provisional que los investigadores del Departamento Ecumémico de Investigaciones de Costa Rica han tenido un papel relevante, y parte importante de estos textos han aparecido en los libros y revistas de su editorial. Asimismo, Clacso en los ochenta auspició u organizó seminarios de análisis crítico del neoliberalismo y del pensamiento de Popper, y en los congresos de la Asociación Latinoamericana de Sociología se han presentado diversos trabajos de crítica al neoliberalismo (Crítica y utopía1984, Vergara 1991 y Alas 1992).
18Los referidos autores han mostrado que el neoliberalismo no es sólo una teoría económica, sino un concepción del conocimiento, del hombre, de su libertad, igualdad, de la sociedad, la historia, el derecho y otros aspectos; asimismo, que contenía supuestos teológicos (Hinkelammert 1984, Vergara 1984 y 1991). En suma, que tiene la pretensión de ser una cosmovisión que responde a las principales preguntas sobre el hombre, el sentido de la vida humana, la sociedad y sus principales subsistemas. Dichos autores cuestionaron los distintos aspectos de dicha teoría de modo radical, en el sentido de ir a la raíces, a los principios teóricos, en que se basa la discursividad neoliberal.
19Sólo excepcionalmente los autores neoliberales o cercanos a esta corriente han tratado de responder a estas críticas. Muestra de ello es que el libro El desafío neoliberal, que reúne artículos de los principales neoliberales latinoamericanos, no menciona a ninguno de los autores incluídos en el listado precedente (Levine 1992). En general, esta crítica precedió a la de autores del norte, europeos y norteamericanos, entre los que se cuenta Tony Andréani, Perry Anderson, Pierre Bourdieu, Robert Castel, Ralf Dahrendorf, John Galbraight, Crawford Macpherson, Chantal Mouffe, entre otros. Esto se explica por una diferente situación histórica: la modernización neoliberal como "ajuste estructural" se aplicó primero en América Latina, y de un modo mucho más profundo que en Europa, y fue puesta en práctica de modo temprano y radical por la dictadura de Pinochet desde mediados de los setenta.
20Ciertamente, que el diseño antecedió la práctica, y éste se encuentra no sólo en las obras de Hayek y Friedman, sino en la llamada teoría del desarrollo de la Escuela de Chicago, y en los Informes de la Trilateral, y en las obras de Brzezinsky, su principal ideólogo, a comienzos de los setenta. En esos textos se declara la obsolescencia de los Estados nacionales de los países periféricos para articular sus economías a la de los países centrales, y su sustitución por las empresas trasnacionales. Asimismo, se considera que las medidas proteccionistas obstaculizan la “interdependencia”, por ello las economías periféricas deben abrir unilateralmente sus mercados al comercio internacional, y a las empresas transnacionales (Hinkelammert 1977: 127 a 166).
21Varios de estos autores, especialmente Hinkelammert, han cuestionado con importantes argumentos las pretensiones de cientificidad del neoliberalismo. Este aspecto es de mucha importancia, pues la apelación a la cientificidad ha sido uno de los principales argumentos de legitimación de esta doctrina, incluso para invalidar cualquier crítica proveniente de otras teorías, puesto que el neoliberalismo se autodefine como la única teoría económica científica. Popper, por su parte, avaló dichas pretensiones, pues siempre puso como ejemplo de cientificidad social la teoría económica neoclásica.
22Los autores mencionados han refutado las pretensiones de validez de las diversas concepciones que constituyen la teoría neoliberal. Mancionaremos algunas de estas refutaciones. Se ha cuestionado el individualismo metodológico de Popper, que Hayek ha incorporado a sus teorías, porque no permite comprender las relaciones sociales (García 1992 y 1994). La concepción individualista posesiva del hombre como un ser egoísta, guíado por la racionalidad mercantil, cuya relación básica a la realidad es la de propiedad, ha sido cuestionada por muchos pensadores modernos, y especialmente por los anarquistas, Marx, los principales autores del liberalismo democrático y otros. Asimismo, se trata de una concepción metafísica proveniente del liberalismo clásico del siglo XVII y XVIII (Vergara 1984).
23La concepción del hombre como ser de normas y de tradiciones es de carácter conservador; y busca evitar el análisis crítico de las tradiciones, y olvida que las normas son habitualmente interiorizaciones de relaciones de poder y obstáculos a la libertad humana (Idem). La exclusión de la dimensión positiva de la libertad, en la concepción neoliberal de libertad, es pseudoaxiomática e injustificada. Hayek no consigue elabora un concepto consistente de libertad negativa y la diluye en la casuística (Millas 1983).
24La concepción de la ley de Hayek se contrapone a la de (San) Pablo, pues éste rechaza toda ley que domina y esclaviza a los seres humanos, que constituya un orden ciego que no tome en cuenta las situaciones, los lugares y los tiempos. Justamente, éste es el orden social autorregulado que propicia Hayek. Cuando la ley es "elaborada para regular las relaciones humanas para el bien de todos y todas es buena, justa y santa. Pero, en el momento en que se coloca por encima de los seres humanos y es absorvida por el pecado, se vuelve negativa" (Tamez 1997: 15 y 16). El neoliberalismo ha pretendido, como ya lo intentó el liberalismo clásico, fundar su concepción del Estado y la sociedad en una antropología. Sin embargo, no pudo evitar la circularidad, pues ha elaborado su concepción del hombre extrapolándola de las relaciones sociales existentes (Macpherson 1962 y Vergara 1984).
25El neoliberalismo se autodefine como filosofía de la libertad, pero es incompatible con la concepción actual de los derechos humanos, entendidos como derechos básicos, económico-sociales políticos y culturales. Tampoco acepta el derecho a la vida de todos, pues somete la vida humana a la lógica de reproducción de la lógica del mercado (Mera 1983). Es un error del neoliberalismo considerar la racionalidad formal como un juicio neutral que haría del mercado "un imperativo técnico", pues, como lo ha mostrado Weber, la racionalidad formal del mercado está unido a un conjunto de condiciones materiales puesto que los precios son resultados de luchas y compromisos; "el cálculo riguroso del capital está vinculado (...) a la existencia de una relación de dominación" (Lechner 1986: 241). Asimismo, el rechazo de la justicia social o distributiva se dirige a la vez contra la racionalidad material de las masas y su participación política que le permite mejorar sus condiciones de vida. El programa de Hayek de "derrocar la política" implica dejar de intentar determinar colectivamente el orden social y la administración de los medios de vida, y desorganizar todos los grupos que puedan oponerse al reordenamiento capitalista; busca atomizar el proceso económico y eliminar la reesponsabilidad social (Ibid) .
26Se ha dicho que sus principales leyes carecen de validez universal, puesto que las condiciones y estructuras de las economías periféricas impiden que se produzcan las condiciones de equilibrio pronosticadas por la teoría (Prebisch 1981 a). Los neoliberales exaltan los derechos individuales pero, en las condiciones de las economías periféricas, la aplicación de esta teoría lleva a la restricción de la libertad y la violación de dichos derechos (Prebisch 1981 b). El monetarismo propicia la acumulación puramente monetaria, la cual "es, una acumulación de "capital desempleado", que deja de ocupar el trabajo (productivo) a partir de apuestas sobre la explotación más intensa de ese trabajo en el futuro; (...) y mientras tanto hace la guerra (de clases desde arriba), mediante una progresiva concentración de la riqueza ya existente" (Dierckxsens 1997: 19).
27El concepto de democracia de Hayek es abstracto, mínimo, opuesto al del liberalismo democrático y a toda forma de socialismo; excluye su dimensión social, económica y todo proceso de democratización. La reduce a un mero método político y la somete al sistema de tradiciones, especialmente al mercado (Vergara 1984 y 1999). Popper propone un concepto de democracia que no se basa en la soberanía popular, sino en "la fe en la razón y en el humanitarismo", y que sólo puede realizarse mediante al ingeniería social fragmentaria. Asimismo, su paradoja de la tolerancia: no podemos ser tolerantes con los intolerantes, otorga al Estado la capacidad de prohibir por la fuerza asociaciones que pudiera considerarse contrarias al racionalismo crítico (García 1992). Hayek ha criticado el decisionismo de Schmitt, sin embargo, ha hecho suyas muchas de las tesis del principal teórico político del nacional-socialismo. Es así que Hayek reitera las críticas de Schmitt a la democracia parlamentaria. Asimismo, Hayek "acepta sin reservas el principio schmitiano según el cual la democracia y el liberalismo son respuestas independientes a cuestiones desconectadas lógicamente", y más aún, hace suya la concepción de Schmitt de que la "verdadera soberanía" consiste en la capacidad de decretar el estado de excepción y suspender la aplicación de cualquier parte de la constitución (Cristi 1993: 77).
28Existe una utopía neoliberal, aunque ella no sea explícita, y consiste en el proyecto de funcionalización de todas las relaciones sociales a la lógica del mercado, "la racionalidad formal como ley absoluta, eliminando todo conflicto entre postulados materiales contrapuestos, o sea aboliendo la política" (Lechner 1986: 241). Sin embargo, Hayek ha propuesto una "utopía política" neoliberal. Esta consiste en entregar en forma exclusiva la facultad legislativa a representantes elegidos sólo entre "los más exitosos" (Hayek). Esta propuesta explicita el carácter político de la teoría neoliberal. Se trata de una ideología de dominación de la mayoría por la minoría de la elite del mercado, al cual se funda en la atribución pseudoaxiomática de un "Personal Knowledge" (M. Polanyi 1966), obtenido en la experiencia práctica del mercado. Dicho saber superior sería el conocimiento intuitivo "de las normas abstractas" que rigen la vida social, las cuales los capacitaría para dictar las leyes necesarias para estimular la competencia y el mercado, de los cuales dependería el bienestar de todos (Vergara 1999).
29El neoliberalismo ha hecho un aporte relevante a las estrategias de globalización. El diseño de relaciones internacionales de Clinton, por ejemplo, fue un "programa neoliberal-conservador que propone o impulsa un modelo de sociedad, que es integral (no sólo económico) y, la vez mundial -un proyecto de homogenización planetaria. En este doble sentido conforma un macrorelato, un paradigma universal, un esfuerzo totalizador típico de la Modernidad e inédito en su alcance" (Ezcurra 1997: 19).
30Una parte importante de los estudios que hemos citado forman parte de proyectos de investigación más amplios, los cuales son contribuciones al desarrollo de las ciencias sociales en este período. Otra de las características de estos trabajos es la notable concordancia entre los distintos autores, considerando las diferencias entre los autores cristianos y los laicos, y que provienen de contextos nacionales y profesionales diversos. No se podría explicar esto por influencias, porque sólo en algunos casos hay constancias de que algunos autores conocían los trabajos de otros. Tampoco puede explicarse por la común adhesión a algun(os) paradigma(s) científico(s) social(es); justamente, porque se trata de un período en que éstos han entrado en crisis. Esta concordancia parece deberse a una razón más profunda. Estos autores críticos participan de ciertos supuestos culturales, los cuales constituyen un cierto sentido común compartido, un horizonte de sentido compartido por el pensamiento crítica latinoamericano actual... (4)
3).- Definición de otredad. La noción de otredad es habitual en la filosofía, la sociología, la antropología y otras ciencias. Se trata del reconocimiento del Otro como un individuo diferente, que no forma parte de la comunidad propia. Al reconocer la existencia de un Otro, la propia persona asume su identidad.
Definición de otredad - Qué es, Significado y Concepto
https://definicion.de › otredad
Definición de otredad - Qué es,
4).- VER COMPLETO EN
TOTALITARISMO DEL MERCADO
Libro de Franz Hinkelammert
Fecha de publicación original: 2018
CARTULARIOSMEDIEVALES.

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