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viernes, 7 de junio de 2019

PODER Y EXPLOTACIÓN

PODER Y EXPLOTACIÓN
Hace unos dos años asistí al nacimiento de tres gatos en una casita de madera preparada para tal fin. La madre a la que se podría caracterizar como salvaje y violenta me dejaba aproximar y al sentir mi presencia uno de ellos, con los ojos todavía pegados, se paraba en la entrada, se alzaba sobre sus dos patas, lanzando zarpazos al aire. La madre natura lo había preparado para defenderse o mejor dicho su instinto de defensa era alto.
Siempre me sorprendo cuando un especulador financiero dice que trabaja y también lo dicen ladrones y estafadores y la verdad que no hacen un trabajo productivo o al menos un trabajo que sirva socialmente. Igualmente, siempre me acuerdo del hotelero patagónico que me decía hace mas de veinte años: Ni los indios quieren trabajar (hacia referencia a la época no muy lejana de esa eufemística protección de la encomienda o esclavitud ilegal, pero aceptada desde el estado que se produjo luego de la llamada Conquista del Desierto, que continuo hasta bien entrado el Siglo XX, como ya explicamos) , pero todos sabemos que la mayoría de nosotros necesita trabajar de alguna manera, para lograr el sustento y la diferencia existe en relación con lo socialmente aceptado y con las leyes.
Como animales llevamos incorporado el instinto de supervivencia y como seres pensantes buscamos las formas adecuadas para lograr esos objetivos de una forma justa.
Poder designa la capacidad o la potestad para hacer algo. La palabra proviene del latín potēre, y este a su vez de posse, que significa 'ser capaz'. Como tal, puede funcionar como sustantivo o como verbo.
Significado de Poder (Qué es, Concepto y Definición ...
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Significado de Poder
DEFINICIÓN DE
EXPLOTACIÓN
Explotación es el proceso y el resultado de explotar. Este verbo, procedente del francés exploiter (que puede traducirse como “sacar provecho”), refiere a apropiarse de las ganancias o beneficios de un sector industrial o de una actividad comercial, y a abuso de las cualidades de un individuo o de un contexto.
Por ejemplo: “El millonario inglés quiere participar de la explotación minera en la provincia patagónica”, “Tendremos que optimizar los recursos para que la explotación nos resulte rentable”, “Compañeros, si no nos unimos, la explotación capitalista nunca se detendrá y estaremos condenados a vivir en la pobreza.
En el ámbito de la economía, la explotación refiere a todas aquellas actividades interrelacionadas que posibilitan obtener recursos de una cierta fuente. En este sentido, puede hablarse de explotación minera (para obtener minerales), explotación agrícola (vinculada a las plantaciones), explotación ganadera (bovina, porcina, etc.) o explotación pesquera (relacionada con las especies acuáticas).

Dentro del contexto sociopolítico, la explotación está asociada a las inequidades entre clases sociales y al reparto desigual de los ingresos. La noción refiere a la relación que establecen los sectores dominantes con las clases más débiles. En ese sentido puede hablarse de explotación laboral, que implica una serie de abusos que se cometen contra los trabajadores.
Esta relación de explotación entre empleadores y empleados representa la realidad de un sinnúmero de personas alrededor del mundo. Ni siquiera las pocas personas que aseguran disfrutar de su trabajo (sea porque han sabido esforzarse por cultivar sus vocaciones para tener un mayor control de sus vidas o, simplemente, por haber dado con un puesto laboral donde se sientan a gusto) gozan de condiciones justas. Sin embargo, la injusticia comienza un nivel más arriba, ya que sus jefes son los primeros en verse forzados a enfrentar altísimos impuestos que nada tienen que ver con la situación económica de su país, así como una serie de reglas que ponen en duda el atractivo de ser emprendedor.
Como suele suceder en otros casos, la situación es demasiado compleja como para proponer una solución instantánea. Muchos aseguran que en principio nadie debería aceptar condiciones abusivas a la hora de comenzar una relación laboral, pero llevado a la práctica, no todos pueden darse el lujo de rechazar un puesto de trabajo. Sin embargo, no es necesario llegar a ese extremo para propiciar un cambio; existen oportunidades que no causarían el mismo impacto pero que pueden ayudar a moldear poco a poco la realidad, que no exigen más que un «no» ante una petición desconsiderada o una denuncia en el momento y con las características adecuadas.
Pablo González Casanova, de la sociología del poder a la sociología de la explotación
Gilberto López y Rivas
Rebelión
Reseña del libro de Pablo González Casanova. DE LA SOCIOLOGÍA DEL PODER A LA SOCIOLOGÍA DE LA EXPLOTACIÓN. Pensar América Latina en el siglo XXI. Antología e introducción por Marcos Roitmann. CLACSO Coediciones-Siglo del Hombre Editores. Bogotá, 2009. Presentado el 3 de septiembre del 2010 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
La antología de la obra de Pablo González Casanova reunida y presentada por Marcos Roitmann bajo el titulo DE LA SOCIOLOGÍA DEL PODER A LA SOCIOLOGÍA DE LA EXPLOTACIÓN, y el subtitulo Pensar América Latina en el siglo XXI, tiene valor, actualidad y vida propias; esto es, independiente de los distintos veneros donde se origina. Constituye un instrumento indispensable para enfrentar, desde el pensamiento crítico y la coherencia ética que caracterizan a González Casanova, los retos de una ciencia social comprometida con los pueblos en la acuciante realidad que vive la humanidad y, en particular, Nuestra América, en la transnacionalización capitalista neoliberal.
El texto tiene coherencia interna e intencionalidad que refieren al excelente trabajo de Roitmann no sólo en la selección y secuencia de los capítulos integrados, sino también a su introducción, en la que va trasversalmente hilvanando los perfiles del autor en medio siglo de vida intelectual, destacando el carácter multidisciplinario de su obra y proporcionando las coordenadas históricos-sociales y políticas en las cuales descansa, para facilitar una lectura epistemológica.
Introducción
Roitmann destaca que son tres los pilares en los que descansa la obra de González Casanova: las relaciones sociales de explotación, las estructuras del colonialismo interno y la lucha por la democracia y el desarrollo, precisando la responsabilidad ético-política con su realidad y su tiempo, y con los valores y principios democráticos con los que se enfrenta al poder, inmune al desamino y al conformismo teórico.
Plantea el compilador cuatro etapas del pensamiento de González Casanova: la formativa, con una licenciatura en derecho, su maestría en Ciencias Históricas en el Colegio de México y su doctorado en la Sorbona de París, con la tesis “Introducción a la sociología del conocimiento de la América Española a través de la Historiografía francesa”, en la que se observa una primera visión de los estudios que hoy se conocen como colonialidad del saber, esto es, la extrapolación de las ideas de los centros de poder colonial en la interpretación de la identidad y la historia hispanoamericana.
La segunda etapa de 1950 y 1969 en la que se asienta su compromiso antiimperialista, el debate de la sociología empírica y el uso de métodos estadísticos aplicados a la investigación social, así como la reivindicación del conocimiento sociológico como instrumento para trasformar el orden social en busca de un mayor desarrollo político, económico y social de las grandes mayorías.
Destacan en este periodo La democracia en México (1965) y Sociología de la explotación (1969), obras que trasforman la sociología latinoamericana y mundial. En la primera se aplican todas las técnicas de investigación empírica, cualitativa, el marxismo y el estructural funcionalismo, siendo el resultado no un sincretismo teórico, sino una explicación causal de las contradicciones que aquejan al sistema político mexicano. Casanova –sostiene Roitmann— “apuesta por un socialismo en México, donde converjan la tradición humanista y ilustrada del siglo XVIII y la democracia liberal, que se defienda de las opresiones extranjeras imperialistas y fomente una democracia donde todos los ciudadanos, con independencia de su clase, color y etnia, sean participes por igual del desarrollo de la nación.” En Sociología de la explotación, nuestro autor sostiene que la explotación, fundamento del orden capitalista, es incompatible con un sistema político democrático donde se respete la soberanía de los pueblos de América Latina.
El tercer momento abarca entre 1969 y 1989, en que González Casanova reformula las categorías de explotación, colonialismo interno y desarrollo, y plantea otras, como hegemonía del pueblo y soldado trasnacional. Surge su crítica al socialismo burocrático a partir de la defensa del marxismo científico y el humanismo. Es en este periodo en que desarrolla la concepción de una democracia global y universal donde los dos problemas radican en la elección del proyecto democrático: o se opta por la falsa democracia trasnacional asociada, sin soberanía, o bien se vincula a la lucha de clases por la soberanía y la liberación.
La cuarta etapa del pensamiento de González Casanova --acorde con Roitmann-- se extiende desde 1989 hasta la actualidad, con dos puntos de inflexión: la insurrección zapatista de 1994 y la caída de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Tiene lugar, lo que González Casanova considera como una reconversión del orden mundial, la hegemonía del imperialismo, el aumento de la deuda externa y la dependencia de las políticas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, unidos a la restauración del capitalismo en los países del antiguo socialismo, que afectan los proyectos de liberación nacional en el sur. Esto provoca el nacimiento de un capitalismo totalitario y de una explotación global, que trasforma el orden mundial en un colonialismo global, cuyo efecto más relevante es la crisis de una democracia excluyente.
A partir de la insurrección del 1 de enero de 1994, el EZLN es concebido por González Casanova como la primera revolución del siglo XXI, destacando su concepto de mandar obedeciendo, la responsabilidad ética, su dignidad. Es el verdadero proyecto de democracia incluyente y universal. El otro eje de su acción intelectual y política es la revolución cubana. También, durante este periodo trabaja en la búsqueda de un nuevo paradigma desde las ciencias de la complejidad, la revolución científica y las tecnociencias. Roitmann sostiene que González Casanova ha ejercido la praxis, ha mantenido una relación ética entre pensamiento y responsabilidad política. Su praxis es una búsqueda permanente, en la que la satisfacción intelectual cede paso a un compromiso democrático en el que no caben las relaciones sociales de explotación y dominio erguidas sobre el colonialismo global. Su cuestionamiento de la sociología empírica y del marxismo reduccionista aleja su obra de dogmas acomodaticios. Al señalar la pertinencia de una sociología de la explotación como contribución especifica al estudio de la realidad social latinoamericana, González Casanova funda su propuesta teórica. Como un ejemplo de rigor que reclama para todo quehacer sociológico aplicado a su praxis teórica, Roitmann plantea el desarrollo del concepto de colonialismo interno, al cual me referiré más adelante.
La introducción a la obra reseñada culmina en destacar la vocación democrática, socialista y humanista de Pablo González Casanova, para quien la democracia se trasforma en un proyecto social de construcción del poder político, de participación social del pueblo en la toma de decisiones: una democracia de la mayoría social y nacional, contra la democracia de minorías o élites políticas neoliberales y trasnacionales. O el pueblo trabajador es soberano, o no hay democracia. La democracia participativa y representativa de América Latina, para serlo realmente deberá incluir y representar a las antiguas poblaciones de origen colonial y neocolonial como autonomía y como ciudadanía, o no será democracia.
Auto percepción Intelectual
La obra inicia con unas breves trazos autobiográficos en la que González Casanova ofrece una información relevante sobre su formación para entender las líneas rectoras de su acción y pensamiento: un padre que hereda al hijo su espíritu de rebelión, las ideas socialistas, el pluralismo ideológico, el respeto por las creencias religiosas de los demás y la opción intelectual; una madre que enseñó el orden y la disciplina, la puntualidad y el trabajo domestico como tarea también de hombres, el arte de vivir y resolver problemas concretos, el gusto por los idiomas y el fortalecimiento de la voluntad.
Los maestros y cursos que dejaron “un buen legado de aprendiz de jurista y bachiller con refuerzo importantes en la historia nacional”. El curso de español de Agustín Yáñez. La influencia decisiva de los maestros de El Colegio de México, cuya mayoría provenía de la España republicana, y que enseñaron “a trabajar para pensar, a investigar lo que no sabíamos, y a escribir de lo que estuviéramos seguros, listos a descubrir errores tras haber hecho esfuerzos por eliminarlos”
La influencia del mejor amigo de esos años, el comunista-martiano cubano Julio Le Riverend Brusone, de quien aprendió a ser tolerante con quienes no pensaban como él, incluyendo a conservadores y burgueses. Las enseñanzas ex cátedra de Alfonso Reyes sobre el rigor de las narraciones alegres sobre literatura, y la forma de mezclarlas con las anécdotas de la vida y de las travesuras.
Los aprendizajes de la vida de estudiante graduado en Francia con Fernand Braudel; los teatros, las lecturas, los museos, el arte de la conversación salpicada de humor, agudeza, y referencias a las lecturas del día. Fue en Paris donde estudio filosofía, sociología y marxismo. En el marxismo, se interesó por Gramsci, cuyas obras completas le regaló Vicente Lombardo Toledano.
“Yo creo –escribe don Pablo—que la forma libre y justa de pensar que me dejo mi padre se reforzó con la filosofía magnifica de Gramsci, y el sentido patriótico que mis maestras de la primaria, y todo el sistema escolar mexicano, se combinaron con el encuentro del comunismo –que yo conocí por Le Riverend y por un amigo tranviario llamado Suarez—y con el nacionalismo marxista leninista al estilo oficial mexicano, en que Lombardo fue un maestro”.
A su regreso a México, el disciplinado estudio de cinco años de estadística y sociología empírica –en el que es auxiliado por un compañero de esos años de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Felipe Montemayor.
En una escala más próxima a la lucha política –señala Casanova—“con La Democracia en México, inicie una exploración de la libertad, de la participación en el gobierno y el Estado, del problema de la soberanía nacional y estatal, y de la necesaria confluencia en el proyecto de quienes piensan o pensaban con filosofías empiristas o marxistas.”
De la amistad fraternal con Luis Cardoza y Aragón, que se fortaleció con su defensa de Guatemala ante el golpe de Estado, González Casanova, reconoce que le debe “un curioso método de criticar las revoluciones sin volverse contrarrevolucionario y de apoyar las revoluciones sin volverse adulón.”
Confiesa que sus hijos, encabezados por Pablo, le enseñaron a deshacerse de su estilo de pensar lombardista o populista. “Con enorme dificultad –expone-- aprendí con ellos, y con su generación, a dar a la democracia, en la que siempre había pensado, un nuevo contenido y nuevo impulso.
I.- De la Sociología del poder a la Sociología de la Explotación
El primer texto esta sección de la obra, “La sociedad Plural”, extraído de La democracia en México, inicia con una definición de marginalismo como la forma de estar al margen del desarrollo del país, el no participar en el desarrollo económico, social y cultural, el pertenecer al gran sector de los que no tienen nada. Las sociedades subdesarrolladas, además, “encierran dos o más conglomerados socio-culturales, uno superparticipante y otro supe marginal, uno dominante –llámese español, criollo o ladino—y otro dominado –llámese nativo, indio o indígena.”
Estos fenómenos se hallan esencialmente ligados entre sí y ligados a su vez con un fenómeno mucho más profundo que es el colonialismo interno, o el dominio y explotación de unos grupos culturales por otros. Casanova sostiene que el colonialismo no es un fenómeno que ocurra a escala internacional solamente, sino que se da también en el interior de una misma nación, como en el caso de México, y que subsiste bajo nuevas formas a pesar de tantos años de revolución, reformas, industrialización y desarrollo.
Haciendo uso del censo, nuestro autor mide el marginalismo a partir de diversos indicadores como el analfabetismo, características de la alimentación y el calzado, por entidades federativas, etcétera, extrayendo de toda esta información conclusiones de las que destaca el marginalismo y la sociedad plural. La sociedad dual o plural está formada por el México ladino y el México indígena; la población supermarginal es la indígena, que tiene casi todos los atributos de una sociedad colonial.
Las formas del colonialismo interno son las siguientes:
1.- Monopolio de un “centro rector” sobre el comercio y el crédito indígena, con relaciones de intercambio desfavorables a las comunidades indígenas, que se traducen en una descapitalización permanente de éstas a los más bajos niveles, así como el monocultivo, la deformación y dependencia de la economía indígena.
2.- Explotación conjunta y combinada de la población indígena por las distintas clases sociales de la población ladina, mezcla de feudalismo, capitalismo, esclavismo, trabajo asalariado y forzado, aparcería y peonaje, servicios gratuitos; se dan salarios diferenciales, explotación conjunta de los artesanos, discriminaciones sociales, lingüísticas, por las prendas de vestir, jurídicas, sindicales, etcétera.
3.- Diferencias culturales y niveles de vida, economía de subsistencia predominante, tierras de acentuada pobreza agrícola o impropias para la agricultura, alta mortalidad general e infantil, analfabetismo, raquitismo, manipulación política.
Este marginalismo social y cultural tiene relaciones obvias con el marginalismo político, el cual es medido por dos indicadores: la información y la votación.
En este capítulo, González Casanova llega a una conclusión critica sobre la antropología mexicana muy coincidente a la de los estudiantes de mi generación en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de los años sesenta: “Desgraciadamente, hasta hoy la antropología mexicana que por muchos conceptos nos ha permitido conocer la realidad de nuestro país y que ha tenido un sentido humanista del problema indígena, nunca tuvo un sentido anticolonialista, ni en las épocas más revolucionarias del país. Influida por la metodología de una ciencia que precisamente surgió de los países metropolitanos para el estudio y el control de los habitantes de sus colonias, no pudo proponerse como tema central el estudio del problema indígena como un problema colonial y como un problema inminentemente político.”
En el segundo capítulo de la obra, “El colonialismo interno”, extraído del libro Sociología de la explotación, se va profundizar en esta importante categoría para interpretar la problemática étnico nacional, iniciando con la idea de que las fronteras políticas han influido directa o indirectamente en la formulación y el uso de las categorías sociológicas, acotando que el objeto del trabajo es precisar el carácter relativamente intercambiable de la noción de colonialismo y de estructura colonial, haciendo hincapié en el colonialismo como un fenómeno interno.
Así, la noción de colonialismo interno sólo ha podido surgir a raíz del gran movimiento de independencia de las antiguas colonias. Con la desaparición directa del dominio de los nativos por el extranjero aparece la noción del dominio y explotación de los nativos por los nativos. No obstante, nuestro autor aclara: “Si el hecho de que los grupos y clases dominantes de las nuevas naciones juegan papeles o “roles” similares a los que desempeñan los antiguos colonialistas es censurable o deplorable, o digno de registrarse en el estudio de estas naciones, no es primordialmente los que nos interesa, sino la capacidad explicativa de un colonialismo interno, su potencial de explicación sociológica del subdesarrollo, y de explicación practica de los problemas de las sociedades subdesarrolladas”.
El racismo es un aspecto fundamental de la relación colonial que se destaca: “El racismo y la segregación racial son esenciales a la explotación colonial de unos pueblos por otros, e influyen en toda la configuración del desarrollo y la cultura colonial: son freno a los procesos de aculturación, al intercambio y traspaso de técnicas avanzadas a la población dominada, a la movilidad ocupacional de los trabajadores indígenas que tienden a mantenerse en los trabajos no calificados, a la movilidad política y administrativa de los indígenas.”
Después de analizar las características típicas del colonialismo, González Casanova se pregunta: “¿Hasta qué punto esta categoría –el colonialismo interno—es realmente distinta a otras que emplean las ciencias sociales?... ¿Qué valor explicativo puede tener en un análisis sociológico del desarrollo?:
El colonialismo interno corresponde a una estructura de relaciones sociales de dominio y explotación entre grupos culturales heterogéneos, distintos, y con diferencias de civilización. La estructura colonial y el colonialismo interno se distinguen de la estructura de clases, porque no son sólo una relación de dominio y explotación de los trabajadores por los propietarios de los bienes de producción y sus colaboradores, sino una relación de dominio y explotación de una población (con sus distintas clases, propietarios, trabajadores) por otra población que también tiene distintas clases (propietarios y trabajadores).
En el tercer trabajo compilado, “La explotación Global”, nuestro autor señala que son muchos los que hablan de la desigualdad, pero pocos sobre la explotación. “Se encuentra entre los tabúes internalizados por las comunidades de científicos sociales. Definir la explotación implica, en primer término, reconocer su existencia. En segundo término, reconocer su orden de magnitud. El que éste adquiere hoy características globales nos obliga a precisar que entendemos por global, identificándolo con el proceso de mundialización (Samir Amin) o con la evolución más reciente de la “economía-mundo capitalista” (Inmmanuel Wallerstein), junto con el creciente predominio de organizaciones que se articulan en estructuraciones de carácter mundial o global y que afectan la vida del conjunto de la especie humana y de la naturaleza (Elmar Altvater)
Analizar el problema de la explotación de unos hombres por otros a escala global tiene hoy un significado nuevo: no sólo permitirá platear y eventualmente resolver el problema de los explotados, sino el de los seres humanos. De los “pobres” y “extremadamente pobres”, excluidos y desposeídos, surge hasta nuestro días una enorme población que se ofrece a trabajar como sea y en lo que sea, en condiciones optimas para sus empleadores: se trata de los explotados de la tierra que oscilan entre ser explotados y ser incluidos, aunque generalmente sólo se hable de ellos como “pobres” y “extremadamente pobres”, en un ocultamiento institucional y “humanitario” de la explotación universal, la cual es un mal comprobable y verificable y comprobado por muchos autores. La políticas neoliberales han contribuido a aumentar las trasferencias de excedentes de la periferia al centro del mundo en un orden de magnitud que es superior al de la etapa anterior del capitalismo conocida como el imperialismo monopólico, ya de por sí considerable en el tristemente famoso saqueo del Tercer Mundo. El neoliberalismo ha hecho pagar el costo de la crisis a los países de la periferia, a las fuerzas autónomas, empresariales y estatales que habían iniciado procesos de formación de capital público y social, y, sobre todo, a los trabajadores, pueblos y etnias de la periferia mundial.
Por su parte, los nuevos movimientos de la lucha contra la explotación dan hoy prioridad a la construcción de mediaciones en que se vuelva realidad el ideal de una “democracia para todos” (Subcomandante Marcos) y se eliminen las distribuciones basada en la economía de la cooptación y en los donativos, o en concesiones no acordadas o no consensadas por las mayorías. Así, la lucha contra la explotación sigue siendo una lucha de los trabajadores, pero de los trabajadores unidos a los pueblos, o metidos en ellos como “movimientos sociales”...
Revista Fuentes Humanísticas UAM-Azcapotzalco
De la sociología del poder a la sociología de la explotación. Pensar América Latina en el siglo XXI
Pablo González Casanova

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